Amuletos: para alejarte de lo malo o atraer lo bueno

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    Antiguamente el hombre, por ignorancia, tuvo que ser supersticioso por lo que no es de extrañar que ante su incapacidad de entender los fenómenos que acontecían a su alrededor buscara la manera de protegerse de aquello para lo que no tenía explicación y que le era desconocido o que consideraba negativo.

    Una de las formas más antiguas de “luchar” en contra de aquello que consideraba “maligno” era poniendo toda su fe en un elemento como es el caso de los de los amuletos como elemento de protección. Este tipo de objeto no es cosa de ahora, ya que existen vestigios de amuletos desde la prehistoria, los cuales bien podían ser una piedra, un trozo de madera o cualquier otro artículo proveniente de la madera, pero con algún detalle que la resaltara de las demás.

    En la actualidad, estos aún sigue siento parte de la creencia de una gran mayoría, quienes se aferran a él ante cualquier vicisitud o algún deseo en particular.

    ¿Tiene un factor cultural?

    Según explica el sociólogo, escritor y catedrático Carlos Andújar, el valor cultural del amuleto es la protección ante las energías negativas que podrían afectar al individuo. “El amuleto se considera un aura protectora y de aislamiento del mal. Es común a muchas culturas y posee distintas maneras de representación”, dice el profesor, quien explica que se utilizan como protección, rechazo y devolución de maleficios, hechizos y negatividades que podrían venir de alguien o del ambiente mismo.

    De manera particular, la República Dominicana es un país donde la gente tiene la necesidad de creer en “algo” y endosárselo a un “poder superior”. Por lo que es de suponer que existe una gran variedad de amuletos.

    “En el país está el azabache, los ensalmos, amuletos colgantes, guillos, pañuelos con despojos y otras prendas de vestir, además de otras consideraciones y objetos que si bien no son tipo azabache tradicional, funcionan con el mismo principio como tener siempre en la cartera un papel moneda de un peso, que según la tradición nunca te faltaría dinero en la cartera”, detalla.

    Otra forma poco usual, según Andújar, pero existente, es ponerse la ropa íntima al revés. Además de las tijeras en cruz, la escoba hacia arriba y los tres granos de sal para espantar las brujas que chupan niños, entre otras formas y maneras de representación del azabache u objeto protector. El pan de agua en el interior de los marcos de puertas de sala, rural y urbanos. Una herradura, una raíz de sábila, una cruz a la entrada del hogar en su jardín interior, entre otras formas de protección. Y el más espectacular, pero poco conocido en su dimensión protectora ritual: el espantapájaros, ya abordado en un libro del fotógrafo y artista Polibio Díaz, protector de las cosechas contra de los maleficios y la envidia.

    “Todos esto, son parte de los componentes que lleva consigo el creyente y no los deja porque puede fracasar en caso que no los tenga encima. Hay algunos que forman parte de manera inmaterial, como los despojos, que no se ven materialmente, pero su energía ya es parte de ese cuerpo o los ensalmos, que se hacen mediante un proceso ritual de oraciones y que quedan como campo energético protector de la persona, se lleva consigo, pero es parte de su aura protectora, no visible”, expone Andújar, quien dice que luego están los perceptibles como el azabache y los más personales como la ropa interior o prendas de vestir, como los pañuelos.

    Aunque no se han hecho estudios medibles sobre qué tan arraigado están el uso de amuletos entre los criollos, el sociólogo explica que esto queda en el campo de lo especulativo. Sin embargo, resalta que dependiendo el arraigo familiar con la tradición, formaría parte de su cotidianidad.

    También aclara que este tipo de creencias no necesariamente tienen que ver con los factores sociales, aunque lo social condicione las creencias y sus prácticas que no es lo mismo. Obviamente, que en las zonas rurales estas prácticas y creencias se hacen más evidentes y presentes y podría decirse que son su escenario por excelencia. No obstante, también en las zonas urbanas pobres y marginales que son resultantes de procesos migratorios, estas prácticas siguen. Pero mis ojos han visto en hogares de clase media, objetos protectores en su interior.

    ¿Cómo es visto en la sociedad?

    El uso de amuletos, según Andújar, es una creencia acompañada de prácticas, no se suele comentar negativamente en los espacios donde se hace presente. Forma parte de las creencias del dominicano y no se cuestiona. Sí hay quienes ponen en dudas su efectividad, pero en antropología, no se trata de lo efectiva de una manifestación cultural, sino más bien de su funcionalidad en la vida y desenvolvimiento de un grupo social. “Por tanto, para quienes creen y practican, estas acciones encierran un poder de protección efectivo en sus vidas, y a veces se transmite de generación en generación y entre grupos familiares que se hacen eco de la tradición”, agrega Andújar, quien dice que en el país estos son muy comunes en las zonas rurales, en los asientos afrodominicanos y zonas urbanas marginales. Pero, que ante sus ojos, ha visto en hogares de clase media.

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