Por Iván Gatón.- En un mundo donde se impone la inmediatez, una de las dificultades por las que los sistemas educativos no están siendo exitosos es instruir para que las personas puedan comprender la espesura del tiempo y la historia que hay detrás de esta, para poder tener una idea clara de los complejos fenómenos de las sociedades humanas, con una perspectiva histórica universal, como establece el insigne historiador inglés Arnold J. Toynbee.
La génesis de las primeras civilizaciones humanas no estuvo en el mundo europeo. Donde empezó la andadura de las sociedades humanas organizadas fue entre los ríos Tigris y el Éufrates, en la Mesopotamia con los sumerios; otras civilizaciones antiguas son la china (el reino del centro, el Shonguo), India y Persia.
Es a partir de las navegaciones de altura que hacen los “pioneros ibéricos” (Portugal y España), en esos equivalentes a enjambres de pueblos que habitaban la Tierra, que Europa empieza a tener incidencia hegemónica en el resto del planeta. Muy especialmente, después de aquel controversial viernes 12 de octubre de 1492 que, bajo el respaldo financiero y el amparo legal de la corona de Castilla, llevó a cabo el almirante de la mar océana Cristóbal Colón.
Acontecimiento que cambiará el mundo para siempre y dará paso al período histórico de la modernidad y la colonización del planeta por los imperios europeos. La independencia de los Estados Unidos de América en 1776 permitirá, a partir de 1945, la sustitución de antiguos imperios coloniales, como el inglés, por un imperio americano; que se repartirá el mundo con el imperio ruso, ambos ganadores de la Segunda Guerra Mundial, y que ocuparán y relegarán a los europeos a un segundo plano en el tablero del ajedrez mundial.
A partir de la Segunda Guerra Mundial, con el surgimiento de la Organización de Naciones Unidas, con el multilateralismo teniendo como referente el orden internacional basado en reglas, donde se impusiera el derecho internacional y no la fuerza, el mundo empezó una nueva etapa. Todo a pesar de la “Guerra Fría” y los naturales intereses geopolíticos de las principales potencias del planeta, que permitieron importantes conquistas sociales y económicas.
Es en 1989, con la caída del muro de Berlín y la posterior implosión en 1991 de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que otro mundo entra en escena, donde el tema ideológico fue relegado. Inclusive, en palabras de Francis Fukuyama, el fin de la historia había llegado, se iba a imponer la democracia, en la política y el libre comercio en lo económico.
La Pax Americana empieza a partir del fin de lo que Bernard Baruch, asesor del presidente Franklin Delano Roosevelt, denominó como “Guerra Fría”. La hiperhegemonía de los Estados Unidos de América empieza a dar sus primeros pasos. Un suceso relevante y que daría destellos de un futuro con un nuevo referente del escenario global sería el ingreso de China, el 11 de diciembre de 2001, a la Organización Mundial de Comercio, con el apoyo de los Estados Unidos de América.
Otro hito del nuevo escenario que se avecinaba para el mundo lo vimos en su primera mención en el artículo que en noviembre de ese mismo año escribiera, para la revista The Economist, el economista británico Jim O’Neal, persona que acuñó el acrónimo BRICS para agrupar a las principales economías emergentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
El planeta tiene 8300 millones de personas, divididos de la siguiente forma: Asia, 4872; Unión Europea, 450 millones de personas; África, 1594 millones; América, 1037; Oceanía, 47,2. Cómo podemos notar, el continente asiático tiene más del 58 por ciento de los habitantes del planeta, dando no solo una divergencia demográfica como factor hegemónico en conveniencia para dicho continente, sino también una convergencia tecnológica que está teniendo con el mundo occidental que lo colonizó (exceptuando a Tailandia y Japón).
Esos dos elementos demográficos y tecnológicos, como plantea el eximio profesor español Emilio Lamo de Espinosa, constituyen un giro copernicano hacia el océano Pacífico. Como decía la ex secretaria de Estado de la Administración Obama: tenemos que pivotar hacia el continente asiático. Las fuerzas que mueven el mundo las podemos constatar en las claves geopolíticas, económicas, tecnológicas y, si bien es cierto que el azar tiene categoría histórica, los engranajes que tiene el mundo contemporáneo nos indican que, luego de 500 años de hegemonía transatlántica, estamos en transición a un mundo postoccidental.
Un Occidente que no ha comprendido lo que le sucede y deja de lado el orden liberal, con guerras culturales que polarizan sus sociedades, con populismos que no van a las causas de los desafíos que enfrenta el mundo occidental y, sin lugar a dudas, se convierte en una civilización que perdió la visión común de destino.
Madrid, España, 18 de octubre de 2026.
