¡Dedo de Dios!

Escuchando tantas cosas en el ruidoso caminar de los vivientes entendí que más elocuente puede ser el rastro silente de quienes ven claro por donde van, que los discursos grandilocuentes de quienes quieren arrastrar las masas por sus fueros. El Apóstol Pablo, en sus iluminadas palabras a los Corintios, deja entender que las cosas no son tan reales como se aprecian: “No Mirando nosotros las cosas que se ven, sino a las que no se ven...”; El ojo echa un vistazo, el alma redimida tiene una visión. Y es que en Dios lo que parece malo termina siendo aquello que nos lleva a ver lo bueno, que lo vigente por firme que parezca no es permanente y aún lo permanente puede ser removido por el dedo divino.

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