“He vivido toda mi vida de la enfermería”

Khoury Zouain nació en Santiago, donde realizó sus estudios primarios en la escuela Salvador Cucurullo y los secundarios en el Colegio Corazón de Jesús.
Doña Sofia se integró al Programa Nacional de Enfermedades  de Transmisión Sexual cuando comenzaba la epidemia en 1987

Recibir la Medalla al Mérito de la Mujer Dominicana 2019 significa para Sofía Georgina Khoury Zouain un mayor compromiso de contribuir con el desarrollo y prestigio de la enfermería dominicana, a través una mejora de los programas de formación de grado y post grado; salarios acorde a la preparación, complejidad del servicio y responsabilidad.

Con más de 45 años dedicados a la enfermería, Khoury Zouain ha contribuido con sus aportes científicos y docentes al desarrollo de la carrera en el país, en especial al tratamiento de personas con VIH y Sida. Considera que “los dominicanos merecemos recibir cuidados de enfermería profesional seguro, personalizado, libre de riesgo”.

A lo largo de su trayectoria profesional, ha trabajado en la elaboración de diferentes manuales y procedimientos en el área de la salud, tales como el “Manual de Atención de Enfermería a Personas con Infección de VIH y SIDA” en el nivel hospitalario; “Guía de Atención en el Hogar de Personas Infectadas y afectadas de VIH y SIDA” y el “Manual de Normas de Bioseguridad VIH y SIDA”. Además ha aportado en la formación de muchos egresados de grado y postgrado de diferentes instituciones, como es la Escuela Nacional de Enfermería, el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) y la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

1. Núcleo familiar
Soy la segunda de cinco hermanos: Miguel Amín, María Elizabeth, Alfonso, fallecido y Lourdes. Mi padre era el doctor Amín Edmon Khoury, fue director varias veces de los hospitales Cabral y Báez y del Estrella Ureña. Fue el primerio que armó la cooperativa de la AMD, fue nombrado Maestro de la Medicina Dominicana, le hicieron un homenaje y le pusieron su nombre a una calle en la Ciudad de los Médicos en Santiago. Él era sumamente humilde dentro de lo suyo, pero muy rabioso cuando no conseguía lo que se debía conseguir para el hospital. Fue muy recto. Mi mamá, Georgina Eleonora Zouain Díaz de Khoury, fue maravillosa, no muy comprensiva cuando no se hacía lo que quería, pero tampoco se imponía, pero sí mantuvo la disciplina entre sus cinco hijos y seis sobrinos que siempre estaban en la casa. Mamá era maestra doméstica, me enseñó a planchar desde chiquita, recuerdo una vez me quemé con la plancha, tenía ocho años, estaba planchando la ropa interior de mi padre. Ella nos fajaba, decía que habia que aprender a hacer de todo, era muy recta, daba pelas o castigos muy duros cuando desobedecíamos. Nos supo educar, tanto a mí como a mis hermanos”.

2. Promoción de enfermería
Soy de la primera promoción de enfermeras, licenciada, había una escuela en Santo Domingo que las preparaba en tres años, dependiente de Salud Pública. En esa primera promoción fuimos quince, de las cuales cuatro viven fuera del país y once nos quedamos aquí ejerciendo y destacándonos en los diferentes campos de acción. Siempre me sentí atraída por la enfermería, papá me apoyó tanto, que llegó un momento en que me hacía cuestionamientos o me pedía algunas técnicas, no sé si era que no las sabía o si era que creía que la sabía mejor que él, pero siempre me retó en ese sentido y así fue con mis hermanos”.

3. Llegada a la capital
Cuando terminé mi tesis y me entregaron el título me casé, mi papá no me iba a dejar casar si no tenía formación profesional. Me casé en Santiago, tenía 21 años. Recien casada vine a vivir a la capital en 1970, porque el que era mi esposo, Gabriel Aldebot, con quien tuve dos hijos, una hembra y un varón, trabajaba en la capital. Vivimos un tiempo en la calle Elvira de Mendoza. Mi llegada aquí fue muy brusca, pero a la vez muy interesante, desde el punto de vista personal, porque nunca había vivido en apartamento y ni mucho menos cerca del mar. Al día siguiente de graduarme, me entregaron un nombramiento como maestra de enfermería en la Escuela Nacional de Enfermeras, que estaba en la Calle Santiago, donde permanecí ocho años. Luego me nombraron en el Ministerio de Salud Publica en la Dirección de Enfermería, de ahí pasé al Servicio Nacional de Salud, me tocó reorganizar el Hospital Cabral y Báez, mi padre era director del hospital, él lo acondicionó para que tuviésemos todas las oportunidades de tener los equipos y materiales que se necesitábamos. Cómo lo hizo, no lo sé, pero fue mágico. Fue una experiencia interesantísima”.

4. Época difícil
Mi paso por el Cabral y Báez fue una época de muchas huelgas, me tocó bregar un poco con eso, se dieron cambios bruscos, comenzamos con las auxiliares y la licenciaturas de enfermería, hicimos un movimiento desde el Ministerio de Salud Pública, se jubilaron a las personas que lo ameritaban, mejoramos la formación de las enfermeras y por ende la atención de los pacientes. Los dominicanos tenemos derecho de tener un cuidado de enfermería de calidad, sacamos a las mejores y se prepararon dentro del hospital. Antes de salir de la Escuela Nacional para el Ministerio de Educación Superior, habíamos colaborado desde allí para cerrar la escuela e irnos a la UASD, eso fue en 1976. Esa decisión nos ayudó, porque pudimos ampliar el proceso, luego estuve en el Sistema de Atención Primaria de Salud, allí entrenábamos las auxiliares y supervisoras graduadas, porque las que habían nombradas no alcanzaban. Tenemos un déficit de enfermeras enorme en este país, tenemos que formar miles de ellas”.

5. Docencia
Comencé a trabajar en la UASD en 1976 por concurso, llevamos allí el plan de estudios de la Escuela Nacional de Enfermería y lo ajustamos a las normas de la universidad, fue un proceso muy interesante de estabilidad, de firmar acuerdos, de lograr áreas especializadas para los estudiantes de enfermería. Este país le debe mucho a la licenciada Milagros Maldonado, que, sin ser la directora de la escuela, aportó mucho al desarrollo de la carrera de enfermería. En ese entonces, la directora, Carmen Medrano había salido del país hacer algunas maestrías. Esos aportes y enseñanzas de Milagros también las llevamos por todo el país”.

6. Experiencia
Soy una de las primeras profesoras en impartir la Introducción de la Enfermería, que abarca la parte histórica, filosófica, metodología, entre otros aspectos, insistimos mucho en como trabajar, como actuar, pero sobre todo trabajamos la parte muy relacionada con lo histórico, porque el que olvida su historia comete los mismos errores, no queremos eso, sino seguir creciendo. También ejercí en el área de Salud Ambiental, nos encargábamos de entrenar a las enfermeras sobre el manejo de aguas potables para el uso doméstico, el manejo de la basura, de excremento... todo lo que tenía que ver con medio ambiente”.

7. ODEPLAN
Dirigí durante 10 años la Oficina de Planificación Sectorial de la Facultad de Ciencias de la Salud “ODEPLAN”, donde trabajamos con las residencias médicas, especialidades de enfermería y de investigación. Creamos una relación universidad-comunidad, el señor Dagoberto, que era decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales aportó mucho en la misma. Se instaló la primera Maestría en Salud Rural, donde combinábamos a estudiantes, aunque no fueran del área, pero que tenían la experiencia. Durante ese tiempo, también se mejoraron y trabajaron los planes de estudios de licenciatura de todas las carreras, se hicieron residencias médicas y especialidades médicas, que se dirigían y coordinaban en los hospitales, había mucho respeto y trabajo”.

8. Programa de VIH SIDA
Cuando me reintegré a Salud Pública, fue en el Programa Nacional de Enfermedades de Transmisión Sexual y SIDA, comenzada la epidemia en 1987. Para mí fue un choque, no sabía nada de la epidemia, estuve fabulosamente acompañada de personas como Elizabeth Gómez, epidemióloga; Ivelisse Garri, médico infectólogo; Clotilde Peña, bioanalista. Fue una organización muy madura, el equipo era multidisciplinario. Durante ese tiempo se adoptaron nuevas medidas para accionar con la población, por ejemplo, nunca había trabajado con homosexuales, trabajadoras sexuales, excepto si eran pacientes, se priorizó mucho con ellos, porque eran las primeras vías de transmisión de la enfermedad, fue una experiencia que me ayudó a crecer como profesional, como persona, pero también me ayudó a buscar soluciones. Agradezco a Rafael Acevedo, mi maestro de Ciencias Sociales y Salud, a mi esposo, el sociólogo Rolando Pérez Uribe y a Yolanda Martínez, por cómo nos llevaron chin a chin a comprender al ser humano. Me correspondió, también como enfermera educar a la familia para que aceptaran a sus enfermos, a darle las medidas convenientes para que no se transmitiera la enfermedad dentro de la familia, educarlos en cuanto a medida de higiene en el hogar, entre otras cosas”.

9. Manual de ciudades en el hogar
Estando en el programa sobre SIDA, hicimos un manual de cuidados en el hogar que incluyó la forma de tratar a los pacientes con diarrea, que era lo que realmente provocaba que muchos pacientes deshidratados y desnutridos murieran. Recuerdo que había un polvito que vendían para los bebitos, no recuerdo el nombre, pero cuando leí el contenido del producto, me di cuenta que llevaba almidón de plátano, zanahoria y arroz. No sé si todavía existe, pero pensé que si eso era bueno para los niños deshidratados, podía servir para esas personas. Todas esas prácticas alimenticias me llevó a crear el Manual de Atención al Paciente con VIH en el Hogar, que ayudaba a reestructurar la flora intestinal, con eso mucha gente salvó su vida. Lamentablemente no me quedé con una copia. Eso fue un gran aporte, claro acompañado de un diagnóstico clínico”.

10. Hospital Luis Eduardo Aybar
En el Aybar como subdirectora fue una experiencia muy buena, porque reviví mi experiencia en el cuidado directo de enfermería, a identificar las debilidades del personal, para mí fue un baño de salud, me actualicé en todo lo que era el cuidado directo de las salas de intensivo, de parto, que no manejaba, formalizamos la primera unidad de Subdirectoras Docente que existió. Cuando me trasladaron al hospital, su directora, Josefa Solano se puso feliz, habíamos trabajado juntas, éramos un equipo maravilloso, algunas habían sido mis alumnas, hicimos un trabajo de ordenamiento del hospital, de ahí salieron varias enfermeras preparada para tomar los postgrados fuera del país. El 98% de las enfermeras somos mujeres que tenemos que educar los hijos, acompañar a los esposos, los sueldos son bajos para una profesional que duró cinco años estudiando. La clase media y media alta no les interesa que sus hijos estudien enfermería, he vivido toda mi vida de la enfermería, es cuestión de uno enfocarse y trabajar”.

Esposa y madre de tres hijos

Cuando conocí a Rolando Pérez Uribe estaba divorciada, tenía tres empleos, él trabajaba en el Secretariado Técnico de la Presidencia, yo en el Ministerio de Salud Pública, él era director del Departamento de Programación Social, estaba haciendo un proyecto de regionalización, entonces tenía que ir a los ministerios, ahí nos conocimos. Cada vez que iba al ministerio mis compañeras me decían ahí viene tu tormento, porque era más trabajo que nos llevaba, no habíamos terminado un proyecto cuando traía otras cosas, así poco a poco nos fuimos conociendo, venía de un divorcio reciente, el amor no estaba en mis planes todavía.

En la universidad se dieron nuevos reencuentros entre nosotros, él era decano de Ciencias Sociales, nos apoyó mucho en los proyectos que teníamos. Aunque era la directora de la Escuela de Enfermería, y él era maestro allá, nunca nos vimos, porque teníamos horarios distintos. Pero fue realmente a raíz de esos proyectos que se dio entre nosotros el acercamiento. Nos casamos en 1984, tenemos una hija Claudia Emilia Pérez, pero soy madre también de José Gabriel y Mónica Aldeboot, en verdad somos padres de los tres, porque Rolando formó parte de su crianza.

Enseñanzas
Este país le debe mucho a la licenciada Milagros Maldonado, ella aportó mucho al desarrollo de la enfermería en la República Dominicana, esas enseñanzas también las llevé a muchos sitios del país.

Cargo
Dirigí la Escuela de Enfermería de la UASD, durante ocho años, fue un proceso muy interesante de estabilidad, de acuerdos, de lograr áreas especializadas para sus estudiantes de enfermería.

Práctica
Mi paso por el Cabral y Báez fue una experiencia interesantes, igualmente, fue una época de muchas huelgas y me tocó bregar un poco con esa situación”.

Orgullo
Mi padre fue fundador de la cooperativa de la AMD, fue nombrado maestro de la medicina dominicana. Una calle de Santiago lleva su nombre”.

Llamado
Merecemos recibir cuidados de enfermería profesional seguro, personalizado y libre de riesgo, con todo lo necesario para la recuperación del paciente”.

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