Josefina: la mujer que busca piezas en desuso para darle nuevo valor

La microempresaria Josefina Mejía.

Desde siempre llevó dentro la pasión por la creación de artículos de materiales reciclados hasta que abrió negocio.

Josefina Mejía está acostumbrada a buscar la parte útil de “las cosas”. Es una amante empedernida del reciclaje, que suele dar más tiempo de vida a los objetos, del que generalmente le dan otras personas.

“A todo aquello que llega a mis manos le brindo otra oportunidad, cuando eso ha perdido la vida útil, para lo cual fue creado”, dice la emprendedora dama.

Lo que hace Josefina Mejía, de 39 años,  es transformar, como la oruga en mariposa, para asignar un nuevo uso a cada pieza o material. “Cuando lo hago, eso puede perdurar mucho más en el tiempo sin ser un peligro para el medio ambiente”, explica. Lo que manejaba o regenteaba inicialmente Josefina era un colmado junto a su esposo. Pero la verdadera pasión que llevaba dentro era la de crear diferentes artículos, hechos con materiales reciclados, que posteriormente pasaran a tener alta demanda. Y así ha ocurrido. A Josefina “se le dio el plan”.

Lo que al inicio pareció ser un simple hobbie –y así comenzó- fue tomando forma cuando sus vecinos veían la creatividad de ella y fueron comprándole todo lo que hacía. “Luego vi la necesidad y decidí tomar un préstamo para comprar las herramientas y materiales, los cuales necesitaba para confeccionar de una manera más rápida y profesional, con mejores terminaciones, todos los objetos en los que me inspiraba”, rememora Josefina, mostrando alto interés en el tema.

La microempresaria recicla desde ropa vieja, botellas, botellones, tubos plásticos y tapitas entre muchos otros. Pero su mayor creatividad la dedica al reciclado de neumáticos automotrices, lo que popularmente se conoce como gomas, y los convierte en un sinnúmero de objetos, tales como juego de muebles, tarros y fuentes decorativas en forma de cafetera, tazas, carretilla y aves decorativas.

El ingenio y creatividad de Josefina parecen no tener límites. Es una emprendedora en constante evolución y expansión que cada día intenta poner a caminar sobre bases firmes las ideas.

“Las toallas viejas también son transformadas en  tarros y floreros; las tapitas y las piedras las pinto como escarabajos. Con las cáscaras de plátanos y la del huevo hago abono para las plantas. En fin, todo puede ser reutilizado y encima de esto generar recursos y empleo con ello”, asegura.

Josefina Mejía dice que está muy orgullosa de su trabajo y del beneficio que da este para el ecosistema y para su propio bolsillo y el de la familia.

Lo que más le emociona es justamente la contribución que hace al medio ambiente, en la medida que puede eliminar los residuos, tan dañinos cuando son, por ejemplo, abandonados en un vertedero y se constituyen en el hogar de roedores, insectos y criaderos de mosquitos transmisores de enfermedades y un peligro para el suelo.

“Lo que trato de hacer es dar un mejor uso, transformándolos en piezas del hogar que pueden perdurar por largos años y que son comercialmente muy demandadas”, sostiene.

Y agrega: La reutilización de todos estos residuos de esta manera tan creativa y práctica es un excelente modelo de negocio sostenible”. A Josefina Mejía se le puede contactar a través del teléfono (809) 258-8670

En sinergia

En la pequeña empresa de Josefina el trabajo tiene un toque familiar, si se toma en cuenta que todos se involucran en las actividades. “Mis tres hijos y mi esposo siempre se involucran en lo que hacemos. Cuando un negocio se lleva con ese nivel de unión, son mayores las posibilidades de crecer”, indica.

La variedad de trabajos realizados por Josefina son tan variados como la cantidad de clientes que tiene y como la cantidad de personas que días tras día se acercan interesados en sus creaciones. “Aquí viene gente de toda parte”, dice. L

Espera tener un local

Josefina Mejía vive en Sabana del Puerto, Moseñor Nouel. En esa zona geográfica aprendió por cuenta propia todo lo referente al reciclaje y a la elaboración de las piezas, algunas de ellas consideradas verdaderas obras de arte. “No realicé curso alguno. Esto lo he aprendido sola y el elemento motivador ha sido el hecho de querer superarme”, le cuenta a elCaribe.

Hasta ahora los trabajos los realiza en un espacio de su casa, pero aspira poder disponer luego de un local. “Incluso, me gustaría poder vender mis piezas a grandes empresas y en distintos puntos del país”, indica.

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