Colonia, la ciudad más alegre y multicultural de Alemania

    Ni la lluvia pertinaz ni las bajas temperaturas impiden al visitante de la ciudad de Colonia, en Alemania, adentrarse en sus múltiples monumentos cargados de una antiquísima y rica historia, recorriéndola a lo largo y a lo ancho a la vez de deleitarnos de su panorámica dominada por su Catedral, que se ubica al centro de la ciudad y el famoso río Rhin, considerado uno de los más importantes ríos navegables de Europa, a cuya orilla se asienta la ciudad. Con casi un millón de habitantes, Colonia está entre las ciudades más antiguas de Alemania. Aquí nació Agripina, emperadora romana y madre de Nerón. A ella debe su elevación al rango de ciudad romana (50 d.C.). En aquellos tiempos se rodeó Colonia de una fuerte muralla, la mayor de la antigüedad al norte de los Alpes.

    Es, además, la cuarta ciudad más grande de Alemania. Fundada en el año 38, a.C., tiene un acervo cultural muy rico que va desde su antiquísima catedral a su museo de chocolate, donde se puede apreciar toda la gama dulce de la producción del cacao y de la fabricación del chocolate. Incluso hasta degustarlo.

    Entre su interesante oferta, destacamos el Museo Romano-Germánico, que ofrece, en primer lugar, monumentos antiguos de piedra, entre estos el busto de Marco Agripa, fundador de la ciudad, y de su fundadora Agripina. Además mosaicos con representaciones de escenas de la vida cotidiana romana. Sobresale, además, el de Dionisio, cuyas viñetas muestran escenas y figuras en relación con el culto de Dionisio, dios del vino.

    También, su famosa Ópera, construida por Wilhelm Riphahn en 1957, a la que acuden con frecuencia los coloneses a disfrutar del teatro que allí se alza; y es precisamente la cantidad de pequeños teatros, en manos privadas, lo que le han otorgado a Colonia el nombre de la ciudad de teatros. En el Museo Municipal de Colonia se encuentra la cultura burguesa de la Ciudad Imperial Libre, todos los capítulos de la historia colonense vienen detalladamente descritos, sobre la lucha de los ciudadanos con el arzobispo y al crecimiento de la ciudad durante muchos siglos.

    Las iglesias medievales siguen siendo los signos de la “Colonia Santa”, que se autodenominó la “Roma del Norte”, albergando hasta 1424 la comunidad judía más antigua de Alemania, lo que le hizo ascender a un “Jerusalén del Norte”.
    La “Colonia Santa” todavía vive, y se la puede sentir de cerca en sus doce iglesias románicas.

    Los extraordinarios poderes de los arzobispos de entonces se han manifestado en su Catedral, uno de sus principales atractivos hoy día, la que es visitada por miles de turistas alrededor del mundo durante todo el año. Impensable resulta ir a Colonia sin visitar su Catedral.

    Se califican de sensacionales los hallazgos hechos en las excavaciones de varios años que formaron parte del proceso de construcción de su Catedral, considerada Patrimonio de la Humanidad.

    A raíz del descubrimiento de América y de la Guerra de los Treinta Años empezó la caída económica (1794-1814). Con la incorporación a Prusia se puso fin a ello (1815). El siglo bajo la corona prusiana (hasta 1918) trajo, sin duda, sus ventajas. Así se terminó la construcción de la Catedral (1842-1880).

    Se originaron nuevas industrias y el “cruce occidental del tránsito” lo que se debió, sobre todo, a la ampliación de la red ferroviaria. La ciudad se fue extendiendo muy allá de su muralla medieval.

    La plaza de la catedral limita al sur con el museo arzobispal. Bajo la cámara diócesis actual de los tesoros discurre la calle portuaria romana, diseñada más para ser vista que para pasearse, debido a lo irregular de su empedrado.

    Esta es la zona de los famosos museos: Museo Romano-Germano, Museo Ludwig, bautizado en honor a un magnánimo fabricante de Aquisgrán, Ludwig, gracias al que se engrosó la colección del Museo Moderno. Hacia el Rhin se encuentra la “Filarmónica”, por su oferta es conocida como el “templo de la cultura”, apreciado por todos, aficionados o no a la música de Colonia.

    Las campanas más viejas de la Catedral son la Pretiosa (1448) y la Speciosa (1449). Pero la campana de San Pedro es la triunfadora: fundida por Heinrich Ulrich el 5 de mayo de 1923 en Apolda cerca de Erfurt. Esta fue la sucesora de “la campana imperial” que fue refundida durante la Primera Guerra Mundial.

    En 1322 se terminó el coro y en 1560 se suspendieron definitivamente las obras por falta de dinero, quedándose la Catedral con su torre inconclusa y con la grúa en lo alto, un torso durante siglos.

    Su arquitectura externa se caracteriza por arbotantes y contra fuentes, un esqueleto estructural de paredes de múltiple perforación y de gran ascensión. Sus columnas soportan la bóveda. Revestida de torrecillas, florones, ganchos y tabernáculos. Tracería ciega y galerías dan la impresión de un tejido ligero. En 1948, con motivo del séptimo centenario de su fundación, Edwald Matare hizo las puertas de bronce del portal Sur. Ese año, una imponente procesión con los relicarios de muchos santos de Colonia recorrió entre las ruinas de la ciudad el camino entre Santa María del Lirio hasta la Catedral. Se describe como si los Santos de la ciudad volviesen a su patria. Esta fiesta supuso el inicio de la reconstrucción de la ciudad, cuyo centro había sido destrozado al 95%.

    Por su arquitectura y decoración, a los de la Edad Media la Catedral les parecía como el “Jerusalén celestial” al final del mundo. Es a la vez relicario pétreo albergando las reliquias de los Tres Reyes Magos de Oriente, llevadas desde Milán por el arzobispo milanés. Sin duda la gran obra de los orfebres de Colonia.

    Algo que acapara de inmediato la atención del visitante son sus vitrales, apreciándose en la parte superior del coro, donde brillan ventanales medievales que representan a 48 reyes del Antiguo Testamento. Ellos componen la zona de la adoración de los Reyes Magos con María y el Niño.

    Ya en la nave lateral Sur, se imponen majestuosas las “ventanas bávaras” (1848), donación del rey Ludwig I de Baviera.

    Otra obra que destaca en la Catedral de Colonia es el crucifijo del Arzobispo Gero, el más antiguo en Occidente, (alrededor del año 1000).

    Los habitantes de Colonia acuden a su Catedral a presentarle a los numerosos santos que allí “habitan” sus problemas y preocupaciones; entre estos, la Virgen de Milán, San Cristóbal, venerado como patrono de los conductores de autos ; Santa Úrsula, patrona de la ciudad de Colonia. Según la leyenda, Santa Úrsula junto con su grupo de santas y su novio Aeterius, fueron matados en la orilla derecha del Rhin por el rey de los Hunos.

    El turista tiene la opción de pasearse alrededor de la Catedral, en su plaza y sus calles copadas de tiendas y restaurantes, pastelerías y cafés. En ocasiones se fabrica la “kolsch” (una cerveza especial) de fermentación superior que junto a los riquísimos vinos del Rhin o del Mosela vienen a completar su gastronomía, la que podría resultarnos de sabor muy fuerte y cargado de salsas; no obstante, se logran degustar exquisitos y muy variados platos.

    Y mientras los turistas nos paseamos por sus lugares más emblemáticos, los coloneses cuentan con más de un barrio popular, caracterizados por un ambiente muy expresivo donde de manera muy entusiasta se suelen celebrar ferias, procesiones, carnavales. Los coloneses son asiduos a asistir a los pequeños teatros y cines con inusual programación. Acogedoras tabernas y restaurantes marcan el estilo de algunos barrios coloneses, particularmente el de su barrio estudiantil. Visitar Colonia es, sin duda, una experiencia particular.

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