Nada que decir

No es extraño que alguna vez nos hayamos sentido de forma tal que ninguna cosa que hagan o nos digan puede darnos consuelo, alegría o tranquilidad (dependiendo cuál sea el caso).

No solo una vez, nos ha pasado en muchas ocasiones.

En situaciones de profunda tristeza, de alegría, de decepción o rabia, nos volvemos sordos e indiferentes, nadie puede convencernos de que mañana las cosas marcharán mejor, si hoy sentimos que el mundo se nos ha caído encima.

Nadie podría persuadirnos de no hacer aquello que sentimos es lo que debemos, aunque todos noten (incluso, nosotros mismos, que las consecuencias serán peores que eso que provocó nuestra reacción).

Del mismo modo pasa cuando pensamos que estamos trabajando en equipo, que vamos con nuestros compañeros en la misma dirección. Al notar que no es así, nos sentimos tristes, abatidos, decepcionados.

Sentimos que estamos solos y comenzamos a tener miedo, no solo de vernos abandonados y vulnerables, sino también, de ciertos pensamientos que fungen como malos consejeros.

Aunque cueste admitirlo, en su mayoría, las personas carecemos de la inteligencia emocional suficiente para enfrentar diferentes situaciones, sin importar cuántas veces se pase por las mismas.

Sin darnos cuenta, toda nuestra vida hemos conferido mayor valor a los demás que a nuestro verdadero bienestar.

Creemos que vengarnos de una mala acción nos da conformidad, cuando en realidad, nos está igualando a los malos actores que pretendemos escarmentar.

No nos gusta ser heridos, pero herimos de manera constante.
No queremos ser lastimados, pero lastimamos con y sin intención, solo por no medir nuestras palabras.

No queremos que nos mientan, pero algunas veces mentimos por miedo a perder.

Es mucho lo que tenemos que aprender las personas para poder llevar una vida más o menos tranquila en medio de este convulso mundo, quizás en muchas ocasiones, ante algunas situaciones y frente a esas realidades que nos golpean de manera inesperada es mejor observar y callar.

Son momentos en los que es mejor quedarnos sin nada que decir.

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