La realización el domingo pasado en el Canal 9 Color Visión de la final de Pequeños Grandes Talentos, puso de manifiesto la necesidad de espacios de creación y expresión para el arte que se son capaces de exponer los niños y adolescentes dominicanos.
“Esto se fuñó” dicen muchos cuando observan en las redes expresiones “artísticas” en las que se denosta de las mujeres (incluso por las mismas féminas), se recrean y crean nuevas palabras del amplio diccionario de la grosería, la vulgaridad y el insulto, o se empobrece musicalmente un género. Pero somos lerdos, cuando menos, para respaldar proyectos como Pequeños Grandes Talentos, donde año tras año ha ido formándose una guerrilla del buen gusto y del buen hacer.
Este año ese festival creado por Iván Ruiz y que se transmite por Color Visión tuvo un final de infarto, de tan excelentes que eran las propuestas de los finalistas. De hecho, Elio Gómez, un niño de apenas 7 años, que tiene un repertorio con salsas, boleros, merengues y otros géneros, se fajó de tú a tú con el pichón de pianista clásico Luis Justo, quien ganó el 1er lugar. El 3ro fue para Sebastián Pérez, otro niño lleno de carisma, que cantó… una ranchera.
Ese un, dos, tres, es de lo mejor que ha sucedido en la historia de Pequeños Grandes Talentos. ¿Por qué?
Mezclar la gimnasia con la magnesia
Para futuras ediciones PGT debería tener dos secciones diferentes, como debió ocurrir aquí: la música sinfónica y la música popular. ¿Po qué? Porque siempre la popular saldrá perdiendo.
Cuando vez a un niño como Luis Justo tocar el Vals del Minuto de Chopin, con tal calidad, siempre saldrá ganando contra el mismísimo José José redivivo si lo pones a competir. Si pones a cantar a Alan Hierro un aria con esa voz que tiene,ahí va más parejo con Luis. Mas no si Luis compite con cantantes de rancheras, por muy bien que lo hagan y mucho carisma que tengan.
La final de PGT demostró el potencial de talentos que hay regados por todo el país en los niños -que no todos están al tanto del dembow- y la necesidad de sembrar casas de cultura y centros culturales por todo el país. Pero para eso no solo faltan las edificaciones, sino personas preparadas como instructores, capaces de enseñar la apreciación de las artes y la música y decantar a los reales talentos que van apareciendo.
Respaldo, respaldo, respaldo
Este esfuerzo que muchos le critican a Ivan Ruiz, visibiliza el potencial, y también la necesidad de respaldos. Empezando por el propio canal que debería regalar estas pocas horas cada año a la producción. El costo es de varios millones. Y si se cobra la mitad, como a este mortal le parece que ocurre, entonces la situación empeora.
Ivan Ruiz debe crear un Patronato que respalde PGT, con esos “ángeles” que él llama que cada año aportan a la causa. Pero además el estado debería tener una actitud de respaldo absoluto, no solo a través de los comerciales que pueda aportar, sin gravamen, sino también de los premios, con oportunidades de becas para estudiar a quienes lo merezcan.
Sería bueno también refrescar estilísticamente los diseños de vestuario de los niños y niñas que participan. No se trata de disfrazarlos de adultos, sino de demostrar incluso hasta “madurez” artística, desde la maravillosa imagen de la infancia.
Invitados y en qué consistió primer premio
Niní Cáfaro estuvo invitado en el jurado final. El Blachy y Ebenezer cantaron y colaboraron en la final de PGT.
El Primer premio consistió en la producción de un tema musical valorado en un millón de pesos, la grabación de un videoclip musical, un viaje a Cancún, México, un fin de semana en AHMSA Marina, 100 mil pesos en efectivo para la compra de útiles escolares y la contratación en el programa de televisión Topi Tok por un año.
