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Luis Fonsi, ausente por siete años de Santo Domingo, regresó cambiado en su propuesta y más pulido en la escena.

Su entrada tras desmontaje de Reik y el montaje de su propio show, fue impactante, con un artista más rítmico, menos baladista, más cercano a la música urbana que a su camino anterior. La elegancia del vestuario, con trajes de lentejuelas, el movimiento de las coreografías y bailarines desde el tema Dolce, de su más reciente disco Ley de Gravedad abrió el show.

Con Sebastián Yatra y Nicky Jam secuenciados, Date la vuelta, coreografías incluidas.
Le siguieron Se supone, del 2003, Corazón en la maleta, Nada es para siempre, de Amaury Gutiérrez; Vacaciones su más reciente hit con Manuel Turizo lanzado a inicios del año. Ese segmento cerró con Imposible, grabada a dúo con Ozuna y Party animal, grabada en inglés con Charly Black.

Efectos especiales, chorros de fuego, mucho ritmo y movimiento. Cantó Calypso, entregó un medley romántico, guitarra en mano, donde se refirió a canciones que le llevaron al corazón de su público.
Después aterrizó de nuevo en la exosfera de lo urbano con Bésame, del feat con Myke Towers. No me doy por vencido, una canción de hace 12 años, fue hablando ya del cierre. Y llegó el momento de su más grande hit, Despacito (popularizado junto a Daddy Yankee en el 2019). Salió de escena en falso final. Presentó la banda y salió de escena.

Aquí estoy yo, ya en bis, que había grabado con Bisbal, Noel Schajris y Alex Syntek, hace 13 años. Y el final fue con Échame la culpa.

Salió, la banda se mantuvo y volvió, le dieron una bandera dominicana que se puso al cuello. Dejó la banda en una onda rock pop, entreteniendo al público, hasta el baquetazo final.

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