Alejandro Angulo Guridi, un gran pensador desconocido (2-3)

Alejandro Angulo Guridi.

La Ilustración ejerció un impacto significativo en la historia contemporánea. En América Latina y el Caribe la Ilustración influyó en los grandes procesos históricos, políticos, sociales y culturales. En Santo Domingo impactó no solo en los procesos políticos de finales del siglo XVIII y en el siglo XIX, sino que influyó en muchos intelectuales, como es el caso del jurista, periodista, diplomático, educador, analista político, ensayista, poeta y filólogo Alejandro Angulo Guridi, uno de los grandes pensadores por conocer de la historia dominicana.

Considerado positivista por Pedro Henríquez Ureña e ilustrado por el Dr. Rafael Morla en su libro Modernidad e Ilustración en Santo Domingo y ecléctico para otros. En su obra es evidente que hay una gran influencia de la Ilustración. En su ensayo Exclusivismo y fraternidad de los pueblos están claramente presente dos aspectos centrales de la Ilustración como es la tolerancia y la fraternidad que junto a la libertad y la igualdad fue el lema de la Revolución Francesa de 1789. Publicado originalmente en el periódico El Orden entre el 18 de enero y el 1 de febrero de 1854, Angulo Guridi lo publicó ese mismo año en un folleto y en 1974. La Sociedad Dominicana de Bibliófilo hizo una edición facsimilar con una nota introductoria del historiador Vetilio Alfau Durán.

Su ensayo Exclusivismo y fraternidad de los pueblos, así como su amplia y diversa obra intelectual se caracteriza por el despliegue de una gran erudición histórica, jurídica y literaria. La profundidad y el abordaje de diversos temas relacionados con la tolerancia, fraternidad, modernidad, el progreso y la inmigración se refleja en esta obra. En el ensayo alude a pensadores y científicos del nivel de Locke, Leibniz, Condillac, Bentham, Corneille, Goethe, Cervantes, Byron, Beccaria entre otros, lo que confirma su sólida formación cultural.

En su ensayo opone exclusivismo con fraternidad. Define el exclusivismo como “la tendencia a vivir incomunicado de los demás, valiéndose para ellos de malos resorte sociales y de leyes restrictivas respecto al ejercicio que de los derechos civiles y políticos pueden gozar entre ellos los extranjeros: leyes que lejos de atraer, alejan a estos, porque el hombre, por impulsos naturales, busca su bienestar y el aumento de sus intereses no las trabas y restricciones que impiden el desarrollo de sus artes, industrias y comercio”.

Alaba a Francia, a Inglaterra y los Estados Unidos por sus leyes francas y de apertura hacia los extranjeros. Critica y señala el exclusivismo y la intolerancia como los males que acarrean atraso y aislamiento para los países como China, Haití, Rusia, Turquía y México. Sobre China dice “no se conformó nunca con darse leyes exclusivistas, sino que se quiso separar de los demás pueblos, y por muchos años lo ha logrado, por medio de una muralla inmensa sin prever, sin alcanzar que, andando el tiempo, la corriente de la civilización europea se abriría paso hasta aquel imperio a despecho de sus leyes y muralla”.

En el caso de Haití señala que “es exclusivista y por eso no participa del progreso de los demás pueblos modernos. Sus odiosas distinciones de castas lo aíslan, sus leyes restrictivas para los extranjeros los empobrecen o cuando menos le impiden que la riqueza pública se desarrolle y crezca”. Critica el despotismo y la intolerancia de la Rusia Zarista al considerar que es también exclusivista y es intolerante en materia religiosa, “Por eso puede contar sesenta millones de seres empobrecidos, por eso no participa de los rápidos adelantos que la Europa hace en todos los ramos del saber humano, por eso no puede presentar al mundo un gran publicista, un gran filósofo, un gran poeta”. Así mismo, plantea que Turquía también ha sido “exclusivista, y por eso, así como por su sistema despótico de gobierno, se ha ido desgajando el que en otro tiempo fue un dilatado imperio”.

Frente al exclusivismo resalta las características del cosmopolitismo de la sociedad chilena. Considera que “Chile, la honra de la raza española en América, adoptó hace muchos años una marcha progresista, pues se desnudó de las rancias preocupaciones, de los instintos de intolerancia y exclusivismo que heredaron de sus abuelos todas las repúblicas hispanoamericanas y a las cuales deben el verse casi siempre envueltas en una guerra de partidos interiores, y hasta hoy como atascadas en la senda del progreso”. Afirma que “en Chile se conoció desde temprano que el exclusivismo trae la ignorancia, el aislamiento y la miseria; y que los lazos de amor universal, las leyes que respiran fraternidad, dan por resultados los progresos en las ciencias y el desarrollo de las fuentes de la prosperidad pública”.

Su discurso sobre la tolerancia, la fraternidad, la convivencia y la cooperación entre las naciones de la tierra queda evidenciada al señalar que “ya no basta, ciertamente, para salvar a los pueblos del marasmo social, el que haya tolerancia y fraternidad escritas, si ellas no pasan de ser simples letras muertas; y en algunos sucede eso. Hay pueblos, además, en los cuales existe la tolerancia en lo político y en lo civil; pero tampoco esto basta. Es preciso que haya tolerancia social; es preciso que los hombres, individualmente, en su trato particular, ejerciten ese gran sentimiento religioso que nos inspira la despreocupada convicción de que todos los hombres son nuestros hermanos: de que todos los pueblos cultos, aunque expresándose en idiomas diferentes, y marchando bajo distintos sistemas, bajo distintas opiniones, son en común, obreros de la grandiosa fábrica de la civilización y la mejora de nuestra especie; de que todos se dirigen a ese hermoso fin; y por último, de que todos son hermanos”. Afirma que “la patria del hombre es el universo entero. Necesarias divisiones de territorios, y fuertes razones de diferencias políticas, son las causas de que el mundo esté dividido en tan innumerables nacionalidades. Pero moralmente, lo repetimos, el hombre tiene una patria común: el Universo”.

Finaliza su ensayo enarbolando uno de los elementos centrales de la filosofía ilustrada como es la educación, como fuente para superar las tinieblas de la ignorancia y el exclusivismo. Afirma que “sí, la educación, esa segunda naturaleza corrige los malos instintos con los que nacemos. Difúndanse con profusión la luces entre las masas: haya educación para todos, y veremos dentro de algunos años la hermosa transición del exclusivismo y la intolerancia, a la tolerancia y fraternidad; del desorden, la desunión y las discordias civiles, a la paz, a la unión y al arreglo; de la ignorancia y la miseria, a la riqueza y la ilustración”.

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