De sumo cuidado

Hace un tiempo, viví una experiencia con el guardián de la casa de una amiga, quien un día cualquiera, después de varios meses de servicio, manifestó una crisis de pérdida del contacto con la realidad, de forma tal que hubo que buscar refuerzos para controlarlo, e incluso en ese momento estaba portando su arma de reglamento. Esto llevó a los que vivían en el lugar a solicitar una investigación exhaustiva de la condición emocional del individuo, encontrándose que no solo había estado ingresado como paciente psiquiátrico en un hospital, sino que poco antes de tener dicho empleo había tenido un cuadro similar.

Partiendo de este ejemplo, es obvio que la institución a la cual pertenecía no realiza una depuración adecuada en cuanto a la salud mental a la hora de la selección de su personal. Hay tres poblaciones en las cuales se debe hacer una verdadera evaluación, no sólo en cuanto si ha tenido trastorno psiquiátrico, sino en el perfil psicológico del individuo a seleccionar, y son: las instituciones castrenses, empresas de seguridad privada y aquellos autorizados a portar armas de fuego de manera legal.
Los tres tienen un elemento común, y es precisamente un arma de fuego, la cual no es un juego de niños, sino un objeto de alta peligrosidad. Psicológicamente, este objeto produce en el individuo una sensación de autoridad y fuerza, la cual hay que saber manejar.

Duré unos años trabajando en el Cuerpo Médico de la Policía Nacional, como psicóloga de la misma, lo que me permitió ver cuán delicado, arriesgado y desafiante es el papel de un hombre o mujer que cada día sale a las calles con la responsabilidad de frenar y poner orden público. Estos individuos, al igual que los responsables de la seguridad privada de alguna empresa o personas, están sometidos de forma permanente a estrés psicológico, situaciones de conflicto donde la capacidad y salud mental de éstos es fundamental. Al igual que los anteriores, a la hora de calificar un civil y autorizarle el permiso para tener consigo un arma de fuego, la evaluación psicológica tiene que ser muy exhaustiva, y más ahora donde el índice de violencia es cada día mayor.