El Caribe

Mujeres en la milicia

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Mujeres con poder, uniforme y armas; una combinación que, con la sola descripción, llama la atención

Un significativo porcentaje de la población total de nuestras fuerzas armadas lo conforman mujeres, tomando en consideración que anteriormente era una institución eminentemente para hombres.

Son mujeres oficiales, que se han capacitado en su mayoría dentro de la milicia.  Pero ya no solo en roles de nivel técnico, ahora son profesionales del derecho, de la medicina, de la ingeniería…Y es que el mal denominado sexo débil, no es tan débil. La mujer, con su desempeño, ha demostrado poseer una enorme capacidad de vocación de servicio, empuje, disciplina, de entrega, entereza y sacrificio.

La disciplina, la honestidad, su capacidad de trabajo, el apego a los valores morales y patrios, constituyen el motivo principal para que estas mujeres hayan orientado sus pasos dentro de nuestras fuerzas armadas, ya sea en la Armada, en el Ejército o en la Fuerza Aérea, de la República Dominicana.

Son mujeres de temple, dignas de emular, luchadoras..., que, además, han sabido lidiar con sus distintos roles: el de mujer, el de madre, el de profesional, y con su trabajo se han dado a respetar, ganándose el mérito de ascensos que les han  llevado a ocupar posiciones en instancias como las de Análisis e Inteligencia, o bien ser la asistente de un comandante general.
Esfuerzo y voluntad

La mayor del Ejército de la República Dominicana (ERD), Arquidamia de la Cruz, fue seleccionada entre 127 oficiales superiores que tiene la institución para conceder esta entrevista, que forma parte de un reportaje sobre el rol de la mujer dentro de la milicia.

Esta escogencia la recibe con humildad y gratitud hacia el ministro de Defensa Máximo W. Munoz Delgado, teniente general, ERD, y a su comandante general, mayor general José Eugenio Matos De La Cruz por darle la oportunidad “de expresarme y poder transmitir con certeza a la mujer dominicana que nuestro ingreso y rol en la milicia no solo es posible, sino que es una realidad”, dice esta mujer de 47 años, quien ingresó a los 18 a la milicia.

Proyectando mucha seguridad en cada palabra, nos dice que es la sexta de ocho hermanos, hijos de un militar ya retirado. Entre cinco varones y tres hembras, solo ella y una hermana decidieron ingresar a la milicia. Su hermana es capitán del ERD.

La formación que ha tenido de su padre militar le forjó su carácter y la llevó a decidirse por servirle a la Patria siendo militar.  Dentro de las Fuerzas Armadas se inviste de licenciada en Derecho, en la UASD, y posteriormente hace una licenciatura en Educación, mención Ciencias Sociales, en UTESA. 

No obstante ser abogada, lleva 7 años laborando en Inteligencia del ERD, un área que califica de delicada y vulnerable, porque implica mucha responsabilidad. Ella es subdirectora del departamento de Análisis, donde se le ha respetado su rol de profesional.

“Es un área  neurálgica, donde no he tenido ningún mandato de hacer o no hacer, sino lo propio del cargo. He tenido la libertad de actuar ante mis superiores como una analista”, puntualiza.

El departamento de Análisis es el departamento encargado de recopilar toda la información, descomponerla, sintetizarla y convertir esa información en una inteligencia útil para la toma de decisión del alto mando. Ella, junto a un grupo de profesionales analistas, formados dentro y fuera de la institución, tiene la responsabilidad de recomendar qué hacer en cada circunstancia o en cada una de las amenazas que se les puedan presentar al ERD.

Su rol profesional y militar lo alterna muy bien con el de esposa de un mercadólogo y dos hijos estudiantes de ingeniería. A su cónyuge lo define como su mayor soporte : “Cuando estaba de exámenes, él me llevaba a la universidad con mis hijos y esperaba afuera hasta que yo terminase”, dice satisfecha.

 Su relación de pareja no se ve afectada por su rol de militar. Ella ha sabido separar sus distintos roles, “al llegar a mi hogar soy la esposa, soy la madre”, dice.

“Somos una familia estable, mis hijos aceptan mi rol y hasta se sienten orgullosos de pertenecer a las Fuerzas Armadas. Todo funciona muy bien”, se le ilumina el rostro. Explica que dentro de las filas militares la equidad de género es una realidad, “ocupo posiciones que antes eran exclusivas de hombres, y ahora también otras hermanas de armas las han ocupado y hemos dado resultado”.

“La columna vertebral de nuestras Fuerzas Armadas es la disciplina, entre nosotros no hay sexos, sino rangos, los que sirven para recibir y emanar orden.

Eso es claro dentro de las filas”, agrega. Al preguntársele cuál ha sido su peor momento, dice que no lo cataloga como peor, sino como “misiones delicadas que el alto mando ha puesto sobre mis hombros, y a las que me he dedicado y dado lo mejor para no defraudar a mis superiores, porque le sirvo a la Patria”.

También en la Armada
La organización, la disciplina y las oportunidades de capacitación que ofrecen las Fuerzas Armadas, fueron la fuente inspiradora para que Mayra Ortiz, capitán de fragata de la Armada de la República Dominicana (ARD) ingresara a sus filas, donde el 11% de su población total es mujer, equivalente a unas dos mil mujeres aproximadamente. “De pequeña llamaban mi atención las instituciones militares, y ya graduada de médico se me presentó la oportunidad de ingresar al hospital de las Fuerzas Armadas, donde terminé mi capacitación, formándome como pediatra”, evoca la oficial.

Es la tercera de cinco hermanos. Su familia se ha integrado a su rol y la ven como lo que es, la militar de la familia. De padre abogado y madre maestra, salvo un bisabuelo español militar que llegó a rango de general, en su familia no hay militares.

Al concluir su especialidad en el hospital de las Fuerzas Armadas, con el índice académico requerido para optar, en su calidad de civil, por pertenecer a la milicia, decide ingresar y lo hace en la Armada de la República Dominicana (entonces Marina de Guerra).

¿Pero por qué en la Armada? “Porque es una institución basada en las tradiciones. Mundialmente todas las armadas se rigen por una serie de tradiciones que se van pasando generación tras generación. De hecho, los uniformes de las armadas son similares en todo el mundo”, explica Ortiz, a quien gracias a la capacitación que ofrece la ARD se le han abierto mayores oportunidades y ocupado posiciones diferentes, como encargada de la sala de emergencia de hospital, la subdirección de planes y proyectos, protocolo, y en la actualidad es la asistente del Comandante General de la ARD, primera mujer en ocupar esta posición.

“La Armada da muchas oportunidades para la capacitación y en ese sentido fui realizando cursos de diplomacia y protocolo militar, gerencia, relaciones internacionales, derecho humanitario…En 2004 me propusieron ingresar a la escuela de graduados para realizar un diplomado, convirtiéndome en la primera oficial que lo haya cursado, de Comando y Estado Mayor Naval. Otras féminas se han graduado de Estado Mayor en otras escuelas”, apunta.

Ortiz considera que cuando la mujer  trabaja entre hombres tiene mayor oportunidad de demostrar su nivel de capacidad y de trabajo, “te respetan y te admiran, dependiendo de tu labor”.

Sus responsabilidades son muchas y variadas, desde llevar la agenda y recibirle, hasta asistirle en reuniones y acompañarle en actividades fuera de la institución. Su experiencia la califica de excelente y “no la cambiaria”, ya que se siente
“muy identificada y muy satisfecha”.

Al venir de una familia de educadores, la enseñanza de sus progenitores le ha servido en la milicia: “responsabilidad, honestidad y los valores patrios fueron fomentados como el pilar de nuestra educación hogareña”.

El haber formado parte de una misión humanitaria que viajo a África del Sur, luego de un desastre natural, la define como una experiencia, aunque riesgosa, que la llena de satisfacción en lo profesional y personal. “Estuvimos un mes, de las diferentes ramas de las Fuerzas Armadas. En calidad de pediatra me tocó asistir a los niños, ha sido una experiencia gratificante”, evoca la oficial, quien tiene una hija de 25 años, médico como su madre.

“Ella ha tenido que aprender a querer la institución, de hecho es regatista y forma parte de las actividades propias de la Armada”, cuenta visiblemente orgullosa sobre su unigénita.

Su hija fue integrándose primero a sus labores como médico y luego a sus labores como militar.
No concluye sin reconocer que dentro de la Armada la mujer ha ido capacitándose e integrándose a labores de todo tipo. Ya no solo son del tipo de enfermería, ahora se forman médicos, abogados, contadores… “La Armada ha graduado ya la primera promoción de mujeres que ingresaron como alistadas, para hacer servicio en todas las áreas, como son áreas de infantes, plomeras, electricistas, radio técnicas, operadoras de barcos. Ahora estamos seleccionando al personal para ingresar un segundo grupo” subraya. Espera, en un futuro cercano, ingresar mujeres a la academia naval “que será un paso más hacia adelante para que la mujer siga ganando espacio dentro de la institución”.

Gran amor por lo que hace
Cursos, talleres, conferencias, diplomados…todo lo que implique capacitarse es fundamental para  la primer teniente de la Fuerza Aérea de la República Dominicana (FARD) Denisse Marleni Bueno Haché, la mayor de cuatro hermanos, quien con apenas 28 años ya es técnico en aviación y hace el monográfico de una licenciatura en Derecho, para luego hacer un diplomado en Derecho Aeronáutico.

Su rutina diaria inicia a las siete y treinta de la mañana, “frente al escuadrón de mantenimiento de campo, donde funjo como subcomandante. Una de mis responsabilidades es pasar lista al personal alistado que se encuentra bajo mi mando. Luego, procedemos a la línea de vuelo de nuestra institución, donde se asigna el trabajo a cada soldado”, relata. Las labores suelen culminar a las tres, salvo que se esté a la espera de cualquier fenómeno atmosférico, desfile militar o una actividad que prescinda del uso de las aeronaves.

Haber formado parte de una comitiva de rescate que viajó hacia Haití, luego del terremoto, constituye una experiencia que la marcó, “rescatar niños de entre los escombros, que pudieron ser mis hijos, eso nunca lo olvidaré. Lo mismo aquí cuando se dan inundaciones”.

“Explorar otros caminos que no sean las labores tradicionales de la mujer despertó en mí el interés de demostrar que realmente las mujeres sí podemos realizar el trabajo del hombre. De hecho, mi padre permaneció en las filas de las Fuerzas Armadas por un período de 37 años,  lo que significa un ejemplo para mí. Y hoy día, me llena de satisfacción saber que mi hija también es capaz de realizar un trabajo que en principio le resultaba  difícil de aceptar por ser solo para hombres.  Porque créame, la academia militar no es cuesta fácil, mi madre y mi abuela cuando iban los domingos a visitarme me decían: ‘no vinimos a visitarte, vinimos a buscarte’, eso siempre lo vi como un desafío”, dice Bueno Haché.

Sin embargo, narra que “cuando en aquel entonces el Presidente de la República me juramentó, es un momento que nunca olvidaré, donde suspiré y mi madre lloró, cuando le dije: ‘ahora sí me voy contigo’”.

 Se siente realizada, por haber podido demostrar que en una carrera, otrora para hombres , hoy existen mujeres que “decimos ‘sí se puede’, en mayúscula”.

 “Podemos ser tan capaces e igual de competentes que los hombres. Tenemos grandes ejemplos en profesiones donde anteriormente solo eran de hombres; tremendas abogadas, fiscales, presidentas, vicepresidentas, ministras. Un ejemplo significativo es el de la guerrera Juana de Arco, quien con tan solo 17 años comando el ejército real francés, demostrando un gran liderazgo ante sus subordinados”, enfatiza.

 En cuanto a naturaleza tal vez la mujer sea el sexo débil  pero “en cuanto a carácter no lo creo, tengo la real certeza de que hay mujeres mucho más exigentes que cualquier hombre. Gracias le doy a la Fuerza Aérea de República Dominicana por darme la oportunidad de crecer y por ser la primera institución en incorporar la libertad de género en el 1985, siendo la raso María Isabel Mercedes, hoy capitán retirada, la primera mujer en ingresar a una institución militar”.

Su ambiente de trabajo lo define como un entorno “meramente armonioso”, donde por obligación absoluta debe reinar el respeto entre superior y subalternos. “Sin embargo, es oportuno destacar que ocasionalmente pudiera existir cierto celo profesional, precisamente por mi condición de mujer. Hay muchos hombres que no les gusta ser comandados por una mujer”, acota.

¿Qué hace en esos casos? “Sencillamente les reto a que se preparen tanto o más que yo,  que vayan a la par conmigo, que no se queden atrás porque el camino que pretendo seguir va orientado a la excelencia, basándome en que la perfección es inhumana”.

 ¿ Cómo se hace respetar Denisse Marleni? “Dando el ejemplo. Es el quinto principio de don de mando, de ahí parte el cumplimiento del deber. Toda mujer traza su línea de respeto e implanta ante sus subordinados ese límite, que nunca debe ser excedido”.

Quiere escalar paulatinamente dentro de su institución de acuerdo a su nivel jerárquico y así “alcanzar la posición más alta dentro de la FARD. Considero que no es imposible porque voy por el camino correcto soy una oficial académica,  profesional y dispuesta a ir aprendiendo todo lo que sea necesario para escalar tan elevado nivel”, subraya. l


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