Los “ninis” son la consecuencia de un sistema excluyente

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    Caminando entre callejones y casuchas, elCaribe llegó a una humilde casa de Cristo Rey, debajo del puente de la avenida Los Reyes Católicos. Yésica Hernández, de 26 años, aguarda en la puerta. Hasta hace unos meses podía considerarse como una de los 500 mil jóvenes que no trabajan ni estudian, conocidos también como “ninis”.

    A sus 15 años, cuando cursaba el quinto de primaria, quedó embarazada. “Me llevaba al niño a la escuela”, recuerda. Fue así como pudo terminar el ciclo básico de educación. Pero no siguió adelante, y de trabajo poco puede hablar.

    “Estuve buscando empleo como cajera de súper mercado, en una banca, en escuelas, como conserje. La respuesta que me daban siempre era la misma: que terminara los estudios y que me iban a llamar. Nunca me llamaban”, cuenta. El futuro de Yésica parece desolador. Hace menos de cuatro meses que retomó el primero de bachillerato. Su esposo trabaja como “maca hierro”, el término popularizado para quienes se dedican a la venta del mineral. Y ambos han procreado un niño y una niña de 11 y 6 años, respectivamente.

    En República Dominicana hay alrededor de 500 mil jóvenes que no estudian ni trabajan, de acuerdo con cifras del Banco Central. El Ministerio de Trabajo dice que se trata del 30% de la población joven dominicana, fruto de la marginalidad y la exclusión social. “Es una población que se ha desarrollado en un ambiente de pobreza, que no ve oportunidades en el estudio y que no tiene oportunidades tampoco de trabajar”, comenta el economista Miguel Ceara Hatton. A juicio del profesional, estos jóvenes son consecuencias de un sistema que está incapacitado para darles solución. “Esta es una economía que se ha caracterizado siempre por crear mucha marginalidad y exclusión… Tú puedes ser pobre y estar incluido a través de políticas, pero cuando no hay una lógica de política de inclusión, cuando el sistema funciona generando desigualdad, tú tienes una población marginada”, apunta Ceara.

    Los “ninis” están en una edad entre los 18 y 29 años y, por lo general, el número de mujeres suele ser mayor que los hombres, porque se embarazan en su etapa de adolescencia, explica el encargado de capacitación laboral de la Dirección General de Empleo, Douglas Hasbún.

    Desde su punto de vista, estos jóvenes dejan sus estudios principalmente por razones económicas, y no logran conseguir trabajo porque o no están capacitados, dejaron de buscar trabajo o porque no saben dónde hacerlo.

    El caso de Yésica parece ser una mezcla. Durante varios años y por cuenta propia solicitó empleo, pero desistió. “Llevaba mi certificado de octavo y de algunos cursos, no muchos... Hice uno de computadora, de velones aromáticos y me agarraba de ahí, pero nunca conseguí nada… Yo me paré porque imagínate. Hace mucho que solté eso”.

    Esta situación no es particular de los dominicanos. Los jóvenes que no estudian ni trabajan en Latinoamérica ascendían para el 2012 a los casi 20 millones, según la OIT. De este grupo, el porcentaje de las mujeres duplicaba al de los hombres, según el informe regional “Trabajo decente e igualdad de género”, elaborado por entidades de la ONU en el 2013. Y esta tendencia no limita solo a estados de la región, teniendo a España como el estado líder en Europa con más jóvenes sin oficio.

    En el país, 67% de los empleados que cotizan en la seguridad social gana menos de RD$15 mil al mes y el 46% de los trabajadores formales devenga un salario inferior a los RD$10 mil, según un informe de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) que analiza este año. Otros datos manejados por la Acción Empresarial por la Educación (Educa), señalan que los jóvenes que terminan el bachillerato solo tienen un 10% más de ingresos que quienes se quedaron en básica.

    El economista explica que, con un cuadro como este, una simple política de formación no es suficiente para sacar a los “ninis” de su situación. “Tienes que comenzar a institucionalizar este país. Al final de cuentas pensar que puedes arreglar un problemita aquí y otro problemita allá y no creer que los problemas no estén conectados es una ilusión. Tienes que buscar una solución global”, comenta.

    La impunidad, él la menciona como ejemplo. “Se supone que ante la ley somos iguales, pero el mensaje que transmites con la impunidad es que al culpable no le pasará nada… todos esos factores se van sumando para generar exclusión, marginalidad, violencia y “ninis”.

    La condición de Yésica no la limita para expresar sus justificadas quejas, preocupaciones y sueños. “Mira las condiciones en que yo vivo, la estrechez en que yo vivo (abre los brazos para mostrar su entorno). Yo quisiera vivir en un lugar más amplio. Si tuviéramos empleo los dos (ella y su esposo) fuera más fácil”, comenta sentada en una de las sillas del comedor, en un espacio que no alcanza los cuatro metros cuadrados y que también sirve como sala.

    El hijo mayor de Yésica tiene 11 años, cursa el sexto grado y la escuela donde recibe clase es solo de básica. “Quisiera apuntarlo en un colegio que hay por aquí, en Cristo Rey. Quisiera tener un trabajo para eso, para poder apuntarlo en ese colegio. Siempre pienso en eso. Ahora mismo esa sería mi preocupación”, se lamenta.

    A Yésica se le salen las lágrimas cuando habla sobre su futuro: “Yo quisiera terminar mis estudios, entrar a la universidad. Muchas cosas…” hace una pausa. “¡Ay, es que me da nostalgia!”, y las lágrimas comienzan a brotar. Toma fuerzas pero aún su voz se apaga y con un suspiro logra seguir: “A mí me gustaría estudiar radiología. Me gustaría saber, conocer el cuerpo más adentro”. Justo al terminar la entrevista llegan sus dos niños vestidos con el uniforme escolar. “Bendición mami”, dicen ambos, y entran a su hogar. En la humilde casa, un arbolito de Navidad se mantiene encendido.

    No hay políticas exclusivas para “ninis”

    El país cuenta con varios programas de empleo y capacitación juvenil. El Instituto de Formación Técnico Profesional (Infotep) se muestra como una salida a las sugerencias de expertos internacionales cuando aseguran que la educación técnica es rentable para los que no tienen motivaciones a entrar a las universidades. Además, el Ministerio de Trabajo cuenta con una serie de proyectos enfocados a emplear y promover el emprendimiento entre los jóvenes, pero hoy día no cuenta con una política de empleo exclusivo para los “ninis”. En todo caso, generar más empleo y capacitación es una salida tímida al problema, opina el economista Ceara Hatton.

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