Es triste que tenga que morir alguien para que se le reconozcan sus aportes. Willie Colón, nacido en el Bronx, de padres puertorriqueños, fue una de las principales vigas de la salsa, por su autenticidad, originalidad e inquieta creatividad.
Un periodista colombiano le llamó El Malo, pero por lo que él llamó “inconsecuencia política”, es decir, ser de derechas.
Willie Colón hizo más de un aporte a la salsa y a que la vida fuese mejor. Desde el punto de vista de la estructura musical, le dio protagonismo al trombón dentro de la orquesta. Y en sus arreglos siempre ese instrumento de viento tuvo primacía. Fue, probablemente, el primero que incluyó arreglos sinfónicos con cuerdas de colchón en muchos de sus temas.
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Sus canciones fueron poéticas, profundas, generosamente líricas, pero de un lirismo diferente, donde el amor se entremezclaba con elementos de lo cotidiano, rehuyendo al romanticismo ñoño. Sus letras abordan, con valentía, otra realidad poco abordada en la música hasta ese momento. Probablemente haya escuchado lo que venía haciendo la llamada Nueva Trova cubana, y en especial el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC bajo la dirección del maestro Leo Brower. Eso se siente en algunos temas o es coincidencia. Y en ese aspecto la colaboración entre Rubén Blades y Willie fue trascendental también porque unía dos puntos de vista diferentes sobre la vida en un mismo aspecto: lo social.
Hoy día releer cualquiera de sus canciones, es adentrarse a una poética que atrajo hacia sí a creadores e intérpretes como Héctor Lavoe y el propio Blades.
Un «fantasma» poético
Ejemplo de sofisticación de su propuesta personal es Fantasmas (1981), su segunda producción en solitario, producido para el sello Fania Records. Con este disco continuó con los coros femeninos, siendo su estructura menos ambiciosa en cuanto a la orquestación y la producción en general. Wiille Colón compuso cinco de las ocho canciones del disco, donde destacaron: el merengue con elementos del rock, del samba, del reggae, y de la música sinfónica con Amor verdadero, la para mí insuperable Mi Sueño, la samba salseada Oh, que será del compositor brasileño Chico Buarque y Toma mis manos, la canción que cierra el álbum.
El WIllie Colón de Fantasmas era ya un músico hecho y derecho, en plena madurez, un músico desarrollado, uno de los grandes pilares más reconocidos de la industria salsera. Menos gustada en aquel tiempo Volar a Puerto Rico, fue un tema con aires bien marcados de la plena, y en vez de un cuatro, la guitarra fendler eléctrica, elementos del jazz y del samba y sinfónicos.
Otro tema, Al dormir, es una balada de amor, completo con cuerdas y todos los efectos necesarios.
Pero de todos los temas Mi sueño, más conocido como Bohemía, es un manifiesto poético y una de sus mejores creaciones. Le letra encierra ciertos misterios. Como su quinto verso, donde habla de abelos o avelos. El tema arranca con la clave del son y cuerdas sinfónicas, que van armando un entretejido con elementos del samba y el cuatro puertorriqueño en ritmo total de plena.
