La vía dialogada

    Después del espectáculo montado el pasado sábado en la frontera entre Colombia (Cúcuta) y Venezuela (Táchira), que devino en la esperada violencia, según las previsiones, parece que algo de sensatez ha caído sobre quienes pretendían introducir forzosamente, en medio de una confrontación, una “ayuda humanitaria” para los venezolanos.

    Bueno que los hechos no fueron mayores, y aquello quedó limitado a un recurso más de una guerra mediática que, al margen de los sufrimientos de los venezolanos por la desastrosa situación económica, social e institucional, se libra contra quienes mantienen el control del país.

    En alguna medida, aquello fue una victoria propagandística que arrincona aún más al presidente Nicolás Maduro y su equipo que no logra encauzar la vida nacional.

    Lo que resulta inaceptable es la instigación de una guerra civil mediante la manipulación y la intervención extranjera directa a partir de la burda idea de entregar una ayuda no solicitada.

    No se tiene precedente de que jefes de Estados vecinos descendieran hasta una frontera de otro país para estimular hechos que pudieron terminar en un baño de sangre, en el entendido de que podía provocar una fractura en Venezuela.

    Afortunadamente, el llamado “Grupo de Lima”, que está compuesto por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú ayer morigeró su actitud con la declaración de Bogotá en la que expresa que “la transición a la democracia debe ser conducida por los propios venezolanos pacíficamente y en el marco de la Constitución y el derecho internacional, apoyada por medios políticos y diplomáticos, sin uso de la fuerza”.

    Esa declaración coincide con la posición de la Unión Europea en Bruselas, en el sentido de que “hay que evitar” una intervención militar en Venezuela.

    Es necesario insistir en el punto de vista de Uruguay, México y Bolivia, que recientemente acordaron en Montevideo generar un espacio de diálogo entre las partes.

    Pero recurriendo a la fuerza, en medio de una confusión generalizada, invocando la “ayuda humanitaria” como bandera política, no se fomenta el diálogo ni la paz.

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