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“Para que la UASD sea exitosa debe procurar la unidad”

Muchos logros exhibe el profesor Porfirio García durante su gestión frente a la Universidad Primada de América, pero sin dudas, la mejor valoración de sus tres años como rector de esa casa de estudios superiores, es haber logrado la integración&#823

Muchos logros exhibe el profesor Porfirio García durante su gestión frente a la Universidad Primada de América, pero sin dudas, la mejor valoración de sus tres años como rector de esa casa de estudios superiores, es haber logrado la integración de los distintos sectores que habitan a lo interno de la UASD.
Durante el encuentro para realizar esta entrevista, García mostró algunas publicaciones de ese entonces, donde los editoriales de los diarios de circulación nacional le daban su respaldo a las iniciativas ejecutadas durante su mandato.

Las obras de infraestructura para mejorar áreas de vital importancia como El Economato, el Comedor, la construcción del edificio de la Federación de Estudiantes Dominicanos, las cuatro puertas de acceso a la universidad, entre otras, fueron ejecutorias que le valieron el reconocimiento de la familia universitaria.

Con orgullo y satisfacción muestra las placas de reconocimiento que le otorgaron estudiantes y empleados de la UASD que se sintieron identificados con su trabajo y que respaldaron la forma decidida con que se embarcó en la titánica tarea de lograr la unidad y la armonía de los sectores que integran la primera universidad de América.

En lo personal agradece profundamente a la UASD por haberlo formado y acogido, pero más que nada, les da las gracias a sus padres por la incalculable herencia de trabajo y esfuerzo que hasta el día de hoy guía sus pasos y que espera sea el mismo que continúen sus hijos.

1. De Baitoa
Tuve la dicha de tener unos grandes padres. Nací en Baitoa. Mi madre se llamaba Leonarda Fernández Valerio; mi padre, que era de Salcedo, se llamaba Porfirio García Díaz. Nací en Baitoa, pero me trajeron a la capital cuando tenía un año y medio, porque mi abuelo, gran productor de tabaco y del famoso andullo, que se usaba para pipa, se trasladaba a diferentes comunidades. Mi abuelo se llamaba José Ramón Fernández Fernández. En ese entonces éramos seis hermanos, después llegamos a ocho. Al llegar a la capital vivimos en diferentes sectores. Mi padre era comerciante. Vivimos en San Carlos, en San Lázaro y luego nos fuimos a la Zona Colonial en la calle Padre Billini. Ahí cultivé grandes amistades.

2. Mejor herencia
El legado de mis padres, porque uno puede pasar por la mejor universidad del mundo y vas a obtener conocimiento científico, pero la primera universidad, para mí, y además la más importante, es el hogar. Si mis padres no fueran quienes fueron, difícilmente hoy yo estuviera aquí hablando de mi desarrollo profesional. Mis padres me educaron a mí y a mis hermanos en valores. Por eso siento un profundo agradecimiento con mi familia, por haber contribuido con mi formación. Me voy a ir de este mundo con ese ejemplo, no me voy a torcer, por no faltarles a ellos.

3. La educación
Estudié en la capital, desde la primaria hasta llegar a la universidad, hasta que me fui al extranjero. Como joven tuve una formación acorde con los acontecimientos de aquel entonces. Fui un luchador por la libertad y la democracia de este país. Me inicié con Aliro Paulino, en el colegio San Antonio, de San Carlos, después fui a escuelas públicas, como el liceo Intermedia Argentina, Eugenio María de Hostos, en la Perito de Contadores, pero quería ser abogado. Concluí mis estudios de bachillerato. Me hice bachiller en Filosofía y Letras. Allá estuve seis años. Mi cuñado, Yan- Erick Ohlund, fue quien me abrió las puertas en Europa, que aunque es de mi edad, digo que es uno de mis padres.

4. Lucha política
Agradezco haber participado en la lucha política cuando era joven, porque eso contribuyó a mi formación como mejor ser humano. Era dirigente estudiantil de la Unión de Estudiantes Revolucionarios y, en la misma universidad, fui dirigente de Fragua. Yo luché por la libertad y en contra del Golpe de Estado a Juan Bosch, y luché junto a los militares para reponer a Juan Bosch. Fui combatiente. Tenía 17 años, en ese entonces. Formé el Comando de Poasis, conjuntamente con Roberto Cassá y varios amigos de ese entonces. Salí herido. Te voy a decir algo: Lyndon B. Johnson cometió un grave error para mí con la ocupación militar e incluyendo personas en una lista de los 52 comunistas, entre los que estaba yo. Ese pasado contribuyó mucho en lo que es nuestra sociedad. El ser humano debe pensar en su país.

5. Vida estudiantil
Ingresé a la Universidad en el año 1966, me incliné por Economía. Tuve la oportunidad de ser de la primera formación propiamente de Economía. En ese entonces, no había postgrado, ni maestrías. Entonces hice la proyección de irme al exterior. Me gradué el 29 de septiembre de 1972 y me marché el primero de octubre de 1972, es decir, dos días después. Entonces, mi amigo Narciso Isa Conde me dijo que estaban buscando profesionales con nuestros perfiles para enviarlos a Bucharest a hacer doctorados. Me fui y concluí en el año 1978.

6. El regreso a casa
Mi meta siempre fue retornar a mi país. Retorné al país, sin problemas. Ya estaba don Antonio Guzmán en el poder. Cuando llegué fui a visitar al profesor Gustavo Sánchez Díaz, porque su hermana había sufrido un accidente. Le dije que yo me iba a dedicar a la investigación y me dijo que a él lo acababan de nombrar en Inespre y que me necesitaba en la Gerencia de Planificación. Ahí duré cierto tiempo como gerente.

7. Rumbo a la rectoría
Desde antes de irme del país, ya yo ejercía mi profesión y escribía mucho sobre temas económicos. En eso me llamaron para participar en un concurso en el año 1980. Fui y gané, pero mi objetivo no era dar clases. Había ocupado posiciones gerenciales en el sector público y en el sector privado, y cuando llegué a la UASD iba a dar una sección, pero con el tiempo eso cambió. Cuando llegué a la universidad, ya yo era gerente. Conocía los aspectos financieros. Ya tenía dos secciones y me llamaron para que participara en un concurso como Coordinador de Cátedra. En el 86 vienen los cambios y me retiran del sector público. Ahí se me presenta la oportunidad de ser director de escuela, luego mi amigo Edylberto Cabral, me dijo que quería que yo fuera vicedecano de él, y acepté. Después él aspiró a ser rector, yo siempre fui de su equipo y aprendí mucho de él. Entonces él me propuso como decano y gané. Yo seguía opinando mucho sobre economía. En eso llegan las elecciones y había cinco amigos que aspiraban a la rectoría, y yo gané.

8. Amigos y compañeros
Para alcanzar ese triunfo, conté con un excelente equipo de mujeres y hombres que no pensaban en Porfirio, sino que pensaban en la universidad. En mi equipo habían cinco mujeres, primera vez, que eran Diana Contreras, Clara Benedicto, Emma Polanco, Evarista Matías y Marcia Corporán. También debo mencionar los trabajos realizados por Iván Brugal, Editrudes Beltrán, Franklin García Fermín y los profesores Pichardo y Lama. Este era mi equipo. Fui elegido en el periodo 2002-2005. Un periodo muy difícil que lo sentimos todos. A pesar de esa crisis, ahí nunca el pago se atrasó, nunca se fue la luz, nunca hubo problemas. Desde la rectoría, siempre le daba la cara a la gente y a las adversidades. Nunca me hicieron huelga y lo que más me enorgullece es que tengo reconocimientos que me entregaron empleados y estudiantes. Guardo el reconocimiento que me hizo la Federación de Estudiantes Dominicanos.

9. Medidas necesarias
La UASD debe procurar la unidad de los sectores que intervienen en ella, el Gobierno debe repensar su rol frente a la universidad y deben realizarse las reformas necesarias para consolidarla aún más. Para que la universidad sea exitosa debe procurar la unidad, dejar atrás el grupismo, el miramiento personal, el aspecto político. Tiene que ver solo el aspecto académico. Demostré, gracias al legado que me dio mi familia, que se puede actuar y hacer las cosas que corresponden. Soy hijo de la universidad. En términos profesionales, le agradezco eternamente a la UASD.

10. La familia
Me casé en el año 1981, con Feliciana Rojas, a los tres años de regresar de Europa. Tenemos tres hijos. Ella trabajaba en Inespre y yo también trabajaba ahí, con un gran hombre, Gustavo Sánchez Díaz. Ahí la conocí y nos casamos casi seguido. Compramos esta casa donde aún vivimos. Me siento muy orgulloso de mis hijos. Primero quería dos hembras y así fue. La primera se llama Mariel Elisa, después nació Massiel Josefina, y finalmente Porfirio Miguel. Estos jóvenes se han formado siguiendo el ejemplo de sus padres. Mi esposa fue profesora y yo tuve el honor de haber sido profesor durante 30 años en la UASD. Mis dos hijas son profesionales en el área de la administración financiera y el más pequeño es cirujano. Los tres se inclinaron por la docencia. Cuando terminé mi rectaría, terminé la vida académica. Me dedico a la consultoría y asesoría. l

La importancia de un buen equipo

“Lo más difícil fue el reordenamiento de la universidad. Tuve grandes retos, sobre todo de corte financiero. Logré una estabilización financiera. En el aspecto de dirección de la universidad, fui una persona muy abierta, los escuchaba a todos y pude mantener  la armonía en la población universitaria. Yo tuve un acuerdo previo entre mis señoras y mis tres hijos, de que en esos tres años me concentraría en la universidad. Logré sanear la universidad en términos financieros, de no dejar deudas cuando salí de la rectoría. Le agradezco siempre al equipo que me acompañó, que contribuyó a que ejerciéramos una función global, no parcial. Yo iba a comer en el comedor con los estudiantes. Agradezco a los presidentes Hipólito Mejía y Leonel Fernández por el apoyo que le brindaron a la universidad. No hay una universidad en América Latina con 19 recintos. En la época mía había 156 mil estudiantes. Logré un aumento de 41 por ciento en la matrícula estudiantil, busqué la unidad de la familia universitaria. Mantuve los vínculos con todos los gremios. En la UASD no había puertas y le pedí a un arquitecto que me hiciera una propuesta para construir puertas de entrada a la universidad. Hicimos cuatro puertas en total. Impulsé mucho los vínculos de la UASD con el exterior. Fui fundador de la Macro universidades Públicas de América Latina y el Caribe. Dando seguimiento a la política de Edylberto Cabral, impulsé en EEUU cursos de apoyo a los dominicanos que residían allí y que no tenían su título porque le faltaban dos o tres asignatura, y realizábamos la investidura allá. Impulsé las publicaciones en la universidad, al extremo de que en la Feria del Libro del 2013 pusimos en circulación 55 libros que habíamos hecho. Yo estimulaba a los profesores e historiadores y nosotros asumíamos el gasto de esas publicaciones.  Transformé El Economato, hicimos el edificio de la Federación de Estudiantes Dominicanos. Todo con recursos propios. Lo más importante es que logramos la unidad de la familia universitaria. Deje una universidad sin problemas y logramos significativos aumentos de salario para los empleados.

Legado
Heredé el legado de mis padres, porque uno puede pasar por la mejor universidad del mundo y vas a obtener conocimiento científico, pero la primera universidad, para mí, y además la más importante, es el hogar.

Profesor
Desde antes de irme del país, ya yo ejercía mi profesión y escribía mucho sobre temas económicos. En eso me llamaron para participar en un concurso en el año 1980. Fui y gané.

Docente
Había ocupado posiciones gerenciales en el sector público y privado, y cuando llegué a la UASD iba a dar una sección, pero con el tiempo eso cambió. ”

Valor
Siempre le daba la cara a las adversidades. Lo que más me enorgullece son los reconocimientos que me hicieron empleados y estudiantes”.

Unidad
En el aspecto de dirección de la universidad, fui una persona muy abierta, los escuchaba a todos y mantuve la armonía en la población universitaria”.

Labor
Le agradezco siempre al equipo que me acompañó, que contribuyó a que ejerciéramos una función global, no parcial”.

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