Federico Henríquez y Carvajal

El maestro Federico Henríquez y Carvajal en foto sin fecha. OGM
Literato, educador, periodista, orador y primer presidente de la Academia Dominicana de la Historia 1848-1952

Con motivo de cumplirse 68 años de la desaparición física de este notable intelectual resaltamos algunos detalles de su vida.
Henríquez y Carvajal nació en Santo Domingo el 16 de septiembre de 1848, en la antigua calle del Truco, hoy calle Mercedes. Hijo de Noel Henríquez, oriundo de Curazao y doña Clotilde Carvajal Fernández, dominicana.

Aprendió en el seno de su hogar a leer, escribir y contar y asistió a la escuela primera que dirigía el prócer de la independencia, Silvano Pujol; luego en el Seminario Conciliar de Santo Tomás de Aquino, bajo la rectoría del presbítero Fernando Arturo de Meriño, donde se distinguió como uno de sus más aprovechados discípulos. En abril de 1861, da muestras de sus aficiones literarias, siendo la poesía y la oratoria las disciplinas por las cuales siente mayor inclinación, cultivándolas con entusiasmo.

Estudió leyes y laboró en la Judicatura. Su formación en esta área estimuló sus dotes naturales de orador, al tiempo que fue objeto de importantes designaciones en el área de la judicatura. Era llamado por sus familiares y amigos como don Fed. Entabló una amistad con el prócer cubano José Martí, con quien mantuvo un importante intercambio epistolar. Cabe destacar que el doctor Henríquez y Carvajal fue uno de los dominicanos que con mayor tesón luchó por la independencia de Cuba. Hizo suya la causa cubana hasta tal punto, que el apóstol José Martí, mártir en la “Boca de dos Ríos”, lo llamó su hermano. Por esta causa escribió el libro “Todo por Cuba, publicado en 1925, artículos sobre Cuba, con cartas de Máximo Gómez, José Martí y Enrique José Varona.

Articulista de un variado número de medios impresos, en sus primeros escritos utilizó el seudónimo de Porfirio. Desde el 1868, cumplidos apenas los veinte años, actuó continuamente en el periodismo y el magisterio. Impartió docencia en varias escuelas primarias y fue unas veces miembro de las Juntas de Estudios e inspector de Instrucción Pública.

Creó la Sociedad La Juventud, con cuyos auspicios se publicó el periódico La Opinión, fundado en 1873 y del cual fue director. En 1881 fundó y dirigió el bisemanario El Mensajero, desde el cual enfrentó a la dictadura de Ulises Heureaux, lo que provocó su clausura en 1890 y posteriormente su prisión.

De 1892 a 1899 publicó la revista Letras y Ciencias y de 1910 a 1913 dirigió la revista Ateneo; también en 1933, la revista Clío, órgano de la Academia Dominicana de la Historia Aunque apartado de la política activa, ejerció algunos cargos públicos de importancia durante su dilatada carrera profesional, tales como presidente de la Suprema Corte de Justicia en 1912 y
Profesor de los colegios Central, San Luis Gonzaga, de la Escuela Normal, Preparatoria y de Bachilleres, de los institutos de Señoritas y Profesional, del Liceo Dominicano, al lado de su amigo, Emilio Prud’Homme, así como de la Escuela de Derecho.

En 1901, representó al país en la Segunda Conferencia de los Estados Americanos en México. De 1903 a 1914 fue director de la Escuela de Bachilleres, en 1930. Por su recia formación intelectual, ocupó la rectoría de la Universidad de Santo Domingo. Fue miembro fundador de la Academia Dominicana de la Historia, a la cual ingresó por decreto presidencial el 16 de agosto de 1931 y de inmediato ocupó la presidencia y estuvo al frente de la misma hasta el 6 de agosto de 1944.

Sus primeros escritos se publicaron con el seudónimo de Porfirio, y entre sus obras podemos citar: “La hija del Hebreo, 1883; “Ramón Mella”, elogio patriótico con motivo del traslado de sus restos, 1891; “Juvenilla”, 1904; “Dolorosa”, 1909; “El derecho público internacional”, 1915; “Cuba y Quisqueya”, 1920; “Nacionalismo”, 1925; “Del amor y del dolor”, 1926; “Páginas electas” 1926, sobre tópicos jurídicos, económicos e internacionales ; “Mi álbum de sonetos”, 1927; “Ética y estética”, 1929, entre otras.

Durante su fructífera vida, “el maestro”, como era conocido en el país y en el extranjero, fue objeto de numerosas distinciones honoríficas y reconocimientos y su nombre fue reverenciado en todos los círculos intelectuales del continente. Este gran intelectual murió el 4 de febrero de 1952 en Santo Domingo, a los 103 años de edad, por lo que el Gobierno, mediante decreto 8032, declaró 3 días de duelo oficial por tan irreparable pérdida.
El sepelio de este ilustre hombre constituyó una gran manifestación de duelo, y en el mismo se le rindieron los honores militares correspondientes al grado de General de Brigada.

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