Vivir a tope hasta morir

Señor director. Se dice que nuestro bien más preciado es la vida, el hecho de tener un cuerpo capaz de respirar y hacer miles y miles de funciones vitales en automático, y poseer el don del raciocinio, es una manifestación primordial de la vida y su libre albedrío. Contar con el tiempo, como aliado para poder manifestarnos como entes humanos andantes, pensantes e inteligentes, viene a complementar ese preciado bien, porque
¿Qué resulta ser la vida si no contamos con el tiempo para poderla materializar, y disfrutar nuestros mayores anhelos? Seria igual que cualquier otra vida animal, vegetal o mineral, sin más pasión que la mera existencia.

Tener vida y no disponer de tiempo para disfrutarla, saborearla y respirarla a todo pulmón, es realmente tener vida sin privilegios, como el resto de los seres vivos. Tener un cuerpo activo, pero permanecer en un estado de parálisis o inercia mental, como cuando actuamos de modo inconsciente, sin pensar por nosotros mismos, víctimas de la manipulación social, es mantenernos al margen de la vida, y la alegría que produce vivirla a tope. En caso contrario, donde el cuerpo aparenta estar inerte pero la mente puede seguir activa, como cuando sufrimos daños severos y tenemos limitaciones físicas aunque no mentales, es también mantenernos al margen de la vida y sus alegrías, y al tener claridad mental, la impotencia nos causa un sufrimiento mayor.

El tiempo viene a complementar ese tesoro desde el momento de la concepción, para crecer y desarrollarnos, nacer y manifestarnos ejerciendo de niño, adolescente, joven, mayor y anciano... pero al sumergirnos en una sociedad hiperactiva y demandante, tiempo es de lo que menos disponemos, debido a las múltiples cosas en las que nos involucramos, o a la falta de valor para decir “No” y someternos a esa esclavitud laboral o apasionantemente enfermiza que nos roba la vida sin percatarnos de ello.

Siendo así, si algo debemos valorar es que nos regalen de su tiempo, por eso no debemos comprometernos si no estamos seguros de poder cumplir, es muy feo dejar plantado a quien nos está regalando ese preciado tiempo, o más feo aún, fallarle al que está en problemas, necesita compañía o ayuda y al ofrecérsela, deja de seguir solicitándola pues confía en nosotros.

Lo que va, viene, el que da, recibe y todo vuelve como un boomerang, pongamos atención a nuestros actos y no demos lo que no deseamos recibir de vuelta. Valoremos la vida, todos somos dignos de respeto y consideración, todos tenemos propósitos de vida. Hay que vivir el día a día, atentos a lo que nos rodea, disfrutar lo que nos ofrece como si fuera el último, con los sentidos puesto en ello, gozar y agradecerlo, irradiar salud, amor y bienestar, compartir alegrías y penas, y de ser posible, repetir la hazaña de vivir a tope el día siguiente.

Porque después de todo

¿Qué resulta ser la vida si no contamos con el entorno y con todo lo que nos ofrece para poderla compartir, y disfrutar nuestros mayores anhelos?
Idalia Harolina Payano Tolentino
COLABORADORA

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