Dios, Temo y Segura

    Cuando leemos los análisis que desde hace años se publican en la prensa escrita y en las redes sociales sobre el Contrato de Compra de Energía (PPA) que se firmó el 16 de septiembre de 1998 entre la CDEEE y la Compañía de Electricidad de San Pedro de Macorís (CESPM), mejor conocida como Cogentrix, se llega a la siguiente conclusión: solo Dios estaría en condiciones de firmar un “buen” contrato de compra de energía en nuestro país.

    A Temístocles Montás lo han querido crucificar porque siendo Administrador General de la CDE, convocó el 10 de marzo de 1997 una licitación competitiva a nivel internacional para el Proyecto de San Pedro de Macorís, que perseguía seleccionar la planta de energía eléctrica de ciclo combinado óptima, dentro de un rango de 250 MW (+/- 20%), para aumentar la generación de electricidad en el país a un precio competitivo.  El 22 de diciembre de 1997, el Consorcio Cogentrix (65%)-Scotia Energy (35%) ganó la licitación y recibió la adjudicación del Proyecto.

    Radhamés Segura, por su parte, ha sido prácticamente excomulgado, pues sobre él recayó la responsabilidad de firmar, el 16 de septiembre de 1998, el vilipendiado Contrato.

    Tanto Temo como Segura habían evaluado el comportamiento de los precios del fuel-oil durante el período 1979-1996 y habían observado que los mismos habían exhibido una estabilidad asombrosa.  En diciembre de 1979, por ejemplo, el precio del fuel-oil No. 2, era de US$35.75 el barril. En diciembre de 1996,  diecisiete años más tarde, el precio era de US$28.28, 21% más bajo. 

    Temo primero y Segura después, probablemente pensaron que, dada la estabilidad impresionante de  los precios del fuel-oil No.2 durante los veinte años previos a 1997, el país podría beneficiarse mucho de un contrato de compra de energía generada por una planta de ciclo combinado como la que finalmente fue contratada el 16 de septiembre de 1998.

    El día de la firma del Contrato entre CDE, representada por Radhamés Segura, y CESPM, representada por B. Yamin Afshar, el precio del fuel-oil No.2 había cerrado en US$16.49 el barril. Segura, seguramente, pensaba que se la estaba comiendo. ¿Por qué? Porque bajo los términos hoy considerados diabólicos por los críticos de dicho Contrato, CESPM le vendería electricidad a la CDE a un precio monómico (incluye cargo por capacidad más cargo por energía) de 4.22 centavos de dólar el kWh en el 2002, alcanzando un máximo de 4.88 centavos este año (2014), para luego comenzar a reducirse hasta llegar a 2.68 centavos en el 2021. Todo lo anterior asumiendo que el precio del fuel-oil No.2 se mantuviese estable en US$16.49 el barril durante la vigencia del Contrato. Por esa razón, cuando se anunció la firma del Contrato con CESPM, la CDE recibió un respaldo cuasi-absoluto de todos los sectores económicos y de la población en general.
    Cuando la primera unidad de CESPM entró en operación el 20 de noviembre del 2001, el precio del Fuel Oil No. 2 había subido a US$21.05 el barril. Dos meses antes Osama bin Laden, no Temo ni Segura, había borrado las Torres Gemelas.

    A ese precio del fuel-oil No. 2, si las tres unidades estuviesen siendo despachadas, CDEEE estaría pagando hoy  a CESPM un precio monómico de 5.58 centavos de dólar el kWh.

    Lamentablemente, ni Temo ni Segura podían prever lo que iba a suceder más adelante con los precios del petróleo, específicamente, con los del fuel-oil No.2.

    Ni Temo ni Segura eran Dios, y por eso, los críticos de este Contrato los consideran material crucificable y excomulgable en el marco de la estrategia para solucionar nuestro problema eléctrico. Temo y Segura “no fueron capaces” de adivinar que del nivel de US$16.49 el barril que costaba el fuel-oil No.2 el 16 de septiembre de 1998, diez años más tarde llegaría a venderse en el mercado spot a US$160 el barril, diez veces más alto.

    Como era de esperar, con precios del fuel-oil No. 2  en la vecindad de US$120 el barril, CESPM no puede generar al precio monómico de 4 a 5 centavos de dólar que Temo y Segura habían previsto. ¡Crucifíquenlos, crucifíquenlos! ¡Suelten a Barrobodeluz! Si el fuel-oil No.2 cuesta hoy día 8 veces más que el día de la firma del Contrato, no se necesita un Ph.D en ingeniería eléctrica de Caltech ni otro en economía de Columbia para deducir que el precio monómico de CESPM, a los precios de hoy del fuel-oil No. 2,  es varias veces mayor al que previeron Temo y Segura.

    ¿Acaso alguien que domine las operaciones de multiplicar y dividir de la aritmética elemental  podría deducir, visto lo anterior, que el Contrato de Cogentrix es diabólico, perverso, o malvado? Sólo si se pudiese demostrar que el iraní Yamín Afshar fue el responsable de dislocar el mercado mundial del petróleo y provocar los aumentos considerables de los precios del fuel-oil No. 2.

    Vistos los efectos negativos que el aumento de los precios del petróleo ha provocado en contratos que hubiesen sido una bendición -si los precios hubiesen exhibido la estabilidad del período 1979-2002,- en un país donde los dos deportes principales son el beisbol y robarse la luz,  ahora todos hemos perdido la fe en el fuel-oil y nos hemos aferrado al credo del carbón y el gas natural. Y con razón.

    Todo parece indicar que estos combustibles son menos propensos a fluctuaciones agudas en sus precios que las observadas en el caso del petróleo y sus derivados.  Pero cuidado.  No queramos, como hicieron Temo y Segura,  jugar a Dios. No olvidemos nunca que a diferencia de Dios, los seres humanos somos incapaces de predecir el futuro. Como escribió el sabio Rey Salomón, “No te jactes del día siguiente, porque no sabes lo que un día dará a luz” (Proverbios 27:1.)

    ¿Acaso se nos olvida que el Reporte McCloskey de Carbón del 11 de julio del 2008, indicó que Colombia llegó a realizar ventas de carbón durante la semana del 30 de junio al 4 de julio del 2008 a un precio de US$232 la tonelada, 3.3 veces el precio actual? ¿Acaso se nos olvida que el 25 de febrero del 2003, el precio del gas natural Henry Hub alcanzó un nivel de US$18.48, cuatro veces el precio actual?

    Soy de los que apoya la reestructuración de la matriz de generación de electricidad para aumentar la participación del carbón y el gas natural, y disminuir la de los derivados del petróleo en el total de generación, a sabiendas de que en unos años, junto a otros, podría convertirme en material crucificable o excomulgable.  No soy, sin embargo, de los que creen que nuestro problema eléctrico se resuelve con el cambio en la matriz de generación. 

    La reestructuración de la matriz en la dirección señalada, contribuirá a reducir el costo promedio de generación, siempre y cuando el destino no nos juegue una trastada como la que han tenido que enfrentar Temo y Segura cuando apostaron al fuel-oil en 1997-1998.

    Independientemente de lo que nos depare el destino en materia de los precios del carbón, el gas natural y el fuel-oil, lo que no está sujeto a discusión ni a incertidumbre ni a trastadas del destino, es que si la energía que compramos a los generadores no la facturamos y la que facturamos a los usuarios no la cobramos en su totalidad -sea por fraude, robo, hurto, ineficiencias, o cualquier otra razón-,  el problema eléctrico dominicano ni Dios será capaz de resolverlo. l

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