Esta semana recibe el Premio libertad 2026 al autor hispanoamericano más destacado, otorgado por la Federación de Gremios de Editores de España
Leonardo Padura lamentó no haber podido pasar más tiempo. Arribó justo para hacer su intervención en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. Su única exposición fue en el llamado Pabellón de Las Buenas Palabras que ocupa la Sala Ravelo del Teatro Nacional, donde al final firmó libros. Sigue de carrera a Barcelona, a recibir el premio Líber 2026.
Su charla “Escribir la biografia de un país”, con media sala llena, fue una especie de vista de drone, de su propia creación en un país que se ha ido descascarando, y ya literalmente se cae a pedazos. Una Cuba en su peor momento de la historia.
Su primera novela, Fiebre de Caballos, publicada en 1988, fue bien recibida por crítica y lectores. “Es una novela de las que yo no me avergüenzo, creo que quedó bastante bien. Pero no era la literatura que yo después he pretendido escribir”. Recordó que durante aquellos años hizo mucho periodismo cultural. Su columna era tan leída como la del Gabo.
Contó su fascinación por la novela policiaca, gracias a una invitación como periodista a La Semana Negra de Gijón, en España, aquel mismo año. “Los escritores de literatura policiaca cubana, eran muy malos escritores, pero algunos de ellos buenas personas y fueron los que influyeron para que yo pudiera ir como periodista a este evento y ahí tuve la posibilidad de regresar a Cuba con una maleta de libros que compraba en 50 pesetas, 100 pesetas. Libros de segunda mano y libros que me regalaban. Y encontré las claves de lo que dos años después yo iba a intentar hacer: escribir una literatura policiaca que no se pareciera a la literatura policíaca cubana. Que fuera, sin embargo, muy cubana, pero que tuviera unas características en las que la literatura fuera más importante que lo policiaco. La novela policiaca que se escribió en Cuba en esos años se llamaba ‘novela policial revolucionaria’. Tenía bastante de policial, mucho de revolucionaria. Demasiado. Pero casi nada de vuelo. Literatura muy lamentable, de la que prácticamente no ha quedado nada, dos o tres autores y dos o tres obras que más o menos han sobrevido. Y yo quería escribir una literatura policiaca cubana que no se pareciera a esa literatura policiaca”, confesó.
Reconoció el influjo de Manuel Vasquez Montalván en su obra, en él encontró la clave para hacer otro tipo de novela policial. “Y comienzo a escribir una novela que se tituló Pasado Perfecto, en la primera novela de mi personaje de Mario Conde, que es posiblemente la más policiaca de mis novelas, sin cierto, totalmente policiaca, porque hay todo un contexto y ahí entra empieza a entrar Cuba, empieza a entrar mi generación, empieza a entrar ver esa realidad, interrogar esa realidad, intentar y fijar determinado comportamientos de esa realidad y llevarlos a la literatura e intentar hacerlo escribiendo del modo más artístico posible”.
Ofreció las claves de su trabajo escritural:. “no es poner un enigma a alguien que mató a alguien. Y esto de alguien que mató a alguien es muy importante. Cuando yo escribo mis novelas de carácter policial, yo únicamente descubro quién es el asesino cuando estoy terminando la primera versión. Empiezo a contar la historia, mato a alguien -te hace falta matarlo-, y sigo escribiendo, contando, creando la historia y al final digo, ¿quién mató a este? Porque no es importante. Y aquí viene ahora la esencia de todo este trabajo que he hecho a lo largo de estos años de que seguiré hablando. Cada vez que yo empiezo a escribir una de mis novelas, me pregunto para qué la voy a escribir. Fíjense que no me pregunto por qué la voy a escribir, que tengo ganas de escribir, porque tengo una idea, ni cómo la voy a escribir, que es una pregunta importantísima. Cuando uno se enfrenta a una novela, tiene que decidir cómo no va a escribir, si va a utilizar una primera persona, un personaje protagonista, narrador, si va a utilizar una tercera persona narrativa. Sí cómo va a contar, si desde el principio hacia el final, si va a ser una estructura quebrada, es decir, el cómo es importantísimo. Pero la pregunta más importante para mí es el para qué. ¿Para qué voy a escribir esa novela? ¿Qué quiero decir con esa novela? Y ahí comienza esta relación con la realidad cubana, que ha sido tan intensa a lo largo de estos años, que estoy ahora mismo escribiendo una novela que la pregunta que se hace en los personajes de la novela es para qué. ¿Para qué?
En un presente cubano viviendo en las condiciones que están la gente en Cuba, hay dos personajes que se preguntan, ‘¿y para qué hemos pasado por todo lo que hemos pasado para llegar a esto?’ Es decir que, el para qué, es la esencia de todo este trabajo que he hecho a lo largo de estos años”.
El período especial
Contó las peripecias para poder comprarse su primera computadora y aprender a usarla. Y las acrobacias para escribir y vivir en Cuba. En los años 90 recordó el llamado Período Especial. Había concursado por el premio de literatura policial. Y encontrándose en España recibe la noticia que le da su esposa Lucía. “Te tengo una buena noticia: te van a dar el premio” y dos días después cuando aterriza en La Habana le dice, “te tengo una mala noticia, van a declarar el premio desierto”. “Como a los tres meses se me acerca uno de los jurados y me dice ‘Mira, Padura, tu novela era la mejor, iba a ser el premio y la noche antes de que se firmara el acta del jurado, vino un señor organizador del concurso, lo organizaba el Ministerio del interior de Cuba. y nos dijo que esa novela no podía ser el premio. Y tuvieron una actitud bastante linda. Como al mes se me acercó el otro jurado y me dijo lo mismo y el otro jurado también me dijo, los tres jurados me dijeron. Y era que mi novela rompía con los cánones de lo que ellos promovían, como la literatura policial cubana”.
Tras referirse a cada una de sus novelas y la presencia del país en ellas, Padura confesó al público presente que actualmente escribe una novela que ocurre en el año 2025: “que también me sirve para un ejercicio, digamos que existencial muy importante, que es como Mario Conde envejece junto conmigo, me ayuda a entender qué cosa es el paso del tiempo mental y físico en la persona. Yo voy envejeciendo con él y voy intentando explicarme lo que de otra manera me sería muy difícil porque verlo en uno mismo es complicado. Lo reflejo en el personaje de Conde y eso me ayuda a entender mi propia -iba a decir evolución-, pero es mi propia involución, que me he puesto viejo. Eso lo que hace es que involuciona. No se crean que uno va para arriba, uno va para abajo”. Y hablo más, de sus guiones de cine, de Gabo y de Vargas Llosa, de sus columnas en la prensa y cómo es eso de desvivirse en un país cercano y lejano, que se llama Cuba.
La perversión de la utopía
El pulso de la realidad cambiante trata de reflejarlo en sus novelas. “El personaje de Conde ya no se comporta igual.
Cada vez es más pesimista, cada vez es más escéptico, cada vez está más desencantado. Pero es que las novelas en las que no aparece Mario Conde, son novelas también de un carácter más escéptico, más desencantado. “La novela de mi vida” es la novela que habla de la frustración de una cierta Cuba posible desde José María Heredia, a principios del siglo XIX, el gran poeta romántico, hasta este grupo de escritores de finales del siglo XX, que evoca Heredia y que han tenido una relación difícil con su realidad, y no han tenido que salir a exilio en una novela como ‘El hombre que amaba a los perros’, donde hablo de la perversión de la utopía”.
