Formación de los ministros

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    En 2011 la investigadora española Marta Reynal-Querol estableció, luego de estudiar más de 1,300 líderes en el mundo, que a mayor democracia, hay un 20% más de probabilidad de que los ciudadanos elijan líderes con mayor nivel educativo. Y que a mayor nivel educativo de los tomadores de decisiones de un gobierno, más alta es la calidad de sus ejecutorias.

    La autora también concluyó que los periodos en que los líderes de un país contaban con mayores estudios de postgrado, se generaba más crecimiento económico, y que además, estos eran menos influenciables por parte de lobbistas.

    Como parte de la investigación “Formación en Asuntos Públicos y Liderazgo Político: un caso de estudio de la República Dominicana”, este artículo presenta los datos sobre los perfiles de 21 ministros dominicanos, quienes han alcanzado un mayor nivel educativo que los senadores.

    33% completó una maestría, de las que el 47% consistió en asuntos relacionados con la dirección del Estado y políticas públicas. Entre éstas destacan: Administración Pública, políticas de Educación Superior, políticas de Seguridad y Defensa, Estudios de la Democracia y política Exterior.

    Según las páginas web de los ministerios, tres de 21 ministros completaron un PhD, lo que equivale a un 14%. Estos son: Ligia Amada Melo, ministra de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid; Rosa Hernández Liriano, ministra de Trabajo, en Sociedad Democrática, Estado y Derecho por la Universidad del País Vasco; y Juan Temístocles Montás Domínguez, ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, en Ingeniería Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid. La edad promedio de los ministros es de 57 años, donde el menor tiene 36 y el mayor 79. Muy lejos de constituir un gabinete ministerial paritario, en el 50% son mujeres y el resto hombres, la representación no alcanza el 15%.

    Hay un elemento común en la trayectoria de ministros y senadores. Previo a desempeñar altas funciones públicas, la mayoría tuvo como ocupación principal los negocios privados. Otros se dedicaron a la docencia universitaria, la administración pública, los medios de comunicación, el sector no gubernamental, entre otros. Caben las interrogantes, ¿le va mejor en la política a quienes tienen cierto capital financiero? ¿Ocurren conflictos de intereses entre los negocios privados y el ejercicio de las funciones públicas? ¿Hasta qué punto algunos aprovecharán el cargo para favorecer sus negocios privados o emprender nuevos? La próxima entrega abordará la oferta formativa en Asuntos Públicos en el país. l

    El autor estudió Comunicación Social y Ciencias Políticas. Se especializa en Asuntos Públicos en París, Francia.

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