Bitácora del encierro

Annus horribilis

Lo respalda la máxima popular: “Año bisiesto, año siniestro”. Desde que en 1582 el Papa Gregorio XIII impusiera el calendario gregoriano, el ‘mal de ojo’ no da tregua a estos almanaques de 366 días.

En añadas bisiestas mueren, casi al mismo tiempo, Cervantes y Shakespeare (1616); Francia estrena la guillotina (1792), un artilugio de muy escaso prestigio que hiciera rodar cerca de diecisiete mil cabezas hasta su proscripción en 1977; y Napoleón pierde seiscientos mil descalabrados combatientes de su Grande Armée en la invasión a Rusia (1812).

En bisiesto naufraga el Titanic (1912), secuestran y asesinan al pequeño hijo de Charles Lindbergh (1932), primer piloto que cruzó el Atlántico sin escalas, y ejecutan en la silla eléctrica al autor de este crimen abominable (1936). En otro (1936) se desata el conflicto de la Guerra Civil Española, con un saldo (entre ambos bandos) de quinientos mil muertos.

A unos 40 kilómetros de la antiquísima Cracovia, en Polonia, el ejército de Hitler construye el centro de exterminio de Auschwitz (1940), un vestíbulo del infierno adonde desaparecen más de un millón de judíos. En 1948 asesinan a Mahatma Gandhi, en 1968 a Martin Luther King y en 1980 a John Lennon. Todo en años bisiestos.

Recuerdo ahora la máxima de un viejo amigo: “Los años bisiestos siempre se van con peste”. Como todo bisiesto que se respete, el 2020 viene haciendo de las suyas…

Annus horribilis..!
The economy, stupid…
(Una expresión de Bill Clinton)

Aquel correo electrónico me sorprendió. Walter Villalobos, un amigo de esta página (aunque desconocido para mí) firmaba el mensaje. Así las cosas, prefiero citar textualmente el punto de vista de tan amable seguidor. Sin nada que agregar.

“Apreciado señor Delgado Malagón: Soy venezolano y hace tres años y medio que vivo en Santo Domingo. Poseo una licenciatura en Economía y ahora finalizo una maestría en Evaluación de Proyectos. Desde mi perspectiva académica, ignoro las razones por las cuales nadie ha valorado este combate al Covid-19 mediante un modelo de Costo/Beneficio.

La lógica del argumento C/B es muy clara y eficaz. Uno incurre en determinados costos y gastos que, como resultado, originan flujos de ingresos destinados a compensar la inversión y, eventualmente, a generar algún beneficio. El propósito es delimitar, a fin de cuentas, si el beneficio anticipado (B) supera los costos previstos (C). Cuando la relación C/B es mayor de uno (1.0), difícilmente la iniciativa dispondrá de patrocinadores sensatos.

Existen métodos especiales para evaluar proyectos del sector social, en los que siempre será necesario expresar el beneficio a la sociedad mediante cifras monetarias equivalentes. Mecanismos como los precios sociales (o precios ‘sombra’), entre otros, se emplean para ajustar y cuantificar beneficios y costos; dos factores, muchas veces sin un valor real de mercado, aunque necesariamente traducibles a términos financieros.

Este concepto, según recoge la prensa internacional, parece haber guiado a los astutos gobernantes de Suecia en la vigente y olímpica lucha pandémica, sin límite de tiempo ni de caídas.

Veamos el caso dominicano. Las principales actividades económicas del país están prácticamente suspendidas desde dos meses atrás: turismo, construcción, industria, comercio, servicios… El impacto de este letargo ha de haber causado, sin ninguna duda, un vasto e insondable agujero negro en la previsión económica del 2020.

Hágase, entonces, la pregunta: ¿A dónde fue a parar este enorme fajo de riqueza posible, no realizada? Sin más, deshecho en humo y en la congoja de un aislamiento infecundo. Aquel dinero potencial se evaporó como quimera de mercancías no fabricadas ni vendidas, de alimentos que nadie transportó ni consumió, de servicios no ordenados ni efectuados, de salarios no cobrados… de impuestos y tasas que tampoco alcanzó a percibir la administración pública.

Volvamos al análisis de Costo/Beneficio. De un lado, todos aquí conocen (y soportan) las complejas ramificaciones de beneficios cesantes (suspendidos) y costos reales destinados a la Cruzada contra el Covid-19. Por otra parte, una intensa duda: ¿podrá alguien, con serenidad ajena a toda sensiblería, medir y contrastar los beneficios de esta Guerra Santa, sin moros ni cristianos, respecto al costo (directo e indirecto, presente y futuro) de algo que parecería una inmolación socioeconómica?
El Primer Mundo (excepto Suecia), casi aniquilado de espanto, detuvo sencillamente la marcha. Obedientes, apacibles, aquí se ha seguido el ejemplo. ¿Hasta cuándo?

De usted, cordialmente, Lic. Walter Villalobos”

Cantar en los tiempos oscuros

Las horas del encierro me han devuelto a Jessye Norman. Una enorme mujer, “una soprano gigantesca de metal aterciopelado”. Como la Callas y Lilli Lehman, su tesitura le permitía cantar las partes de soprano y mezzo en el Réquiem de Verdi.

En la interpretación de Liebestod (Muerte de amor) de Tristán e Isolda, dirigida por Von Karajan con la Filarmónica de Viena, su voz se impregna de una gravedad oscura al dramatizar aquel advenimiento wagneriano; uno de los puntos más altos, así lo creo, de la inteligencia musical en todos los tiempos.

La gran Jessye Norman falleció, a los 74 años, el 30 de septiembre del pasado año. Como un esparcimiento en el cautiverio, los acerco a un puñado de canciones que manifiestan el dominio técnico, la textura y los colores de la voz, la musicalidad y la perfecta dicción de una artista insuperable.
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• Liebestod, R. Wagner (con la Filarmónica de Viena dirigida por Von Karajan)

• Liebestod, R. Wagner (con la Filarmónica de New York dirigida por Zubin Mehta)

• Liebestod, R. Wagner (con orquesta y director no identificados)

• Sansón y Dalila, C. Saint Saëns (con orquesta y
director no identificados)
https://www.youtube.com/watch?v=WP3-xk9aaik
AveMaria, F. Schubert (con pianista no identificada)

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