“A cada paso de mi vida he querido dejar un legado”

Durante sus estudios primarios y secundarios, Iluminada Concepción siempre se distinguió por su alto rendimiento en las asignaturas relacionadas con cálculos

Casi 42 años de la vida de Iluminada Virgen Concepción han transcurrido en las aulas por amor y vocación a la enseñanza, lo que le ha permitido avanzar en su formación tanto profesional y personal.

Graduada de Maestra Normal Primaria en la Escuela Normal Emilio Prod Homme en 1977, desde entonces ha pasado su vida en las aulas, con el claro propósito de transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones de estudiantes, maestros y maestras en servicio.

Y es que su dedicación, capacidad y vocación de servicio destaca por encima de su humilde origen, y pese a los obstáculos y limitaciones propias de las comunidades rurales, no limitó ni su desarrollo ni propósito de transmitir sus conocimientos a sus estudiantes.

“A cada paso de mi vida he querido dejar un legado”, expresó Concepción, quien obtuvo la licenciatura en Educación, mención Ciencias Físicas y Matemáticas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

1. Circunstancias familiares
Nací en Fantino, municipio de la Provincia Juan Sánchez Ramírez, el 29 de noviembre de 1954. Soy la quinta de 9 hermanos, criados sólo por mi madre Andrea Concepción en medio de grandes precariedades económicas. Para procurarnos el sustento, mi ella se dedicaba a vender carbón, leña y frituras. Eso no permitió que accediera a la enseñanza escolar oportunamente, ingresando a los 9 años a la Escuela Emiliano Espaillat del municipio que me vio nacer. A pesar de mi ingreso tardío a la escolaridad, no impidió el éxito en el aprendizaje. A pesar de su situación económica y su baja escolaridad, mi madre, quien sólo alcanzó el segundo grado de primaria, siempre se preocupó porque sus hijos estudiáramos. Aunque tuvimos que trabajar a muy temprana edad, éramos hermanos muy unidos, unos limpiaban zapatos, otros sembraban arroz y vendían dulce para ayudar en el hogar”.

2. Formación académica
Cursé el bachillerato en dos años en el Liceo Secundario Padre Fantino, en Ciencia Físicas y Matemática y Filosofía y Letras, ya que por mis calificaciones y tener 18 años pude presentar dos cursos en un año. Desde pequeña me vi atraída por la enseñanza, improvisando una pequeña escuelita en el patio de mi casa, donde acudían los niños vecinos a realizar sus tareas de manera gratuita, aunque algunos padres me gratificaban económicamente. Cuando terminé el bachillerato, no tenía las condiciones para ingresar a la universidad, pero con la motivación de muchos de mis profesores, entre ellos José Castillo y Elena Peña apliqué para una beca en la Escuela Normal Primaria Emilio Prud-Homme, donde obtuve la tan deseada beca que me permitió en 1977 ingresar como maestra del nivel primario, siendo designada en la Escuela Cruce de Angelina, donde orienté por más de 14 años a niños del primer y quinto grado. En esa comunidad recibí reconocimientos de la Secretaría de Educación y de padres y estudiantes por mi labor, ya que además de la docencia también catequizaba a los niños y niñas”.

3. Amor por las matemáticas
En mis estudios primarios y secundarios me distinguí por el alto rendimiento en las asignaturas relacionadas con cálculos. Los compañeros de estudios siempre procuraban mi ayuda para que les explicara la clase de matemáticas, esto me llevó a inscribirme en el Centro Universitario Regional del Nordeste (CURNES) en la Facultad de Ciencias y Humanidades, específicamente en la carrera de Matemáticas y Física. Me gradué de Licenciada en Educación, Mención Ciencias Físicas y Matemáticas en la UASD. Desde entonces mi vida ha transcurrido en las aulas, con un claro propósito de transmitir mis conocimientos a las nuevas generaciones de estudiantes, maestros y maestras en servicio”.

4. Escuela Cruce de Angelina
En 1977 comencé a trabajar en la Escuela Cruce de Angelina, todos sabemos la situación de la educación en ese época, aulas muy pobladas, en mi primer año escolar tenía 72 alumnos con 17 pupitres, entonces optaba por sentarme en el piso con ellos y echar a un lado el mobiliario. También había mucha escases de materiales que podían servir de soporte para una correcta orientación en la enseñanza de los alumnos, mucho de ellos estaban en sobre edad, los grupos eran muy heterogéneos en cuanto a este aspecto, no todos podían apropiarse de los conocimientos al mismo tiempo, por lo que se llama el ritmo de aprendizaje. Además, no es lo mismo orientar, tratar de alfabetizar a un niño de 7 años, de 9, de 12 y hasta de 14 años en primer grado, pues como todos sabemos en cada etapa de la vida responde a características personales y psicológicas muy diferentes, y esto puede generar un tanto de problemas a la hora de tratar de enseñarlos. En esa época, Care Dominicana enviaba alimentos a las escuelas, como no había conserjes, ni personal de apoyo, los maestros, simultáneamente con la docencia teníamos que cocinarlos. También, muchas madres nos ayudaban en esta labor. Eso duró los primeros dos años de mi gestión como maestra. Luego el programa desapareció, ya no había almuerzo o merienda en la escuela, entonces el problema se tornó mayor, ya que no era raro ver a las 10 de la mañana o las tres de la tarde a varios niños llorando porque tenían hambre. Entre las maestras les comprábamos jugos, galletas y a veces mandábamos a preparar algo de comer para los niños que tuvieran mayor necesidad”.

5. Proceso de aprendizaje
Otro aspecto que dificultó mucho el proceso de aprendizaje de los alumnos fue que al ser el Cruce de Angelina una comunidad completamente agrícola, dedicada al cultivo del arroz, en tiempos de siembra o cosecha había un ausentismo de los estudiantes muy notorio, pues muchos de ellos se dedicaban a trabajar junto a sus padres para poder sostener a la familia. Todas estas dificultades fueron un desafío para mí, una oportunidad para crecer como maestra, para poder aplicar diferentes estrategias de enseñanza para motivar a los niños y niñas. Para mí fue una experiencia grande, el haber trabajado en la educación primaria en esa época y me satisface de gran manera haber podido conducir a los alumnos en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Puedo decir que tuve éxito en ese sentido, y el éxito no es mío, sino de la comunidad, de mis alumnos y de los compañeros que tuve en esos momentos. En esos primeros años puedo destacar a la coordinadora de la escuela y maestra de dos tandas, la profesora Rosa Herminia Castro, una mujer abnegada y dedicada en todo momento. También a la profesora Tomasina Germania Pérez que en conjunto podíamos trabajar con los alumnos”.

6. Alfabetización
A mi llegada al Cruce de Angelina, en el tercer grado había alrededor de 20 niños sin alfabetizar. Recuerdo que llegamos a un acuerdo con la directora de que iba a trabajar con ellos en los recreos hasta lograr su alfabetización. En esa época la ausencia de libros de textos era muy notoria y los padres, muy pocos podían comprar alguno que sirviera de soporte. También la carencia de cuadernos y lápices, porque era una comunidad muy humilde en cuanto a economía se refiere. Trabajar en esa comunidad se convirtió para mí en una gran oportunidad y al mismo tiempo un desafío para que pudiera en un futuro poder recibir los galardones, y no solo eso, sino de sentir el orgullo de que puede orientar a los alumnos. Hay que recordar que en la manera de que un pueblo se educa, los niveles de pobreza desaparecen. En enero de 1987 dejé la tanda vespertina en el Cruce Angelina y pasé a formar parte del cuerpo docente de la Escuela Emiliano Espaillat como maestra del primer grado”.

7. Esposo e hijos
Trabajando en la Escuela Cruce de Angelina conocí a Delfín Antonio de la Rosa, con quien años más tarde contraje matrimonio y procreamos 3 retoños que han animado mi vida. Ellos son Carlos David, Delfín Andrés y Dioranny Andrea, a quienes me tocó criar y formar prácticamente sola por el fallecimiento de mi esposo cuando todavía estaban muy pequeños”.

En la Emiliano Espaillat conducía a niños y niñas de más de 7 años, que eran cero, cero como se le decía a los que entraban sin tener experiencia alguna de docencia. Allí logré alfabetizarlos en un tiempo que se diría récord, ya que algunos eran evaluados y promovidos al tercero, mientras que otros a mediados de año pasaban a segundo, lo que cubría la brecha de la sobre edad. En la Emiliano Espaillat tuve una vasta experiencia, pues era una escuela con una trayectoria de excelencia que la mantiene hasta hoy en día. Allí permanecí hasta 1992. Pero previo a eso, en 1982 renuncié a una tanda de la Escuela Cruce de Angelina y pasé a laborar como maestra en el área de Física y Matemáticas en el liceo secundario Padre Fantino, a solicitud del entonces director, el licenciado José Manuel Castillo, a quien profeso gran admiración, pues todo el maestro que tuvo la oportunidad de trabajar con él, creció mucho en cuanto a su nivel académico y sus relaciones humanas. Duré en el cargo de profesora hasta 1995, luego pasé a la subdirección del liceo. En el 2000 pasé a ocupar el cargo de directora hasta 2018. Trabajar en estos centros lo considero como una gran oportunidad para mi crecimiento como profesional, la empatía entre los maestros y el personal en los centros que laboré, convertía el espacio en un ambiente muy ameno y gratificante que permitía el crecimiento. También trabajé como facilitadora de muchos talleres en el Distrito y en la Provincia sobre la Metodología de la Enseñanza de las Matemáticas”.

9. Pasión por la docencia
Impartir docencia es lo que más me apasiona, por sentir que es una oportunidad para elevar el nivel académico de mis estudiantes, por lo que hago acopio de la frase educar es enseñar a vivir mejor, una expresión muy usada en la década de los años 90 en el marco del Plan Decenal de Educación y la Transformación Curricular”. Mi formación académica y la dedicación a la enseñanza facilitó que recibiera reconocimientos por parte de las instituciones que trabajé llámese centros educativos, universidades, así como compañeros de trabajos, padres de familias, iglesias tanto católica como evangélicas, sindicatos, entre otras”.

10. Experiencia más gratificante
Una experiencia gratificante en mi ejercicio docente es el haber podido orientar con éxito a la mayoría de mis alumnos, no solo académicamente sino en la formación en valores. Un hecho que me satisface es el haber participado como facilitadora en el Programa de Profesionalización de Maestros Bachilleres en Servicio, tanto en la UASD como en la UTECO. También el impartir cursos talleres a maestros sobre Metodología de la Enseñanza de las Matemáticas y el Uso de Materiales Didáctico para el área. He sido facilitadora del área de Matemáticas, Programa Nacional de Capacitación de Maestros de Educación Básica, Programa UASD-PRODEP, facilitadora del área de Matemáticas del Programa Nacional de Capacitación de Maestros Bachilleres en Servicio, en el Instituto Tecnológico del Cibao Oriental, entre muchos otros”.

Reconocimientos

En 1998 recibí el Premio Eugenio María de Hostos al Mérito Magisterial, fui elegida luego de presentarme como postulante de ese premio, a través del Distrito Educativo 16-02 al cual pertenezco y de la Dirección Regional 16 de Cotuí. Gané el premio por los méritos acumulados hasta el momento, en ese tiempo tenía 22 años de servicios y fue una experiencia que me llenó de satisfacción, pues se dice que el honrar honra, pues me sentí muy honrada por recibir tan preciado galardón. Fue un segundo lugar, porque se tomaba en cuenta tanto el nivel académico como los años en servicios.

En 2003 fui reconocida por el Senado de la República por una propuesta de los senadores de cada provincia, me eligió el senador Papo Luna, a quien agradezco la distinción, además de otras personalidades que hicieron la sugerencia para recibir tan preciado galardón.

En 2020, ya con una propuesta del Ministerio de la Mujer de Fantino, Municipio de la Provincia Juan Sánchez Ramírez se hizo la propuesta para la Medalla al Mérito de la Mujer Dominicana en el renglón Educación. Estoy altamente agradecida de todas las distinciones que he recibido y por el apoyo de los compañeros maestros y maestras y por las autoridades. Estos reconocimientos son un compromiso a seguir trabajando en las comunidades desde distintos renglones como son las actividades religiosas, sindicales, entre otras.

Experiencia
A pesar de la situación económica y su baja escolaridad, mi madre, quien sólo alcanzó el segundo grado de primaria, con mucho esfuerzo siempre se preocupó porque sus hijos pudiéramos estudiar.

Colaboración
Desde pequeña me vi atraída por la enseñanza, improvisando una pequeña escuelita en el patio de mi casa donde acudían los niños vecinos a realizar sus tareas escolares, de manera gratuita.

Satisfacción
Una experiencia gratificante ha sido poder orientar a mis alumnos, no solo académicamente sino también en valores”.

Casamiento
En el Cruce de Angelina conocí a Delfín de la Rosa, con quien contraje matrimonio y procreamos 3 retoños que han animado mi vida”.

Precariedad
En mi primer año como profesora en el Cruce de Angelina tenía 72 alumnos con 17 pupitres, entonces me sentaba en el piso con ellos y echaba a un lado el mobiliario”

Agradecimiento
Me siento muy orgullosa y mis reconocimientos los dedico a mi comunidad y a los centros educativos donde trabajé por darme la oportunidad de ejercer mi labor”.

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