Ecos de la ciudad extraviada (3)

Imágenes de la calle El Conde en los 40.

En ocasiones hasta los nombres de los habitantes permanecen iguales, y el acento de las voces, e incluso las facciones; pero los dioses que habitan bajo los nombres y en los lugares se han ido sin decir nada y en su sitio han anidado dioses extranjeros.

ITALO CALVINO
(Las ciudades invisibles)

La estricta memoria teutónica de Hans Wiese anda de paseo por la calle El Conde en los años 40. De su recuerdo saltan edificios y esquinas, hablillas y un rastro de andariegos en aquella trocha de más de cuatro siglos construida por frey Nicolás de Ovando.

Soplos de vivísima intrahistoria circulan entre las imágenes habladas de Hans. Acaso una suerte de viñetas (anchas, latentes, fehacientes) ligadas al tiempo en que, de la mano, anidaban aquí el candor y los rastros de una taciturna esperanza. Sus coloquiales aguafuertes de la calle condal atrapan, asimismo, los rumores, el espíritu y las emociones colectivas en la hora de aquella eternidad ya desmantelada.

A todos nos parecerá ilustrativo, estimulante, sin duda, el husmear y descubrir los pormenores de la vida en la capital 70 años atrás. Si a la tarea, en tal caso, se suman dos testigos de excepción (Manolito Baquero y Hans Wiese), seremos dueños de un indecible privilegio.

Hans camina ahora hacia el oriente, hacia el Ozama… Sigan, por favor, la ruta de este soberbio cicerone…

Caminando hacia el Este, entre Espaillat y Santomé estaba la Casa Gerardino, famoso establecimiento de efectos eléctricos del comerciante puertorriqueño Federico Gerardino, quien vivía donde está hoy ubicado el local principal del Partido de la Liberación Dominicana.

Imágenes de la calle El Conde en los 40.

Caminando El Conde siempre de Oeste a Este, encontrábamos entre Santomé y Sánchez la tienda de Cusa Pardo y al frente los Helados Sanlley, los mejores de la época en toda la capital, los cuales fabricaban en garrafas-sorbeteras, que dentro tenían hielo y sal en granos para bajar la temperatura a varios grados bajo cero y hacer así los helados. El establecimiento tenía en ese entonces unas cinco o seis mesitas con sillas vienesas muy hermosas y cómodas. Ese establecimiento y otras casas más colindantes fueron destruidas para fabricar el moderno edificio Copello.

Al frente estaba la Farmacia La Legalidad en cuya puerta, de tarde, siempre estaban los mellizos Hernández-Santana, quienes vestidos exactamente iguales confundían a cualquiera pues no se podía saber cuál era uno y cuál el otro. Años después del 40 marcharon al exilio hacia Puerto Rico, donde tuve oportunidad de saludarlos de nuevo el 20 de enero de 1955, cuando en el famoso restaurante “La Mallorquina”, en San Juan de Puerto Rico, almorzaba con don Henry William Gronau (don Jaime) y con don Carlos E. Chardón, (primer Rector de la Universidad de Río Piedras), quienes me los presentaron sin saber que desde hacía años yo los conocía.

Prosiguiendo por El Conde de esos años hacia el Este, se encontraban en la esquina Sánchez el Colmado Munné, luego llamado Colmado Elah. Su dueño, español, casó con la exquisita dama dominicana Sra. Francia Gautreaux con quien procreó bella familia. Al frente estaba la tienda de fantasías de las Supúlveda. Más hacia el Este, estaban el periódico “La Opinión” de René de Lepervanche, quien tenía un magnífico staff de redactores, en esos años donde una sola mano de hierro con su índice extendido marcaba el camino a seguir. Entre esos reporteros del periódico La Opinión, recuerdo al brillante redactor de asuntos sociales en esos difíciles años, don Fernando Amiama Tió. Igualmente recuerdo a un señor llamado Franzuá, quien nos entregaba el periódico vespertino. Era un gran entretenimiento para los jóvenes como yo ver desde la acera las grandes rotativas imprimiendo el periódico, así como ver los linotipistas fabricando en plomo los tipos y cuadrándolos en lo que serían las planas del periódico.

Después de La Opinión, y en la misma acera, estaba la Librería de don Francisco Carías y doña Nelly Dominici de Carías, progenitores de una larga familia de profesionales. En la esquina José Reyes, la familia de don Fello Esteva construyó un bellísimo edificio donde después estuvo la Lotería Nacional de don Mon Saviñón Lluberes.

Después de cruzar la José Reyes, y siguiendo siempre de Oeste a Este, estaba la Casa Palamara, tienda de los mejores tejidos de telas para caballeros. Dichos tejidos procedían de Italia, Inglaterra e Irlanda. Allí adquiríamos el tergal inglés, el dril blanco presidente y los más finos casimires. Al frente estaba la oficina de la Compañía Eléctrica de Santo Domingo, donde un señor Calero era su Jefe. Después estaba la tienda de zapatos La Gloria y en los altos vivía la familia Olalla. Luego de la Casa Palamara, en la misma acera había otra librería cuyo nombre no recuerdo, y en la esquina 19 de Marzo una famosa tienda de antigüedades de don Andrés Pérez.

Al frente de la tienda de Andrés Pérez fue construido, en los años anteriores al 30, el Edificio Cerame donde estaba la famosa Casa Cerame, hoy Flomar, donde su principal ejecutivo, Sr. Madrid, hacía galas de finura y atenciones a su numerosa clientela. Al lado de la Casa Cerame, bajando la 19 de Marzo vivían la Srta. Consuelo Nivar-Ramírez, eximia educadora, y su hermana Luisa Nivar de Simpson, y al lado de ellas las Tejera. Hacia la esquina vivían las Lebrón, frente a la hoy tienda el Siglo XX de Raulito Navarro.

Cruzando la 19 de Marzo, estaba en la esquina norte la Farmacia del Dr. Juan Cohén, donde además de los productos farmacéuticos vendían en esos años unos deliciosos pastelitos-morroquitos. Al lado estaba una casa de dos pisos, en cuyos altos tenía su consultorio el famoso otorrinolaringólogo don Emilio Rodríguez Oca, padre del muy brillante profesional de ingeniería Arístides Rodríguez Derrién. Más hacia el Este estaba el famoso establecimiento La Cafetera de don Benito Paliza. La Cafetera era el lugar obligado de reunión de intelectuales, pintores, literatos e izquierdistas. Allí se veía en esos años pretéritos a Franklin Mieses Burgos, Antonio Fernández Spencer, Pedro René Contín Aybar y muchos más. En los años subsiguientes eran consuetudinarios contertulios Víctor Villegas, Lupo Hernández Rueda, Fefé Valera Benítez, Ciriaco Landolfi y muchos otros destacados intelectuales. Al frente de La Cafetera estuvo años más tarde del 40 la famosa Joyería Prota, propiedad del muy conocido y bien reputado don Pascual Prota, y la farmacia de Lolón Guerrero.

En la otra acera, frente a la Farmacia del Dr. Juan Cohén, estaba el muy acreditado Restaurant El Ariete, muy conocido por la calidad de sus comidas y las frías cervezas que allí servían. Eran asiduos “tomadores de cerveza” los hermanos Pirín y Buchuno García. Uno de los mozos que trabajaba allí era Monchín, quien muchos años después, en las décadas del 60,70 y 80, trabajaba en la Barra Payán de la 30 de Marzo.

Al lado de El Ariete estaba la Casa Bayer, firma importadora de productos medicinales de la famosa firma alemana de Leverkusen, Alemania y de la cual era mi padre su Gerente General en la década del 30 al 40. Al lado de la Bayer, estaba la farmacia San Antonio del Lic. René Rodríguez Oca, padre el Ing. Eduardo Rodríguez Shack, de Isabel y Millín Rodríguez Shack. Al lado de la Farmacia San Antonio estaba entonces la Barbería Cibao-España Esmero. Su propietario era un señor llamado Don Pedro. Allí conocí al entonces militar del Ejército Nacional Máximo Bonetti Burgos, de importante actuación en los días de la expedición del 14 de junio del 59.