La final presenta dos modelos tan diferentes como consolidados que saben cómo jugar con los límites
Rigor metódico contra una furia emocional, la fuerza del colectivo ante un sistema al servicio de una superestrella como Lionel Messi, pero también dos selecciones que saben cómo jugar con los límites: la final del Mundial 2026 enfrenta el domingo a España y Argentina, dos modelos tan diferentes como consolidados.
La identidad de juego española es sobradamente conocida: la posesión es muy importante, a veces en exceso, y la sucesión de pases a uno o dos toques se ha convertido en una marca de fábrica de la Roja desde su eclosión en la Eurocopa de 2008.
En este Mundial, los circuitos de pases españoles fueron inofensivos en el debut ante Cabo Verde (0-0), pero después de ello la fórmula ganó en intensidad y eficacia con el impulso del trío Rodri-Fabián Ruiz-Dani Olmo, el “mejor” centro del campo del mundo para el seleccionador Luis de la Fuente.
El segundo tanto marcado ante Francia por Pedro Porro en semifinales llegó como conclusión a una secuencia de una veintena de pases que comenzó en el área española y que tuvo a Dani Olmo como detonador.
Por su parte, Argentina ha llegado a la final haciendo gala de un juego más directo y, sobre todo, de su impresionante capacidad para resistir de pie sobre el alambre, sea cual sea el guion del partido.
Contra Cabo Verde en dieciseisavos y Suiza en cuartos tuvo que ir a la prórroga, pero el abismo se vio cerca sobre todo ante Egipto en octavos de final, cuando los norteafricanos se adelantaron 2 a 0 hasta el inicio de la reacción albiceleste en el 79’, para terminar ganando 3-2.
Algo parecido ocurrió en semifinales ante Inglaterra, que se adelantó en el marcador en el 55’: Argentina remontó con tantos en los minutos 85’ y 90+2’ para acabar ganando 2-1, con goles de Enzo Martínez y Lautaro Martínez, ambos asistidos por Messi.
“Juegan como si tuvieran siete u ocho años. No se preguntan ‘¿Y si fallo?’ o ‘¿Y si nos eliminan?’. No piensan en eso, solo en jugar al fútbol”, celebró el seleccionador Lionel Scaloni al término de la semifinal contra los ingleses.
Messi y sus soldados vs la fuerza colectiva
Luis De la Fuente da instrucciones a los jugadores de España durante una pausa de hidratación en la semifinal del Mundial ganada ante Francia. En Arlington (cerca de Dallas, Estados Unidos), el 14 de julio de 2026.
Ocho veces ganador del Balón de Oro y en el Olimpo de los más grandes del fútbol, Lionel Messi es la referencia absoluta de Argentina, donde tiene estatus casi sagrado.
Con ocho tantos y cuatro asistencias en siete partidos, sigue asombrando al mundo a sus 39 años.
En semifinales no marcó pero fue clave con sus dos pases de gol para la remontada y, cuando las cosas están complicadas, él asume el liderazgo para que sus compañeros no se hundan.
Todo en Argentina, en el juego y en lo emocional, parece pasar por él, algo que contrasta con lo demostrado por España en este Mundial, donde el jugador llamado a ser su superestrella, Lamine Yamal, ha estado mucho más discreto, y firmó apenas un tanto hasta el momento.
Pero la fortaleza de España no ha estado en un hombre concreto, sino en el colectivo.
“Nos enfrentábamos a una de las mejores selecciones del mundo, pero que enfrente tenían al mejor equipo del mundo, eso es clave: esto es un equipo”, repitió insistentemente De la Fuente después de la victoria ante Francia en semifinales.
Jugando al límite
Cargas en la espalda, codos en movimiento y entradas al límite del reglamento: ante los ingleses, los argentinos se mostraron firmes, rudos por momentos, y la prensa británica se quejó amargamente de ello, hasta el punto de que The Telegraph contó “31 golpes bajos” de parte de los rivales.
Una vez que Argentina remontó, sus jugadores contemporizaron con el cronómetro a favor. Incluso el arquero Emiliano Martínez tiró de picaresca para quejarse de un dolor en los isquiotibiales y retrasar así unos instantes el saque, lo que enfadó mucho a los ingleses.
Tres de los once titulares de Argentina el miércoles son jugadores del Atlético de Madrid, donde el entrenador Diego Simeone ha impregnado de espíritu argentino a ese club de LaLiga, algo que los jugadores de España conocen bien.
La Roja tampoco es un equipo que se deje pisar fácilmente.
Ante Francia, Rodri y sus compañeros metieron el pie cuando tuvieron que hacerlo para cortar el juego de transición de los Bleus, acabando el partido con 12 faltas cometidas, solo tres menos que las que hizo Argentina ante Inglaterra.
También han jugado con los nervios del rival, como hizo el arquero Unai Simón, incitando a Mbappé a una falta de frustración en los últimos minutos.
La celebrada victoria por 1-2 ante Inglaterra en semifinales, tras dar vuelta el resultado con goles de Enzo Fernández en el minuto 85 y Lautaro Martínez en el segundo minuto de adición, prolongó una tendencia que acompañó a la Albiceleste desde el comienzo del torneo.

Goles agónicos para la Albiceleste
La selección argentina se ha caracterizado por ser el equipo de los goles agónicos: en los siete partidos que disputó, anotó en los últimos 15 minutos y casi un 60 % de sus tantos se dieron en esa franja, varios de ellos clave para alcanzar la final de este domingo ante España. Un ejemplo es la celebrada victoria por 1-2 ante Inglaterra en semifinales, tras dar vuelta el resultado con goles de Enzo Fernández en el minuto 85 y Lautaro Martínez.
Respeto
Rodrigo Hernández, capitán de la selección española, analizó a Argentina, a la que consideró que “es más que Messi”.
Registro
España remata más que Argentina. Sus 120 intentos (71 de ellos, el 59 por ciento, dentro del área) lo hacen líder de la competición en ese registro
