Pretextos del color

Dwelling on the Park (técnica mixta sobre lienzo, 2007).

En su libro De lo espiritual en el arte (1912), el pintor ruso Vassily Kandinsky (1866-1944) afirmó que una pincelada de rojo brillante producía el mismo efecto psicológico que un toque de clarín. Era Kandinsky un místico cuyo empeño, por sobre todas las cosas, apuntaba a regenerar el mundo mediante un nuevo arte de absoluta pureza. Creía él en una realidad esencial oculta tras las apariencias, cuyo contenido proveía de obvia racionalidad al arte abstracto. Con tal certidumbre expuso Kandinsky, en los años 20 del pasado siglo, algunas obras de la denominada por él música cromática. E inadvertidamente surgía así, entrelazado a sus arpegios y acordes de tintes puros, lo que ahora hemos de llamar expresionismo abstracto.

Aunque sería Paul Klee (1897-1940), un pintor suizo amigo de Kandinsky y aficionado también a la música, quien acaso con más convicción definiera las pautas creativas del artista contemporáneo. En una conferencia en la Bauhaus, Klee expresó que las nuevas experiencias pictóricas no se encaminaban a descubrir nuevos métodos de representar la realidad, sino más bien a encontrar inéditas posibilidades de jugar con las formas. La naturaleza misma –explicaba— crea a través del artista; es el mismo poder misterioso que creó las formas mágicas de los animales prehistóricos y el fantástico ámbito encantado de la fauna abisal el que se halla todavía activo en la mente del artista y desarrolla sus creaciones. Muchos artistas modernos, que comparten la confianza de Klee en la libertad creadora, consideran aberrada incluso la idea de proponer en el arte una finalidad deliberada. Entienden que la obra debe crecer conforme a sus propios reclamos, con sus exclusivas y recónditas urgencias.

Percibo en los cuadros de Rosario Rivera-Bond una condensación de recuerdos y cadencias, de nostalgias y eufonías, tal Kandinsky, que franquean un universo cromático luminoso y trémulo. Los matices puros (rojo, azul, amarillo) enuncian razones limpias y flagrantes. Hay aquí barruntos de grises y rosados discurriendo claridades de alborada. El lienzo Dwelling on the Park (Morando en el Parque) deviene en escorzo que perfora la planitud, lo nivelado del espacio. En Le Printemps (La Primavera) flota un “verdor teñido de melodiosos oros”. En estas abstracciones líricas las formas nacen y se ocultan tras una anchura destellada. Se adelgazan en la transgresión del claro/oscuro, en la danza sutil de unos acentos primordiales. Son evocaciones y nostalgias fundidas en los reflejos sonoros del ensueño.

Octavio Paz define así la operación poética esencial: “En esto ver aquello”. Digámoslo de otra forma: en lo próximo, en lo inmediato, atrapar lo remoto. Sin embargo, “Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje”, para usar las palabras del filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein. Cierto: no hay visión trascendente ni sugerencia artística legítima sin un lenguaje hábil, sólido, eficaz. En nuestro caso, la artista demuestra ser dueña de un oficio y de una mirada diestra, envolvente y persuadida. En sus recuadros están patentes la maestría en el color tanto como la imaginación poética. Son estas imágenes representaciones sonoras entreveradas, que meditan sobre el significado y la plenitud de la existencia.

Los íconos que la señora Rosario Rivera-Bond percibe y bosqueja (sus anécdotas encendidas, sus verosímiles contemplaciones), claro que sí, están iluminados por una pasión interior cuyo resplandor nos envuelve a todos. Y no creo que exista, ciertamente, un objetivo más digno para el quehacer de un artista.
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Del catálogo de la exposición “Splash”
de Rosario Rivera-Bond, en el Museo
de Arte Moderno de Santo Domingo,
República Dominicana.

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