“Desapasionar la investigación histórica es como quitarle la humedad al agua”

Esteban Tiburcio Gómez nació en la provincia Monseñor Nouel pero a los dos años su familia emigró a Cotuí, y toda su vida estuvo allí. Estudió en el Instituto Técnico y Tecnológico del Cibao Oriental en ese tiempo la carrera de licenciatura en Educación nació en Ciencias Sociales, ahora se llama Universidad Tecnológica del Cibao Oriental. También cursó una maestría en Educación Superior en la UASD, un máster en Alta Dirección Pública en la Ortega Marañón, con doble titulación. Hizo un máster en Recursos Humanos en la Universidad Católica Nordestana, y también estudios de maestría en Alta Dirección Pública con la Universidad de Alcalá, más un doctorado en Psicopedagogía en la Universidad del País Vasco y un doctorado en Historia del Caribe con la PUCMM.

¿Cuál es su actividad cotidiana?
Yo trabajo en el área académica, yo estuve diez años dirigiendo el Iteco, que después se llamó Uteco, cuando salí de ahí me convertí en director ejecutivo de la Asociación de Rectores de Universidades ADRU, dejé eso porque tenía que viajar más de cinco horas para trabajar solamente cuatro, así que lo dejé, abrazamos un proyecto de una extensión universitaria de la UCE, pero hubo un tema con una expropiación de unos terrenos de la Falconbridge por parte del Estado, entonces el proyecto tuvo que cerrar, y ahora estoy como asesor de la rectoría de la Universidad Central del Este, profesor a nivel de maestría y doctorado de la PUCMM y profesor a nivel de maestría y doctorado de la Universidad Católica Nordestana, que fue la que me postuló para el premio de excelencia magisterial que me fue otorgado recientemente.

¿De qué se trata ese premio?
Anteriormente había un premio establecido por directamente por el Ministerio de Educación, y hace dos años se estableció también por decreto un premio a la excelencia en educación superior, y el pasado dos de julio en el Palacio Nacional nos fue entregada esa distinción, que también tiene una parte en metálico…

¿Cuántos libros ha escrito usted?
Yo tengo 17 libros publicados, entre ellos hay de poesía, de literatura, novelas, cuentos, inclusive comencé estudiando letras en la UASD, pero el terreno en el que mejor me manejo es el ensayo, y sobre todo el ensayo histórico, el primero que escribí fue Hostos, Martí y Gómez, que versa sobre las características comunes de esos tres personajes históricos, ese libro yo lo puse a circular en la Universidad de Río Piedras, en Puerto Rico, también escribí un libro titulado Apuntes sobre pensamiento complejo, educación e investigación en el que abordo el pensamiento de Edgar Morin y la visión de Pedro Luis Sotolongo, un estudioso que estuvo aquí. También escribí un ensayo sobre educación titulado Comprender para aprender, un nuevo paradigma, en el que cuestiono la relación entre comprensión y aprendizaje, desde la base de que no todo lo que se nos enseña en la escuela lo llegamos a comprender cabalmente, por ejemplo, el famoso teorema de Pitágoras, y hago alusión a la necesidad de que el estudiante sepa en qué puede aplicar muchas de esas nociones que le enseñamos. Otro libro mío, que es de acompañamiento para los adolescentes, que se titula Los diez pecados de la adolescencia, un poemario que se titula Secreto. Un beso de despedida y una novela titulada El olor de la sangre, en el que trazo un paralelismo entre los movimientos de mayo del 68, la muerte de Martin Luther King y de Robert Kennedy, el movimiento segregacionista, la matanza de Tlatelolco, y aparece una persona que se encaminaba a planificar un suicidio, incluso cuando el doctor Barnard le trasplantó el corazón de un negro a un dentista blanco, la hija de ese hombre demandó a Barnard por trasplantarle a su padre el corazón de un negro, y el periódico de la ciudad donde Barnard nació hizo una publicación que pedía perdón por eso, porque Barnard nació allí.

¿Usted se considera historiador más que literato?
Ese es mi fuerte, incluso estoy ahora en una disyuntiva, porque como dice Juan Bosch en El arte de escribir cuentos, que el que mucho abarca poco aprieta, estoy pensando en adoptar un seudónimo para publicar literatura, porque me parece mejor proyectarme como investigador, porque cuando se busca el perfil, a veces aparece un médico que escribe poesía, y yo que también soy miembro de número de la Academia de Ciencias prefiero que en mi perfil aparezca que me dedico a la investigación histórica y al ensayo, más que nada, y la literatura asumirla con un seudónimo.

¿Usted cree que se puede interpretar la historia de una manera desapasionada como planteaba la escuela histórica alemana?
Las escuelas de pensamiento por lo general vienen cargadas de una fuente ideológica, sin embargo, si bien esa corriente tuvo una influencia importante en la segunda mitad del siglo pasado, hay que partir de que la razón no puede separarse de la emoción de quien interpreta el proceso histórico, “desapasionar” la interpretación de la historia es como querer quitarle la humedad al agua. Yo hace tiempo que quisiera leer un libro escrito desde la perspectiva del vencido, por ejemplo, particularmente en un mundo donde al enemigo se le aplica la ley, y al enemigo se le interpreta, de ahí que nunca será igual la “interpretación” de una Miss Universo que obtuvo la corona que la de una no ganó, es decir, no es lo mismo cuando el muerto es mío que cuando lo maté yo.

¿Qué opina de las utopías armadas de los años 60-70 en Latinoamérica?
En la década del 60 se desarrollaron dictaduras fuertes en América Latina, en esas utopías lo que se ha visto es el germen de la esperanza, pero maridada con la miseria, son dos elementos que cuando se juntan, florecen donde quiera que sea, aquí en nuestra isla tuvimos el crisol de las dictaduras, con Duvalier en Haití y Trujillo en Dominicana, aquí el proceso fue bastante diferente, es como cuando al caballo se le tiene demasiado tiempo encerrado y al soltarlo se desboca, es decir que sale a correr de una manera desordenada. Ahí hay una historia de derrotas que Eduardo Galeano describe muy bien en sus obras.

¿Es necesario estudiar mucho para comprender los procesos históricos?
La mayoría de los mejores intelectuales que conozco en realidad son analfabetos, la línea histórica y lo que se ha estudiado dan un punto de referencia, mientras que para comprender la realidad hay que observar, hay que saber dónde buscar, y esas personas de las que le hablo tienen esa capacidad de observación de emitir una opinión por fuera del ambiente de los intelectuales y de los círculos de opinión. La academia brinda un menú preparado. Yo conozco personas que sin ser académicas han llegado a un expertise superior al de muchos doctores, porque una cosa es estudiar por compromiso, para sacar una nota o graduarse, y otra leer e investigar por convencimiento.

Obras
Tengo 17 libros publicados, entre ellos hay de poesía, de literatura, novelas y cuentos, pero el terreno en el que mejor me manejo es el ensayo”.

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