El mejor lugar...

Constantemente anhelamos, recordamos y hablamos de ese lugar maravilloso, hermoso, incomparable en el que alguna vez estuvimos y al que siempre deseamos regresar.
Algunas veces, nunca hemos estado allí, pero llegar a ese lugar, forma parte de nuestros planes futuros.

En ocasiones, solo hemos visto ese sitio en un programa de televisión, en imágenes de una revista o lo hemos ido dibujando en nuestra mente, cuando alguna persona nos cuenta de su existencia.

Podría decirse que son muchas las personas que tienen su lugar favorito en el mundo.

Para unos es una ciudad, ubicada en algún país exótico.

Para otros es un hotel, un restaurante, un río, una playa, un parque, una calle, un rincón de su casa, el balcón de la casa paterna, la cocina, su habitación, el jardín, en fin, existen lugares para todos los gustos.

Sin embargo, el lugar en sí, no es lo importante. Importante es lo vivido en ese escenario.

El olor, los sonidos que acompañan ese entorno, no son lo que lo hacen parte de nuestras añoranzas. Lo que hace que añoremos regresar es la sensación de paz y felicidad que nos regaló el tiempo que pasamos allí.

Un lugar no es inolvidable porque sepamos el camino para regresar. Inolvidables son los recuerdos de todos los momentos vividos en ese espacio territorial.

La belleza de la zona, por sí sola no es el mayor atractivo para querer regresar, lo que nos invita a volver es el reencuentro con ese tiempo en el que fuimos felices.

Muchas veces confundimos el espacio con el tiempo. Muchas veces lo realmente importante, inolvidable y hermoso, no es el espacio en que vivimos una experiencia maravillosa, es lo vivido en sí mismo, lo que nos invita a repetirlo, lo que nos impulsa a tratar de retenerlo y extender su tiempo a nuestro lado.

En mi caso, aunque disfruto al máximo estar en casa, tengo mis espacios favoritos dentro de ella.

Sin embargo, mi lugar favorito en todo el mundo es cualquiera donde sea realmente feliz, es el brevísimo espacio de un beso y un abrazo del hombre que amo, donde pueda escuchar a mis hijas sonreír, felices, inocentes, despreocupadas y donde pueda contar con la compañía y el amor incondicional de mis seres queridos.

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