Richard Prince se robóel vaquero marlboro

Para Rosalina Perdomo y Edwin Espinal. Una por ser fotógrafa y el otro por el tema del derecho de autor, del que es experto. Ambos amigos.

Cuando el cigarrillo estuvo en sus mejores momentos, se debió, en gran parte, a una campaña de publicitad de 1970 por la agencia que dirigía Leo Burnett. El éxito de esa campaña, en gran parte también, ocurrió porque Burnett contrató a un tremendo fotógrafo: Norm Clasen. Pero las fotografías que más se destacaron en esa campaña fueron “Sunset Chase” de 1985, “Brazos River Run” de 1987 y “On the edge”, también del 87. Todas con vaquero como protagonista o eje central simbolizando la americanidad.

Esa fue la genialidad de Burnett, estudiar y descubrir cómo el vaquero, que dominaba su manada era el elemento que representaba a toda la sociedad porque había crecido frente a su televisor viendo al único héroe que le ganaba a todas las hordas de “indios salvajes” cuando los héroes fantásticos empezaban sus aventuras en el imaginario ya que en la realidad de la ll Guerra Mundial no los tuvieron.

El vaquero no. El vaquero estaba incrustado profundamente en la psiquis del norteamericano a tal punto que cuando apareció la campaña, las estadísticas de venta se dispararon. Todos fueron el “hombre Marlboro” que incluso sirvió para reclutar soldados a las odiosas guerras de Vietnam y extender el dominio y hegemonía fuera de su territorio. En uno de estos, la zona del Canal de Panamá, nació este señor con mirada de engaño y sonrisa de psicópata, entre las penumbras de un escenario propio de Drácula, que aprendió, de esa ocupación, lo que haría en el futuro: apropiarse de lo ajeno, chupar sangre de otros artistas que era mas fácil que estudiar y hacer arte propio. Ese aprendizaje no le vino solo de sus vivencias en el Canal robado, otros “artistas” le enseñaron cómo hacerlo y convertirse en millonario, que es lo único que les importa a los que inventaron el “arte conceptual”. Convirtieron el Arte en mercancía para hacer dinero.

Pues sin pudor y, descaradamente, este “artista” del canal, ahora en Estados Unidos, llevó a una exposición fotos de Clasen usadas en los anuncios de Marlboro como si fuese una obra de arte de su autoría.

El primer logro de su plan funcionó perfectamente: armar un escándalo que es lo que caracteriza al “arte conceptual” y, el segundo también, cuando fue demandado por el artista, el verdadero artista, el autor de las fotos.

La casa de subasta Christie’s vendió, en el 2014, una de “sus obras” robadas, por US$3.7 millones. Los críticos prefieren llamar a “sus obras”, las genialidades refotografiadas, un eufemismo que enmascara el acto delictivo.

A continuación voy a señalar los 6 pasos que hacen para estafar al mundo para que los artistas lo entiendan y no anden por ahí imitando sin base.
Cómo funciona el engaño del arte conceptual

  1. Se calcula cómo provocar un escándalo que haga bulla y crea indignación, luego de elegir al “artista”. Siempre con los plagios ocurre y, si el artista plagiado está vivo, el escándalo es mucho mayor.
  2. Tanto las casas de subastas como los directores de los grandes museos, entran en el juego, son cómplices, apoyan las subastas y sus “críticos”, un ejército de bocinas bien paga para validar como arte las piezas del escándalo.
  3. El precio que las casas de subasta le da es altísimo para que las “obras” adquieran un valor de mercado que deje ganancias cuantiosas. En muchísimos casos el propio “artista” o algún socio de la casa de subasta, es el comprador, comprador ficticio, por supuesto.
  4. Una vez las casas de subastas determinan que esa “obra” de ese “artista” es millonaria, las convierten en piezas de alto valor “e importancia para el Arte”.
  5. Dado lo anterior, todos los museos deben tener, en su colección, una obra o varias de ese “artista genial” que no sabe ni mierda de arte y que no ha hecho absolutamente nada. Simplemente coger la obra de otros que sí son artistas, o por lo menos crearon algo.
  6. Es así que el plagiador puede vender cientos de obras a museos y coleccionistas que “no pueden darse el lujo de no tener” un plagio de Prince. Pero no para admirar esa “obra” es para adquirir una “pieza de valor de mercado” que al otro día puedan revender con otro precio mayor. Los millones adquiridos se reparten entre las casas de subastas, los directores de museo, los “críticos”, los dueños de periódicos y revistas donde se difunden las infundadas validaciones (la construcción de la “obra”), una parte al “artista” y otra para pagar los honorarios a los abogados y al artista atropellado que los ha demandado en la Justicia y que casi siempre pierde porque a Don Din, nadie le gana.

El colmo del descaro y la imbecilidad, fue la exposición de este Prince con caricaturas de revistas. Las recortó, amplió, borró el nombre de los artistas y las expuso como obras suya. Pero uno piensa, sin conocer los 6 puntos de arriba, lo peor son las galerías que las exponen.

¿Se puede comparar la cifra irrisoria que le dan a las viudas, hijos o nietos de los artistas con las ganancias millonarias del plagiador y sus cómplices?

Ya el camino lo había recorrido Warhol, mas que con el “Brillo”, con las etiquetas de sopa Campbell y la Coca-Cola.

Aquí, que no tenemos ese mercado ni esos mecanismos de las casas de subastas ni menos coleccionistas, sí aparecen, por doble plagio, “curadores” y “críticos” que tienen que estar a la moda, que tienen que “ser de avanzada”, que “están actualizado”, son cómlices de esta corriente que va contra el Arte y los artistas, como lo demostraron, esnóbicamente, al premiar “La Palmita”. Se les peló el billete cuando en acto que va a pasar a la Historia, mucho mas que crear El Centro Cultural en Tamboril, el retiro del premio que realizó Robertico.

A ese rechazo de “La Palmita” y el apoyo a Cultura por retirar el premio, fue apoyado por mas de 140 artistas del CODAP y por más de 300 personalidades entre artistas, escritores, historiadores, poetas del Cibao en su Manifiesto “NO A LA PaiMITA”.

Si “La Palmita” hubiese sido subastada en Christie’s, su autor, el del vivero, ya hubiera sido millonarísimo. Aquí no logró ni siquiera que los “curadores” y “críticos” tengan una en sus casas.

Avelina Lésper es la única historiadora de Arte que se ha atrevido a denunciar estas barbaridades y que está al lado de los artistas.

•Prince quiso hacer imitacines de Basquiat y no le hicieron caso.
•Quiso imitar a de Kooning y tampoco le salió.
•No es “el transgresor de la fotografía”, que hasta bonito suena. Es el ladron de la obra fotográfica de Norm Clasen como lo es Sherrie Levine del maestro Walker Evans.
•Roy Lichtenstein, que usaba imágenes de comics y novelas gráficas, por lo menos se tomaba la molestia de dibujarlas y pintarlas, aunque nunca mencionó a los verdaderos autores de esos dibujos.
•El gran aliado del “arte conceptual” es el MARKETING.
•Si entendemos los 6 puntos, es fácil establecer que Romero Brito es un artesano, no un artista. Claro, un artesano de cachet.
•Pongamos que definir Arte “sea complicado”, pero una cosa queda clara, un plagio es un plagio y una sociedad que lo permita no puede levantar “la Democracia” como argumento para aceptarla. No puede ser tan democrática que Prince se haga millonario vendiendo obras de un artista como si fueran suyas.

¿Por qué alguien no usa las imágenes que Prince le robó a Clasen y las presenta como nueva obra? Sería pionero de una nueva corriente: el Rerefotografismo. Tendría que contar, claro está, con el plan de los 6 puntos.

Posted in Cultura, Gente

Más de gente

Más leídas de gente

Las Más leídas