El Caribe

Institucionalidad

Reformas políticas y voto preferencial

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El tiempo pasa y se sigue aplazando el conocimiento del proyecto de Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas. Esto se constituye en una seria amenaza a la estabilidad del sistema político dominicano, debido a dos razones fundamentales. En primer lugar, a la cada vez mayor crisis de representatividad de los partidos políticos y la consecuente pérdida de legitimidad de estas organizaciones; y por otro lado, a que podríamos asistir nueva vez a unas elecciones nacionales, con las complejidades que se presentan para el  2016, con una débil regulación de la campaña electoral y con la tradicional falta de control del financiamiento político.

Se alega que a pesar de que los distintos actores políticos están convencidos de la necesidad de avanzar en las reformas políticas, posiciones encontradas sobre temas controversiales impiden su aprobación. Uno de estos temas es el voto preferencial. Este mecanismo de elección de diputados y diputadas, fue incorporado al sistema electoral dominicano  mediante la resolución 5-2001 emitida por la Junta Central Electoral (JCE) e implementada a partir de las elecciones congresuales y municipales del año 2002. El voto preferencial se aprueba como complemento del sufragio por circunscripciones contemplado en la Ley Electoral 275-97.

A partir de las elecciones del 2010, la JCE eliminó la figura del voto preferencial, lo que fue calificado como retroceso por distintos sectores del país. La aprobación o no de esta modalidad de votación, vuelve a ser centro del debate como parte de la discusión de la ley de partidos políticos. Quienes se oponen a su reintroducción, alegan que el voto preferencial fomenta la confrontación interna en los partidos, incentiva el clientelismo político y reduce las posibilidades de cumplir con la cuota femenina. Se intenta de esta manera, culpar a un mecanismo de votación de los graves males que padece el sistema político dominicano, cuyas razones habría que buscarlas en la débil legislación y la falta de institucionalidad existentes en nuestra democracia.

Por el contrario, el voto preferencial es una manera de dar una mayor capacidad a los ciudadanos y ciudadanas, de escoger al legislador de su preferencia. Volver a las listas cerradas y bloqueadas sería un gran retroceso, pues reduce el poder del voto. Sin esta figura, hubiera sido imposible que dirigentes políticos con una tradición de liderazgo en sus comunidades llegaran al Congreso Nacional, a pesar de no haber sido favorecidos por el dedo elector de la dirigencia partidaria. En fin, el voto preferencial mejora la calidad de la representación, ya que los diputados y diputadas establecen una relación más directa con sus electores.


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