B.B. prefería a los animales antes que a su hijo

En su residencia en Saint Tropez, dijo adiós a este mundo, la actriz francesa Brigitte Bardott.
Si se desmayaba en vez de volver en sí, volvía en no.

Brigitte Bardott (28 de septiembre de 1934-28 de diciembre de 2025), conocida como la B.B. era el némesis de la rebelión contra todas las banderas. Tanto así, que se rebeló no solo contra todo lo que se suponía impuesto e inamovible, sino contra sí misma y contra los seres humanos.

Fue, cuando emergió, para Simone de Beauvoir la representación de Lolita. La B.B. le inspiró el ensayo “El síndrome de Lolita”, en la revista francesa Les Temps Modernes, que codirigía con su esposo Jean-Paul Sartre, donde la describía como una ‘locomotora de la historia de las mujeres’.

Para los cineastas que simbolizaron la real revolución francesa cinematográfica -la Nouvelle Vague-, Brigitte Bardot significó la sensualidad de una Francia tan intelectual como saliente de la postguerra. Jean Luc-Godard la eternizó en Le Mépris (1963), después que Roger Vadim, su esposo entonces, la lanzara a la posteridad en Y Dios creó a la mujer (1956) y Los joyeros del claro de la luna (1958), donde explotó la exuberante sensualidad de la mujer que hizo de Ursula.

Bardot se constituyó en el símbolo preponderante de lo erótico y a la vez de la rebeldía contra lo pacato.

En total participó en más de 40 películas desde 1952 hasta 1973., que fue el año del antes y el después.

En 1973 la Bardot confesó que se sentía prisionera de sí misma. Y decidió dejarlo todo, alejarse de los focos, y callarle la boca al fantasma del mismísimo Charles De Gaulle (1890-1970), quien había dicho de ella: “Brigitte Bardot aporta más divisas a Francia que Renault”, que era mucho decir.

A partir de 1973 y tras salvar una cabra, creó la Fundación Brigitte Bardot (1986) y se convirtió en una figura clave en la protección animal. Llegó a tener más de 1000 animales abandonados en su casa, gestionando su cuidado a través de granjas y centros de acogida. Luchó por focas (incluso llegó a protestar en Canadá), perros callejeros, elefantes, delfines y se opuso a las corridas de toros y la caza. En su casa en Saint-Tropez, acogió perros, gatos y burros abandonados, y dedicó su vida a la defensa de todas las especies, desde focas hasta caballos y ciervos, luchando contra caza y el maltrato.

Brigitte a los ojos de los adolescentes

En la adolescencia ir a ver a la B.B. en las películas del cine de barrio era una de las experiencias más estremecedoras para todos los que a esa edad tenían en estado de ebullición permanente las hormonas rebeldes.

Cuando aparecía con las piernas, la espalda, los muslos, los hombros desnudos, y aquella mirada entre ingenua y socarrona, provocaba admiraciones muchas veces impublicables.

De pronto, las pantallas dejaron de tener presentes su sensualidad fresca y cálida, libérrima y única, mirándonos de reojo, como de pasada, con lo que te hacía sentir que te había mirado o aquello de Quevedo: “el mirar zambo y zurdo es delincuente / vuestras luces izquierdas lo delatan”.

Años después, salir a flote

De su retiro emergió una mujer gruñona, que creía más en los animales que en los seres humanos. Que en 1996, arremetió de manera cruel contra su único hijo, Nicolas-Jacques (quien ahora tiene 65 años), en su libro “Initiales B.B.: Mémoires”, donde confesó dijo una vez del hijo (el único que tuvo) “Habría preferido parir un cachorro”, llegando a comparar su embarazo con “un tumor que se había alimentado de mí, que había llevado en mi carne hinchada, esperando solo el bendito momento en que finalmente me liberaría de él”.

“Habiendo llegado a su clímax la pesadilla, tuve que asumir de por vida el objeto de mi desgracia (…). Me convertí en madre justo cuando no debía. Lo viví como una tragedia. Eso hizo que dos fueran desafortunados: mi hijo y yo”, siguió escribiendo.

Por aquellas palabras, la actriz fue demandada ante la justicia ya que Nicolas y Jacques Charrier, su padre y segundo esposo de la actriz, la demandaron por seis millones de francos franceses (algo más de 900.000 euros) en daños y perjuicios y otros cinco millones más (alrededor de 750.000 euros) a la editorial Grasset.

Un año después, el juez estimó que a sus familiares debía abonarles solamente 150.000 francos (casi 23.000 euros) y la editora otros 100.000 (15.200 euros) francos.

Fue en 1963, cuando se divorció del actor Jacques Charrier, el niño se quedó bajo su tutela exclusiva.

Bardot no quiso saber de él, ni se interesó en él a lo largo de su adolescencia y tampoco le importó lo que iba a ser de su vida. Se desentendió por completo de sus estudios.

Años después, su último marido Bernard d’Ormale, hizo que las relaciones entre madre e hijo al menos fueran cordiales y hasta se casaron en Noruega, donde reside su único hijo, quien le dio nietos y biznietos… que tampoco le interesaron para nada. Pero al menos, tuvieron una relación cordial.

¿Serán esas cosas feas lo suficientemente fuertes como para olvidar la impronta de una mujer que estremeció el mundo desde las pantallas de cine?

Probablemente puede que sí, que superen en la muerte que acaba de ocurrir.

Habrá que ver si alguien la recuerda en 10 ó 20 años. Tal vez los burros que crió, si están vivos.”.

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