Mejía disfrutó de la segunda oportunidad en Lidom

El relevista habla con elCaribe de ese renacer que vivió en la pasada temporada con el Licey y los Toros

Como el Ave Fénix, Jean Carlos Mejía renació de sus cenizas. No para borrar el pasado, sino para demostrar que el crecimiento verdadero nace del aprendizaje, que las segundas oportunidades se ganan con hechos y que la madurez también es una herramienta que te puede ayudar a construir cimientos de éxito. Su presente es la prueba más clara de esa transformación. En los últimos años, Jean Carlos Mejía se ha consolidado como uno de los lanzadores dominicanos más sólidos y efectivos de la liga invernal.

Comenzó en el Licey y hoy es una realidad que trasciende uniformes. Su paso reciente con los Toros del Este, especialmente en el Round Robin, terminó de confirmar que se ha convertido en un relevista dominante, confiable en escenarios de alta presión y capaz de asumir la responsabilidad en los momentos decisivos.

Sin embargo, esa versión dominante no nació en la comodidad del éxito. Se forjó en la etapa más difícil de su carrera. Fue una etapa oscura, de críticas y ruido externo. Comentarios que pesaban más que cualquier recta. Dudas que intentaban borrar años de trabajo. En ese tramo, lejos de las cámaras, el cerrador de los Tigres entendió que las segundas oportunidades no se reclaman, se construyen.

Desde entonces, su carrera tomó otro rumbo. No desde los reflectores de las críticas, sino desde el compromiso consigo mismo. Rutina diaria, disciplina, estudio del rival y autoconocimiento. Hoy, Mejía no sube al montículo a improvisar, llega con un plan y con una madurez distinta a lo que exhibió en el pasado.

“Me di cuenta de que por más difícil que sea la situación no debo rendirme, que hay oportunidades y Dios no se queda con el sudor de nadie. Es una lección que no me hubiese gustado que me pasará ni que me siento orgulloso, en especial porque tengo un hijo, pero llego y mi única meta es dejarla atrás y que mi presente apague ese pasado que en algún momento fue oscuro en mi vida”, expresó Mejía a elCaribe, que ha sido suspendido en dos ocasiones por el uso de sustancias prohibidas.

El nativo de Joba Arriba, Gaspar Hernández, llega en este momento a ese punto de su carrera donde el rendimiento se encuentra con la madurez. Lejos de evadir sus errores, asumió las consecuencias, cumplió su proceso y se reconstruyó desde la responsabilidad para alcanzar el éxito que está construyendo en el béisbol invernal dominicano.

“Mi éxito hoy se basa en el enfoque y en mejorar lo que me ha dado resultados. Valoro mucho el proceso, siento que me ha ayudado a madurar en todos los aspectos como persona dentro y fuera del terreno. Además, tengo un mayor control de sí mismo”, afirmó Mejía, quien ha hecho de la rutina, el estudio de los bateadores y la preparación mental una constante.

En una liga tan exigente como la invernal, donde el margen de error es mínimo y el talento abunda, su enfoque ha sido competir con un plan, no solo con condiciones. Todo este proceso no solo lo transformó como lanzador, sino como persona y nada de esto ocurrió en soledad. Su familia fue sostén constante. El Licey, refugio y camino.

En 2023, incluso jugando con una lesión de hombro que pocos conocían, priorizó competir y aportar al equipo. No buscó excusas ni reflectores. Buscó cumplir. Ese año terminó como campeón. Detalles que no siempre aparecen en la estadística, pero que definen el carácter de un jugador. “Mi familia nunca me soltó, tampoco el Licey, ese año llamé a Audo Vicente y le pregunté si podía recuperarme en la organización, yo sabía que no me darían la espalda. Me respondió que sí, que viniera y me recuperara aquí, y me ayudaron a regresar”, manifestó.

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