Bad Bunny bautizó «No me quiero ir de aquí» su exitosa residencia en Puerto Rico culminada el domingo, y seguro Puerto Rico tampoco quiere que se vaya.
Su estancia en el Coliseo José Miguel Agrelot marcó un récord sin precedentes: 30 conciertos, más de 600,000 asistentes y un impacto económico estimado en 713 millones de dólares, casi cuatro veces más de lo proyectado inicialmente, según un estudio de la consultora Gaither International.
Las cifras de la residencia de Bad Bunny
- 30 conciertos agotados en el Coliseo de Puerto Rico.
- 600,000 asistentes entre locales y turistas.
- Impacto económico de $713 millones, 4 veces lo previsto.
- Sectores más beneficiados: turismo, transporte y gastronomía.
- Visitantes permanecieron en promedio 8.7 noches en la isla.
Asistencia y perfil del público
El informe precisa que el 55% del público fue local, 39% proveniente de Estados Unidos y un 6% de otros países, entre ellos República Dominicana, Colombia, España y México. Los visitantes internacionales permanecieron en la isla un promedio de 8.7 noches, generando ingresos en hoteles, alquileres temporales y hospedajes familiares.
Más allá del Coliseo, la experiencia de los asistentes incluyó actividades turísticas: el 82% visitó playas, el 69% acudió a restaurantes, el 57% disfrutó de la vida nocturna y un 55% recorrió el Viejo San Juan.
Sectores económicos beneficiados

Los sectores más favorecidos fueron turismo, gastronomía, hospedaje, transporte, comercio y producción técnica. El evento generó incremento en vuelos, taxis, servicios de Uber y Lyft, así como mayor uso del Tren Urbano durante las noches de espectáculo.
En términos de ingresos directos, el estudio detalla que los residentes locales aportaron 126 millones de dólares. Entretanto, los visitantes de Estados Unidos 507 millones y los turistas de otros países 80 millones.
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Este impacto coloca a la residencia de Bad Bunny como uno de los eventos culturales de mayor peso económico en la historia reciente de Puerto Rico. Para las autoridades y la industria turística, el fenómeno consolida a la isla como destino musical de referencia en el Caribe.
Con “No me quiero ir de Aquí”, Bad Bunny no solo reafirmó su liderazgo en la música latina, sino que convirtió a Puerto Rico en epicentro cultural y económico. Un hito que trasciende la música para insertarse en el debate sobre el potencial del entretenimiento como motor de desarrollo.
