El veterano actor filmó su primera película en 1957, en Martinica, y en 1959 “El derecho de comer”, en PR
El segundo más longevo actor en activo de Latinoamérica es el dominicano Salvador Pérez Martínez, El Pera, acaba de cumplir este sábado 26 de septiembre 99 años. El primero es el venezolano José Torres ‘Tacupay’, con 101 años. El miércoles pasado El Pera actuó en la gala inaugural de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, en el Teatro Nacional Eduardo Brito. En sus papeles dice 98, pero él asegura que es un año más. No es que quiera acelerar la llegada de los 100; quiere llegar. Hace ejercicios que uno de 66 es incapaz de hacer. Actúa desde los cinco años. El sábado pasado, en el stand de la Fundación El Demócrata fue entrevistado por el firmante y el sociólogo Rafael Hernández, en la feria del libro.
¿Cómo fue actuar en el filme Los Rechazados?
Me fue muy bien, me dieron un trato muy especial. Trajeron un primer actor peruano; el pobre hombre pasó trabajo, se colgó de mí cuando nos encerraron en una nevera, sintió que se estaba congelando y yo le dije, ‘pero usted acaba de entrar aquí, y yo tengo aquí como 15 minutos metido en la nevera’. Él tenía que caer hacia adelante y temía. Yo le dije, pero no tenga miedo, sencillamente tienes que caer y ya. ¿Usted cree? Digo, bueno, tú lo verás. Y cuando me tocó tenía que caerme y estaba casi congelado, caí dos veces, y me dice el director, ‘la otra vez usted cayó en el mismo sitio, mire que lo marcamos en el piso, usted no se dio cuenta, cae con las manos siempre en el mismo sitio’. Digo, bueno, seguro porque desde el mismo sitio me estoy tirando.
¿Por qué le dicen Perita?
La maestra de inglés me puso ese nombrete. Mrs. Furet, en la Escuela Normal. Me puso de ejemplo por un libro de inglés que trajeron, donde había un personaje muy pintoresco, que iba tirando flechas a todo el mundo. Ella dijo, “es fácil, díganlo en inglés, Little Peer (pero los muchachos no pronunciaban el inglés), díganlo ustedes como lo puedan decir. Bueno, ya está, en español, Little Peer, Perita. Copien de este hombre para que aprendan, el personaje de la obra era un tiguerito que tiraba muchísimas flechas, como usted, que vive tirándole piedra a todo el mundo aquí’.
¿Cómo es la experiencia de trabajar con gente profesional, y con gente sin experiencia?
El único problema que tuve fue mi primer film en Puerto Rico. Llegó un momento que el director me dijo, ‘Mire, ¿usted podría dañarme la escena?’ ¡Un momento!, le respondí, espérese. ¿Qué yo dañé…? Yo me voy para mi casa. Me dijo, ‘No, es que los camarógrafos se están quejando de usted. Digo: yo no he hecho nada a los camarógrafos. Me dijo, sí, pero es que ellos trabajan por horas. Usted no, usted tiene un contrato de varios miles, que hay que dárselo como sea. Llévenlo al paso, porque ellos ganan por horas y usted hace una toma y ya. Entonces me pidió: ‘dañe la escena de alguna manera, para que los camarógrafos puedan verlo. Y para que ‘coman’”. Nadie lo cree, pero por coincidencia, bañándome, resbalé en la bañera y me di un golpe y se me hinchó la cara así. Entonces el director me dijo, ¿qué se puso usted para hincharse la cara? Dijo, no, me dijo, mire, espérense. Usted está por un salario fijo, que yo tengo que pagárselo como quiera. Y los técnicos trabajan por horas y se quejaron. Digo, bueno, ahora van a ganar mucho, porque yo no puedo trabajar con esa cara hinchada. Tuvieron que esperar cuatro días. Fue una película de Arturo Correa. Que creo que fue su última película antes de morir. “El derecho de comer”. Una parodia de “El derecho de nacer”.
¿Cuáno fue su primera película?
Como en el 57 me llamaron unos franceses y filmé en Martinica. En el 59, al llamarme desde Puerto Rico, ya yo había hecho cine. Y me fue fácil, muy fácil.
¿En cuántas ha participado?
Aproximadamente unas 200 y pico..
¿Y en teatro?
400, 500 obras. ¡No sé exactamente!
¿Qué le pasó de niñito?
Yo estuve tres años sin poder caminar. Nací inválido. Y los médicos dijeron que no había nada que hacer. Y una señora a la que la gente acusaba de bruja, en la Calle Gloria, me acostaba en su pierna y me daba masajes fuertes con aceite de higuereta. Lo hacía cantando. Como era una persona semi-analfabeta, casi no se entendía. Pero el que tenía en su pierna tenía que oírla. De hecho, una vez en la escuela me dijeron. ¿Qué es lo que tanto fastidia tú? Si a ti te curó una bruja. Digo, ‘no, no, ella no era bruja’. ‘Sí, nosotros la vimos cantando brujería cuando te sobaba’. Digo, no, señor. Lo que pasa es que ella no tiene una cultura avanzada y canta el Padre Nuestro y el Ave María. y no pronuncia correctamente. Y la gente que pasaba escuchaba cosas raras y decían “La bruja esta haciendo brujería”. Aquí la gente también confunde curandero con brujo. Y no es lo mismo. Entonces ella era una curandera. Es que la gente ignoraba que la mujer dominicana del campo conoce el manejo de las hierbas, de las raíces, de la naturaleza. Lo aprendieron de manera empírica. Era aceite de higuereta. Y me sobaba todo desde la nalga hasta los pulmones. ¡Hasta que logré caminar!
¿Ud. tuvo problemas con Trujillo?
Bastante. Caí preso varias veces. Por casualidad caímos presos tres amigos. José Escudero, José Pabón de Villa Duarte y yo. Nos llevaron a la fortaleza. Teníamos 12 años. Nos dieron palos que no tenía madre. Un día nos sacan a barrer. Y el señor llegó a la fortaleza. Nos mandó a la panadería y al regreso me dice: ‘Yo lo conozco a usted. Es hijo del general Ico Pérez.. -mi papá nunca fue general, pero le decían así-. Se acercó mirándome. ‘Ud. se va a salvar porque su papá me salvó la vida a mí. Pero la próxima vez que caiga preso. Yo mismo lo voy a fusilar. Ese fue Trujillo. Se pueden ir los tres. Y nos echó algo en los bolsillos. No abra los bolsillos hasta que lleguen a su casa. Y cuidado, si vuelven a poner una bomba, yo mismo los voy a fusilar. Cuando llegamos al parque, metimos las manos en los bolsillos y cada uno tenía 300 pesos. En esa época era una fortuna. Porque el salario más grande era 60 pesos.
Algunos quieren reivindicar a Trujillo.
No, no hay que reivindicar nada. Porque cometió muchísimos asesinatos.
¿Qué Ud. les diría?
Quizás la gente ve que hay mucho desorden. Los motoristas hacen lo que les da la gana. Hay grupitos de asaltantes. Una mujer no puede salir sola porque la atropellan. Antes no se veía nada de eso. ¡Por miedo, porque era una tiranía tremenda!
Nací inválido
Porque yo tuve tres años sin poder caminar. Nací inválido. Y me llevaron los médicos de los que no había nada que hacer”
