Tomás Moro. Un político honesto (2)

AFIRMACIÓN ILUMINADORA CLAVE

“El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral” (Tomás Moro)

INTRODUCCIÓN

En el marco de las Tertulias promovidas por el GRUPO TOMÁS MORO, cada tres meses, el martes último del mes que corresponde, el Lic. José Gómez Cerda, presidente de la Asociación Dominicana de Periodistas y Escritores (ADPE), fue el expositor de una interesante conferencia, precisamente sobre el hombre y político, que da nombre a este Grupo.

Dicho Grupo, del cual soy asesor, tiene como objetivo la formación y acompañamiento de hombres y mujeres, laicos católicos, que laboran en la vida pública, sin importar su filiación política. Hay en él, pues, políticos de todos los partidos y no partidistas también.

Encontré que dicha Conferencia, dictada el 30 de mayo 2017 en la Casa San Pablo, Santo Domingo, reflejaba muy bien la vida y pensamiento de este político inglés, patrono de los laicos políticos y de nuestro Grupo.

Por eso he creído conveniente reproducirla aquí, en esta página semanal. Ya ha sido publicada en otros medios, digitales y no, incluso fuera del país. Espero que ustedes lleguen a la misma conclusión a la que yo llegue. Hela aquí la segunda entrega de cuatro:

V
TRES TEMAS RELEVANTES
“Destacamos tres temas de esa obra que consideramos especialmente relevantes:

1. La supresión del dinero,
2. Eliminación de la propiedad privada;
3. La dignidad y relevancia humana; El trabajo humano;
Clave del libro, es la visión comprensiva que Moro posee de los acontecimientos que describe y analiza.

Para que todo vaya bien en la sociedad habría que acabar con la propiedad privada. El dinero es el causante de casi todos los males que acaecen en una sociedad…

¿Es el dinero la raíz última de los males?

¿Es el dinero uno de los eslabones en el determinismo mecanicista de la historia? O, puesto de manera más positiva, ¿la eliminación del dinero en Utopía, y con ello la posibilidad de acumular bienes privados, es razón del bienestar de los utopienses?

¡No, no es ésa la razón!, sino otra bien distinta.
Si los negocios humanos funcionan bien en Utopía, si la gente trabaja y cede voluntariamente el producto de su trabajo, si no existe codicia por acumular bienes ni intención de alzarse con el poder… es porque los valores espirituales priman sobre los materiales.

No es porque no exista el dinero, o la propiedad privada. Es el amor al prójimo y la esperanza de una vida futura premiada por Dios, lo que les mueve a trabajar y servir a sus conciudadanos.

Más allá de la desaparición de la propiedad privada o del dinero, la lección que quiere dar Moro es ésta: “que la ambición, el orgullo y los vicios sensuales han rebajado de tal forma la conducta cristiana de los pueblos. Que es vergonzoso contemplar cómo los utopienses, que no han recibido la Revelación, se mantienen a un nivel superior al de los reinos que se llaman cristianos.

Quien hace del dinero, o de la posesión de bienes, la fuente de los vicios, está en realidad transfiriendo las funciones económicas de estos medios a la esfera ética, midiendo los males por las riquezas y haciendo al dinero patrón de la esfera moral.

¿Puede un político ser honesto, si se dedica a fabricar bebidas alcohólicas, ser dueño de bancas de juegos de azar, traficar con drogas, robar, promover vicios…? ser corrupto. A engañar a sus clientes…

Porque cuando una sociedad no responde a la llamada de Dios, y la desprecia, viene a caer en una situación más lamentable que la de aquellos que se guían por la mera razón natural.

Tomás Moro da gran importancia a la educación para obtener estos objetivos”.

VI
RAFAEL HITHLODEO
“Rafael Hithlodeo, un portugués, que dice que viajó con Américo Vespucio, es el personaje principal, él que conoce a la isla UTOPIA.

La educación no es para formar a personas como ladrones, que luego habrá de ajusticiar, sino debe ser conforme a las verdaderas virtudes cívicas.

Tomás Moro le propone a Hithlodeo que todo lo que ha aprendido en sus viajes y en la isla de Utopía lo lleve a la Corte, para enseñarlo y que sirva de orientación a los que gobiernan.

Si no es posible erradicar de inmediato los principios erróneos, ni abolir las costumbres inmorales, no por ello se ha de abandonar la causa pública, que es la política.

El buen saber político tiene una forma y un tiempo que resulta indispensable cuidar.

En el pasaje de Utopía donde se trata de los cargos públicos en la isla se dice, por ejemplo, que “a las sesiones del Senado asisten dos sifograntes (ancianos sabios, jefes de tribu), distintos cada día, estando previsto, que no se ratifique ningún asunto tocante al Estado si no ha sido sometido a debate en el Senado por lo menos tres días antes.

Todo intento de resolver asuntos públicos fuera del Senado o de las asambleas de ciudadanos, se considera gravísimo delito”.
“En Utopía se acostumbra a no debatir en el Senado propuesta alguna en el día mismo en el que se presenta, sino que se deja para la siguiente sesión.

De esta forma se evita el que alguien suelte sin más ni más, lo primero que le viene a la boca, y ande luego buscando razones para defender ese criterio suyo, en vez de defender el interés del Estado.

No existe distinción en clases sociales. Entre los más aptos e inteligentes “se escogen los embajadores, los sacerdotes, los magistrados y el mismo príncipe”.

Tomás Moro dice: “Así como no puedo asentir a todo lo que dijo Hithlodeo, así también he de confesar de buen grado que en la República de los utopienses hay muchas cosas que desearía ver implantadas en nuestras ciudades, aunque, la verdad, no es de esperar que lo sean”.

Hithlodeo opinaría que, si buscamos un remedio a los males, haría falta una revolución. Moro por su parte piensa que, en tanto los hombres no se conviertan y sean buenos −“y esto va para largo”−, habría que adoptar el método de la reforma paulatina.

Ambos se mueven en clave cristiana y aceptan que son los vicios y pecados de la humanidad, los que han desfigurado la armonía social.

“El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Ésta es la luz que iluminó su conciencia”.

CONCLUSIÓN

CERTIFICO que los ideales de Tomás Moro en su Obra Utopía están aún por realizar.

DOY FE, en Santiago de los Caballeros a los veinticuatro (24) días del mes de septiembre del año del Señor dos mil diecisiete (2017).