Bélgica empató 1-1 con Egipto en el debut de ambos en el Grupo G del Mundial 2026, en un partido marcado por la paradoja entre el volumen ofensivo europeo y la eficacia del equipo africano.
Los belgas monopolizaron la iniciativa en largos pasajes, pero chocaron con un rival ordenado, que defendió bajo presión y encontró ventajas en transiciones rápidas para sostener el resultado.
El 1-1 dejó un punto para cada selección en su primer paso por el torneo: Egipto pegó primero con un remate a tiempo y Bélgica lo igualó con una acción inmediata de su centrodelantero.
La FIFA, además, acreditó el tanto belga como autogol de Mohamed Hany y no como gol de Romelu Lukaku, aunque el marcador no se movió del 1-1. El empate se definió por detalles: una ráfaga de eficacia, un palo y dos equipos que cerraron con ambición.
Egipto abrió el marcador a los 19 minutos: Emam Ashour convirtió el 1-0 y obligó a Bélgica a correr el partido desde atrás. Antes y después del gol, los “Diablos Rojos” intentaron instalarse en campo rival con Kevin De Bruyne como eje y con la movilidad de Leandro Trossard y Jérémy Doku, pero el primer tiempo expuso una falta de puntería que condicionó el desarrollo.
Al descanso, el encuentro ya mostraba su tendencia: Bélgica acumuló posesión y remates —8 contra 2—, pero se fue sin un solo disparo entre los tres palos del arco defendido por Mohamed Abou Gabal. Egipto, en cambio, fue directo: dos remates, dos a puerta y un gol, con una defensa que despejó centros y bloqueó líneas de pase en el área.
En el complemento, Bélgica aumentó la presión y encontró situaciones más claras. A los 52 minutos, De Bruyne estrelló un remate en el palo, una jugada que anticipó el asedio. La igualdad llegó a los 66 minutos con una secuencia tan rápida como decisiva: ocho segundos después de ingresar, Lukaku aprovechó la primera pelota que tocó y empujó el 1-1 ante Egipto.
