República Dominicana cerró los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 con la mejor actuación de su historia en esta competencia: 150 medallas, incluidas 46 de oro, 37 de plata y 67 de bronce, para finalizar en el quinto lugar del medallero.
Sin embargo, detrás de esas cifras quedaron historias que difícilmente pueden resumirse en una tabla de posiciones. La competencia también mostró a una familia con tres hermanos trillizos compitiendo en el mismo deporte, a un velocista con discapacidad auditiva formando parte de un relevo campeón, a una joven que convirtió las dudas sobre su físico en resultados en la pista y a una campeona que habló públicamente de su experiencia con la ansiedad y la depresión.
Los Pigozzi: cuatro hermanos y tres trillizos en el esquí náutico
Uno de los capítulos más particulares de Santo Domingo 2026 tuvo como protagonistas a los hermanos Pigozzi en el esquí náutico.
Robert, el mayor, compitió junto a sus hermanos trillizos Francesca, Paolo y Andrea. La participación de tres hermanos nacidos en el mismo parto dentro de una misma disciplina ya representaba una particularidad poco común, pero la familia terminó llevando esa historia al podio.
Los cuatro Pigozzi conquistaron medallas durante las competencias celebradas en el Catalina Ski Lake. Paolo y Andrea protagonizaron incluso un duelo por el oro en la modalidad overall, en el que Paolo terminó imponiéndose a su hermano. La organización de los Juegos destacó que los trillizos Francesca, Paolo y Andrea han coincidido en numerosas ocasiones como medallistas dentro de la disciplina.
La familia terminó aportando diez de las 12 medallas conseguidas por República Dominicana en el esquí náutico: tres de oro, tres de plata y cuatro de bronce. Robert, Andrea y Paolo consiguieron títulos en diferentes pruebas, mientras Francesca también subió al podio.

La historia de los Pigozzi no comenzó con estos Juegos. Su padre, Mario Pigozzi, ha estado vinculado al desarrollo del esquí náutico en República Dominicana y construyó en 2004 un lago en Boca Chica para la práctica de la disciplina, según información difundida por la organización de los Juegos y medios dominicanos.
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En Santo Domingo 2026, aquella tradición familiar terminó convertida en una de las historias más particulares del evento.
Christopher Melenciano: competir sin escuchar el disparo
Christopher Melenciano también dejó una de las imágenes más significativas de los Juegos.
El velocista dominicano, que tiene discapacidad auditiva, integró junto a Marileidy Paulino, Anabel Medina y Erick Sánchez el relevo mixto 4×400 metros que ganó la medalla de oro para República Dominicana y estableció un récord de los Juegos con tiempo de 3:10.57.

Su participación adquirió una dimensión especial porque el atletismo convencional utiliza una señal sonora para dar la salida de las carreras. Melenciano ha tenido que desarrollar mecanismos propios para competir en esas condiciones y, aun así, llegó a formar parte de uno de los equipos dominicanos campeones de la cita regional.
Su trayectoria ya había marcado un precedente en 2022, cuando se convirtió en el primer dominicano con discapacidad auditiva en conquistar medallas en unos Juegos Sordolímpicos. En aquella edición ganó el oro de los 200 metros y la plata de los 400.
En Santo Domingo no compitió en una prueba adaptada. Lo hizo junto a atletas sin discapacidad auditiva y terminó formando parte del relevo que subió al primer lugar del podio.
Su historia recordó que la inclusión deportiva también puede producirse en los escenarios de mayor exigencia, donde la condición de un atleta no necesariamente define el resultado de su competencia.
Liranyi Alonso: de las dudas sobre su estatura a cuatro oros
A sus 20 años, Liranyi Alonso fue una de las grandes protagonistas dominicanas de los Juegos.
La velocista terminó con cuatro medallas de oro: ganó los 100 y 200 metros y formó parte de los relevos mixto 4×100 y femenino 4×100.
En los 100 metros, Alonso registró 11.10 segundos y estableció un récord de los Juegos que llevaba 28 años vigente. También integró el relevo femenino que fijó una nueva marca con 43.00 segundos.
Pero detrás de esos resultados existe una historia que la atleta ha contado en diferentes ocasiones: durante su formación recibió comentarios de personas que dudaban de sus posibilidades debido a su estatura y a su físico.
Alonso creció en Villa Palmarito, La Vega. Cuando tenía alrededor de 12 años, su madre le planteó la posibilidad de estudiar inglés o practicar un deporte. Ella escogió el atletismo.

A partir de ahí desarrolló una carrera que la llevó hasta el escenario regional. Sus registros oficiales incluyen, entre otros resultados, una mejor marca personal de 10.93 segundos en los 100 metros y 22.66 en los 200, según World Athletics.
En Santo Domingo 2026, las dudas quedaron lejos de la línea de salida. Cuatro títulos después, Alonso terminó los Juegos como la dominicana con más medallas de oro en esta edición.
Rosa Ramírez: un oro acompañado de una confesión personal
La victoria de Rosa Ramírez en lanzamiento de bala tuvo un componente que fue más allá del resultado deportivo.
La dominicana conquistó el oro con un lanzamiento de 18.60 metros en su tercer intento. La cubana Dianelis Denis consiguió la plata con 18.57 metros, mientras que la granadina Kelsie Murrel obtuvo el bronce con 16.92.
La diferencia entre las dos primeras fue de apenas tres centímetros.

Después de la competencia, Ramírez habló sobre el significado personal del resultado y reveló que enfrenta ansiedad y depresión. Explicó que una parte importante de su preparación consiste en trabajar con su propio diálogo interno para mantenerse enfocada y confiar en sus capacidades.
“No es decir siempre: ‘No, yo merecía estar aquí’”, expresó la atleta al referirse a ese proceso.
También explicó: “Sufro de ansiedad y depresión, es una lucha constante, auto hablarme para animarme a que sí puedo”.
Su declaración permitió conocer otra dimensión de una deportista que, detrás de la competencia y el resultado, también enfrenta dificultades personales.
Ramírez dedicó el triunfo a su pueblo, a República Dominicana y a ella misma. El oro, por tanto, no solo representó el primer lugar en la prueba, sino también un momento que la atleta vinculó con su propia experiencia y con el esfuerzo de mantenerse enfocada durante su carrera.
Unos Juegos que dejaron historias además de resultados
Santo Domingo 2026 terminó con una cifra histórica para República Dominicana, pero sus dos semanas de competencia dejaron algo más que 150 medallas.
Los Pigozzi mostraron cómo una tradición familiar puede convertirse en protagonismo deportivo; Melenciano llevó la inclusión a uno de los relevos más importantes de la pista; Alonso convirtió las dudas sobre sus condiciones físicas en cuatro títulos y Ramírez aprovechó el momento de una victoria para hablar de una experiencia personal que forma parte de su vida cotidiana.
A esas historias se sumaron las de atletas veteranos que disputaron sus últimos Juegos, jóvenes que debutaron en una competencia de esta magnitud y cientos de personas que hicieron posible el desarrollo del evento desde distintas funciones.
El balance deportivo quedará registrado en el medallero. Las historias, en cambio, son las que permiten entender lo que ocurrió detrás de cada resultado y por qué unos Juegos pueden significar mucho más que el color de una medalla.
