¿Cómo son las reacciones alimentarias adversas en adultos?

Una vez iniciada una alergia alimentaria en la vida adulta, persiste el resto de la vida.

Aunque la infancia es la etapa en que se inician la mayoría de los síntomas de alergia por alimentos, hay muchas personas que empiezan a tenerlos después de los 18 años.

Probablemente, por considerarse comunmente como situaciones infantiles, en los adultos las alergias alimentarias permanecen mayormente no diagnosticadas. Causan una diversidad de manifestaciones y esto provoca que estos pacientes se la pasen de médico en médico: gastroenterólogos, dermatólogos, urólogos, ginecólogos, neumólogos, reumatólogos y hasta psiquiatras sin saber qué les pasa de fondo.

La alergia alimentaria puede desatar rinitis, conjuntivitis, asma (pecho apretado), indigestiones, dolor abdominal, diarrea, vómito, estreñimiento, urticaria, dolores en las articulaciones, cefaleas, ansiedad, para mencionar algunos.

Las alergias son reacciones adversas a alimentos desatadas por un mecanismo de base inmunológica. Es decir, nuestro sistema de defensa “ataca” el alimento (en este caso antígeno) como si fuera un agente infeccioso.

Hay reacciones adversas a alimentos no mediadas por respuesta inmunológica (reacciones tóxicas, enzimáticas o metabólicas), actualmente llamadas hipersensibilidades alimentarias, pero que en personas muy susceptibles pueden inducir cuadros clínicos similares a los de las alergias. La historia clínica, con una historia alimentaria minuciosa, es identificada por los especialistas en alergia e inmunología como la primera herramienta diagnóstica para sospechar de reacciones adversas a alimentos por mecanismo inmune o no, en vez de otros diagnósticos.

En los adultos, algunos de los principales alérgenos son frutas y vegetales: manzana, cereza, guineo, pera, zanahoria, maní, soya, apio, piña, tomate, papa, melón, zuchini, pepino, perejil, comino, hinojo, cilantro, anís, mostaza. En estos casos puede haber “alergia pólen-planta” o “alergia látex-fruta”. También los frutos secos, pescados, mariscos y trigo (que engloba panadería y repostería). En adultos la prevalencia de alergia alimentaria se estima entre 2 y 3%. Lo que diferencia una alergia alimentaria de las demás reacciones adversas, es por antonomasia la mediación del anticuerpo IgE (Inmunoglobulina E) aunque también pueden mediar otras inmunoglobulinas.

Alfonso Cepeda Sarabia, alergólogo investigador colombiano, expone que tanto para alergia alimentaria mediada o no por IgE, son requeridas las dietas de eliminación y las pruebas de reto oral, pues ni la historia clínica ni pinches cutáneos de determinación de sensibilización (test más comunes en consultorios de alergólogos) por sí mismas diagnostican con precisión la alergia alimentaria.

El manejo nutricional de la alergia alimentaria consiste en eliminar el alérgeno de la dieta, incluyendo alimentos naturales, procesados o ingredientes que puedan contenerlo, y sustitución para compensar el nutriente. Esto evitará las complicaciones de salud (moderadas, graves y hasta mortales en casos extremos), que causa la ingesta continua o intermitente del alérgeno y prevenir déficits nutricionales. Las alergias a los alimentos están aumentando tanto en países desarrollados como en subdesarrollados, el nuestro entre éstos últimos.

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