El dilema de Miguel Vargas

Nadie quisiera estar en los zapatos de Miguel Vargas, claro políticamente hablando, pues su situación no es nada agradable en su rol de presidente del PRD, aspirante a la Presidencia de la República y canciller del Gobierno del PLD. La piedrecita se le metió en el zapato en el 2011 cuando fue derrotado por Hipólito Mejía en la convención interna de su partido, según él con votos ajenos. Y esa piedra le creció, cuando ya en la recta final de la campaña presidencial en el 2012, dijo que no se subiría en una patana a hacer campaña a favor de su verdugo. Ese y otros detalles, como apoyar y negociar la modificación de la Constitución de la República para que pase la reelección de Medina, determinaron la división de su partido. El quedó apenas con un cuarto de su matrícula, de acuerdo a los resultados electorales del 2016. Recuerden que como partido, sin alianzas, el PRM obtuvo más del 25 % y el PRD apenas superó el 5% de los votos. Ahora están brotando las primeras gotas de sangre de una hemorragia interna que al parecer se vive en sus tropas. Varios de sus diputados recogen “sus motetes” y se van al PRM. Otros parecen más proclives a recibir orientaciones directas del Gobierno y el resto se mantiene como “las guineas tuertas”, esperando a descubrir por dónde viene el ruido. Tratando de evitar la implosión, Vargas anunció que su partido se prepara para ganar las elecciones del 2020, una forma de enseñar un caramelo, ante la incredulidad de sus socios que quieren más del pastel gubernamental, cuando precisamente el peledeísmo protesta porque cree que ya le han dado demasiado. ¿Puede el PRD ser opción de poder en las próximas elecciones? El cuadro parece aterrador. Si va con candidaturas propias, debe romper muchos corozos. Los votos del PRD en realidad son del PLD al que fue aliado. Su plataforma para hacer política es inexistente, pues nunca se ha visto que un aliado tan débil puede arrebatarle el poder al Partido Mayoritario que en este caso lo mantiene vivo, facilitándole el tanque de oxígeno. ¿Cómo quitar el poder a un Gobierno del que tú formas parte? Por eso Vargas Maldonado parece cantar este dilema… “ni contigo ni sin ti tienen mis males remedios, contigo porque me matas y sin ti porque me muero”.