Una lluvia intensa puede transformar en minutos una avenida conocida en una corriente difícil de evaluar. El problema es que, desde el interior de un vehículo, resulta complicado saber cuánta profundidad tiene el agua, qué fuerza lleva o qué existe debajo.
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Baches, alcantarillas abiertas, desniveles y corrientes subterráneas pueden permanecer completamente ocultos. Por eso, una de las recomendaciones más importantes durante episodios de inundación es sencilla: si una calle está cubierta de agua y no conoce su profundidad, no intente cruzarla.
¿Por qué una cantidad aparentemente pequeña de agua puede ser peligrosa?
El agua en movimiento ejerce una fuerza mucho mayor de la que suele percibirse desde el vehículo. Como referencia de seguridad, se advierte que alrededor de 15 centímetros de agua pueden afectar el control del automóvil.
Con aproximadamente 30 centímetros, un vehículo pequeño puede comenzar a perder contacto estable con la superficie. Y niveles cercanos a 60 centímetros pueden llegar a desplazar vehículos de mayor tamaño, incluidas algunas camionetas.
Estas cifras son aproximadas y el riesgo puede variar según la velocidad de la corriente, el peso del vehículo, la pendiente de la vía y las condiciones del terreno. Por eso, la regla más segura no es calcular cuántos centímetros hay, sino evitar entrar al agua cuando la profundidad o la corriente no puedan evaluarse con seguridad.
¿Qué hacer si ya quedaste atrapado?
Lo primero es mantener la calma y evaluar rápidamente lo que está ocurriendo. Si el vehículo todavía permanece estable y el nivel del agua no está aumentando con rapidez, evite acelerar bruscamente o realizar maniobras desesperadas.
Forzar el motor no garantiza que el vehículo pueda salir y puede aumentar el riesgo de daños mecánicos. La prioridad debe ser determinar si existe una ruta segura de salida para las personas.
Un automóvil puede ofrecer cierta protección durante los primeros momentos, pero esa situación cambia si el nivel del agua comienza a aumentar o si la corriente empieza a moverlo.
Si el agua entra al habitáculo, el vehículo se desplaza o existe peligro de que quede completamente rodeado, la prioridad pasa a ser abandonar el automóvil y dirigirse hacia un lugar más alto, siempre que hacerlo no implique entrar en una corriente fuerte.
No conviene esperar hasta que el agua cubra las ventanas. Mientras más aumenta el nivel exterior, más difícil puede resultar abrir las puertas debido a la presión del agua.
¿Qué hacer si la puerta no abre?
Si existe necesidad inmediata de escapar y las puertas no pueden abrirse, una alternativa puede ser salir a través de una ventana lateral. El parabrisas suele estar construido con vidrio laminado y es considerablemente más difícil de romper.
Las ventanas laterales pueden representar una vía de escape más práctica, aunque los vidrios laminados utilizados en algunos vehículos modernos también pueden dificultar la salida. Por eso es útil conocer previamente qué tipo de cristales posee el automóvil y mantener accesible un dispositivo de emergencia diseñado para romper ventanas y cortar cinturones.
