Victor Mitrov, músico

    ¿Cómo fueron sus inicios en la música? Inicié a los siete años tocando el violín, en mi país (es de Bulgaria). Estuve estudiándolo por cinco años y con el perdón de los violinistas, me lo encontraba un poco aburrido. No era para mi personalidad. Sentía que me faltaba algo. Mis padres me preguntaron qué quieres ser. Dije: “Yo quiero ser músico, pero no con el violín”. Me dijeron que eligiera un instrumento y escogí la trompeta, hasta el día de hoy.

    ¿Por qué el cambio? La trompeta es un instrumento divertido. En esa época había muchos programas de big bands. Me encantaba ver a Louis Armstrong tocando, y me decía: "Es que este va a ser mi instrumento".

    ¿O sea, te gusta el jazz? Por supuesto, claro que sí. Aunque mi formación no fue para el jazz, sino para la música clásica.

    ¿Cómo llegas a RD? Es una historia interesante. A principio del año 1995, la mamá de un amigo conoció a Doña Margarita Copello de Rodríguez, la presidenta de la Fundación Sinfonía. Y ella le dijo que necesitaban una primera trompeta en la Orquesta Sinfónica Nacional, que si le recomendaba a alguien. Ella le dijo: "¡Ay sí!". El mejor amigo de mi hijo es trompetista, toca en la Filantrópica de Sofía (Sofía es una de las ciudades más hermosas de Bulgaria). Le voy a decir, y si él quiere, pues se arreglan entre ustedes. Fue una tremenda coincidencia, como dicen, cosas del destino. El 15 de septiembre del 1995 arribé al Aeropuerto de las Américas, y así comenzó mi aventura en República Dominicana.

    Además de la música, ¿qué te atrajo a este país? Para mí llegar al Caribe era algo ¡wao! Pienso que para cualquier europeo vivir en el Caribe es fantástico. Desde que llegué me recibieron con los brazos abiertos, como son todos ustedes. El clima, el tener sol todo el año, me pareció muy atractivo. Soy lo que soy gracias a ustedes, de verdad.

    Cantas, tocas, ¿pero bailas? No, realmente no (risas). 

    ¿Qué piensas de la música de calle, como el dembow? Es algo muy fuerte, como el reggaetón. Es un poco peligroso. Para contrarrestar deberían algunas organizaciones involucrar a algunos muchachos a la música clásica, como hacen en Venezuela, por ejemplo.

    ¿Quizás el acceso es caro? El que quiere estudiar música aquí lo puede hacer. Simplemente tiene que aparecer alguien que anime a esos muchachos a estudiar música. Yo estaría dispuesto a dar clases de trompeta a quien me lo pidiera.

    ¿Se puede vivir de la música clásica? Vamos a la verdad, en muchas partes del mundo y aquí, los músicos clásicos no sólo tocan en orquestas, sino que dan clases o hacen “picoteos”; siempre tienen que buscar otra fuente de ingreso. 

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