La casa del expresidente Vásquez acoge la exposición del premio de Apec al fotoperiodismo
Sangiovanni llegó a Tamboril. El reloj marcaba las 10:46 de la mañana del sábado cuatro de octubre, ocho días antes que Colón. Venía tocado por un Panamá, pero sin papeles. Lo recibió, con sus dos patas delanteras, Toño, más negro que un sombrero de pirata. Se saludaron y se hicieron amigos inmediatamente, como ha ocurrido en los últimos dos años con todo el mundo, alternándose con su madre, Toñalanegra. Lo condujo hasta el fondo donde los niños jugaban con pintura, lápices con fondo musical de Mozart. Gustavo los seguía cuidadosamente como para asegurarse de que el cielo estuviera en su sitio con sus nubes de rigor y la lluvia que no cayó porque prefirió, ese día, caer en Moca.
Solo con su presencia, rodeado de los niños con sus obras danicelianas y sus sonrisas, quedó abierta la exposición “8 años del premio APEC al periodismo fotográfico” sin más ni más “…que no hay que hacer ningún acto burocrático e inservible”, dijo. Gustavo corroboró moviendo la cabeza, como los muñequitos que cuelgan de los espejos los choferes de concho.
El lapso de tiempo de más de 30 años acumuló sabiduría y humildad a ambos y, retomamos nuestra vieja amistad de cuando nos cruzábamos por Casa de Teatro, Nouveau y el MAM. En él, es claro que su espíritu de artista es para la gente, que la obra de arte no puede seguir concentrada en la Capital, como los cheques, que las exposiciones deben circular en todo el país. Y eso sería un buen punto del programa de cualquier ministro de Cultura.
“…esa época de funcionaritos de pacotillas, arrogantes, trujillistas, pasó. Necesitamos fortalecer nuestra identidad.”
De Puerto Plata pasó a Tamboril y luego seguirá su ruta, como tiene que ser la cultura.
Coincide la muestra, de 23 obras, con el segundo aniversario de apertura de la “Casona de Horacio” y también con la modesta exposición de fotos de estos dos años que abarca, desde la antigua ruina rescatada en el gobierno de Abinader, en la Presidencia, y Anyolino, en la Alcaldía, el proceso de construcción y el desenvolvimiento de los dos agitados años de existencia

MUESTRA APEC
Cada año, desde 1917, APEC realiza el concurso de foto-periodismo. Hay tres premios y menciones y, la acumulación de estas obras, son las que componen la exhibición itinerante. El patrocinio del Banco Popular es clave del éxito de este importante evento, tanto del concurso y sus premios, como de la exposición.
La fotografía, que después de mucho batallar adquirió el reconocimiento en categoría de arte (ver https://www.elcaribe.com.do/gente/cultura/febrero-con-to-y-carnaval-es-de-mariano/ ) se incorporó al periodismo cuando las imprentas tuvieron la capacidad de imprimir fotografías y superar las impresiones litográficas. Las crónicas fueron acompañadas de imágenes fotográficas que le dieron un mayor interés al periodismo. De manera que si se hablaba de alguien, este aparecía retratado al igual que cuando ocurría cualquier evento que fuera “fit to print” como decía el lema de The New York Time. Así nace el fotoperiodista que acompañaba, con su sombrerito de chulo y su plumita al lado, al reportero, pa’ arriba y pa’ abajo.
Hay que entender que para la fotografía se abrieron estudios para el público y que muchos de ellos se empeñaban en la parte artística. El retrato tenía que ser mejor que las pinturas de Ingres. Por eso hay que diferenciar la fotografía artística de la fotografía rutinaria que solo busca mostrar un hecho, dejar testimonio de una jugada en cualquier deporte, de algún personaje que haga una declaración importante, o, simplemente reseñar, gráficamente, un evento social o de interés local.

Es importante no confundir que Ansel Adams, Alfred Stiglitz, Ara Güler, Brassaï, Avalon, Man Ray, Yousuf Karsh, Doisneau, Helmut Newton, Manuel Bravo, Tina Modotti, Catala-Roca, Alberto Korda, Abelardo Rodríguez Urdaneta, Apeco, Domingo Batista, Mariano Hernández, Wilfredo García, Martín López son artistas de la fotografía, que tienen una obra, que han dejado una marca inconfundible en la historia y aunque cada trabajo muestra una maestría para presentar una realidad desde sus sensibilidades, no puede decirse que son fotoperiodistas. Cartier-Bresson sí, al igual que Dorothea Lange, Frank Cappa, Lee Miller, Nick Ut, Juan Pérez Terrero, Pedrito Guzmán y todos los que están presentes en los periódicos prestos a salir en cualquier momento a cubrir cualquier vaina, que va de un tiroteo, una manifestación callejera, un derrumbe, u otra cosa. Y la urgencia no exige calidad, exige testimonio.
En los periódicos del siglo XX, y en algunos países, había un responsable de diseño gráfico que determinaba el tipo de letra en los textos y titulares, los dibujos, tiras cómicas y las fotografías… la armonía gráfica. Una función que no tiene nada que ver con la de periodismo. Que tú seas periodista no te da potestad o categoría, ni signifique que sepas de arte y fotografía. Aquí los directores, por ser jefes, determinaban todo eso. Los fotógrafos tenían una formación sólida y casi la mayoría era capaz de llevar al trabajo una secuencia de alta calidad. Con el “arte contemporáneo” resulta que “todos somos artistas”, “todos somos fotógrafos”, gracias Mister Celular… lo que empujó la fotografía a un ejercicio vicioso de ego y facilismo.
La Fotografía, como la Pintura, la Literatura, es arte, tiene sus leyes. El artista del lente conoce de composición, luces, sombras, etc. En la Pintura igual y, cualquier texto no es literatura, como arte.
Fotografiar no es solo jalar la cadenita o presionar el botón, que cualquiera es capaz. Cuando una foto tiene calidad artística, se nota, pero no cualquiera, sino aquel que tiene los conocimientos y estudios, como el mecánico que con solo oír el motor sabe que le falta aceite.
Los periódicos necesitan la fotografía, que no tiene que ser perfecta. Hay momentos que se presentan y el fotógrafo dispara, son momentos que no se repiten. No es como cuando va a un juego, pongamos de voleibol, y retrata lo que hay, los jugadores que están ahí en su nariz y ya. Se va y cumplió.
Cuando ocurren esos momentos se nota y es lo que ha hecho el jurado que seleccionó estas obras que no necesitan de ninguna crónica porque describen mas que mil palabras el momento y el tema captado. Ningún escrito podría describir el drama de la migración como la foto de la niña que a Ricardo Flete (“ni aquí ni allá”) le dio el premio en el 2023.
Dice Sangiovanni, en el catálogo, “…las imágenes que se han mostrado en nuestros concursos, y las laureadas que hoy se recogen en esta exposición, tienen la impronta de la fotografía documental, imágenes que muestran escenarios tales como fueron en el momento de sus tomas, para documentar realidades noticiosas…”



LA CASONA DE HORACIO
Las fotos de esta exposición describen la historia de la morada del presidente Vásquez y Trina de Moya. Algunas muestran el deterioro y ruina de la casa que era un símbolo del antitrujillismo.
La construcción, por un equipo de Manuel Estrella, se realizó cuando Abinader honró la petición de su padre, don José Rafael. La museografía, del equipo de Andújar, María Belissa, Fernando.
Las otras fotos son un testimonio de las actividades que cambiaron completamente el aspecto cultural de Tamboril: las conferencias a las escuelas, renovación de la Biblioteca, exposiciones, encuentros literarios, creación de la Scuola d’Arte Lionardo, el cine infantil para los niños de los barrios, sin olvidar el buen trato a los animales: las dos mascotas, Toñalanegra y Toñito, que en dos años, sirven de vigilantes nocturnos y de juguetones que acompañan a los niños y estudiantes que visitan el Museo. Jamás han mordido a nadie, están bien vacunados y atendidos por el Dr. Ledesma, bien alimentados con el esfuerzo de todos. Solo le ladran a Yunior, un exguachimán “que algo les hizo” y algún raro y muy excepcional visitante, sangrú y chismoso.
