La sequía constituye uno de los grandes desafíos medioambientales en el Gran Caribe. En el transcurso del año 2026 se han intensificado las sequías, lo que ha llevado a diversos países a tomar medidas. Por ejemplo, Honduras, producto de la grave sequía, ha declarado la alerta en más del 80 % de su territorio. Panamá ha declarado el estado de emergencia nacional y ha tomado la decisión de disminuir de 36 a 32 el tránsito diario de buques por su Canal. De igual forma, en Puerto Rico el 44.45% de su territorio está siendo afectado por la sequía extrema y un 22.16% por sequía severa. La situación llevó al Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) a aprobar la declaración federal de desastre por sequía. Asimismo, en mayor o menor grado, está afectando la dinámica socioeconómica y ambiental en otros países del Caribe como Cuba, Haití, Jamaica, Santa Lucía, Trinidad y Tobago, Granada y gran parte del arco antillano.
La República Dominicana que en el siglo XX y XXI también ha sufrido diversas sequías (1914, 1934, 1944, 1955, 1965, 1975, 1997, 1999, 2000, 2001, 2013, 2014, 2015, 2019, 2023) también se ha visto afectada este año por la escasez de precipitaciones, siendo el trimestre mayo-julio uno de los más seco de los últimos 15 años.
El impacto de las sequías en las sociedades no es un fenómeno nuevo. En el Gran Caribe investigaciones recientes señalan que la sequía es un factor para tomar en cuenta cuando se aborda el colapso de la civilización Maya y cuando se estudia las causas del desplazamiento de los Taínos y otros pueblos indígenas del Caribe. Sin embargo, a pesar de que la sequía puede tener efectos ambientales, sanitarios, socioeconómicos y políticos su estudio desde el campo de la Historia es relativamente reciente.
En el Gran Caribe, México es uno de los países que más ha estudiado el tema. Cuenta con trabajos como “Análisis histórico de las sequías en México” (1980), de Enrique Florescano; Guadalupe Castorena, Elena Sánchez Mora, Guillermo Padillo Ríos y Luis Rodríguez Viqueira; “Las sequías en México: historia, características y efectos” (1980), de Jaime Sancho Cervera y David Pérez Gavilán; “Breve historia de la sequía en México” (1995), de Enrique Florescano y Susan Swan; “Sequía y crisis en el transporte novohispano” (1995), de Clara Suárez Argüello. También hay que destacar los trabajos: “Las sequías y sus impactos en las sociedades del México Decimonónico, 1856-1900” (1997), de Antonio Escobar Ohmstede; “Las sequías en México durante el siglo XIX” (2005), de Carlos Contreras Servín; “Revisión histórica de las sequías en México: de la explicación divina a la incorporación de la ciencia” (2016), de Judith Domínguez. Además, “El estudio del impacto de la sequía en pequeñas comunidades rurales de México. Una revisión de la bibliografía” (2021), de Gerardo Bocco, Quetzalcóatl Orozco Ramírez, Alina Álvarez Larrain, Berenice Solis Castillo y Carlos Dobler-Morales; entre otros trabajos.
En el caso de Colombia una obra interesante que aborda las estrategias sociales para enfrentar las sequías en el espacio geográfico del actual Caribe colombiano es el estudio “Porque las aguas han sido muy pocas: sequías y respuestas sociales en las llanuras de la Costa Norte neogranadina, 1739-1825” (2026), de Katherinne Mora Pacheco. Para estudiar los efectos en el caso panameño hay que mencionar el trabajo: “Análisis sobre las consecuencias de la sequía en el Canal de Panamá y las exportaciones de bienes desde Colombia” (2024) de David Alejandro Atehortúa Quinchía.
En el Caribe insular, en Cuba aparece entre otros, el trabajo de Josemir Camilo de Melo, “Sequía, ferrocarriles y mano de obra (siglo XIX)” (1995); “Entre sequías y huracanes en Cuba. Burriel, un Acueducto para Matanzas (1800-1872)” (2023), de Esther Atencia Gil. En Puerto Rico el destacado historiador Fernando Picó, abordó el tema en su obra “Puerto Rico y la sequía de 1847”, publicada en 2015.
En el caso dominicano existen escasos abordajes desde el campo de la Ciencia Histórica. Predominan artículos en prensa, reportajes, conferencias y estudios de otras áreas disciplinares, informes técnicos y textos como: “Análisis de la sequía agrícola establecida en la República Dominicana desde 1971 al 2000” (2006), de Ransés Vásquez, Oscar Solano, Solangel Yokasta Gonzales, Leoncio Duarte y Daniel Camacho; “Proyecto marco para las políticas de adaptación a la sequía en la región noroeste y suroeste de la República Dominicana. Proyecto de Adaptación al Cambio Climático – Sequía. Proyecto RLA/001/013” (2013), de la SEMARENA-SEA; “Plan de Acción Nacional de Lucha Contra la Desertificación y los efectos de la Sequía. PAN-LCD 2018-2030” (2018), del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y textos analíticos como “Análisis de las sequías en la República Dominicana” (1992) de Antonio Cocco Quezada. En el ámbito de la Historia como disciplina científica la sequía aparece en referencias generales en obras como “La otra historia dominicana” (2008) y “Geografía histórica dominicana” (2019) de Frank Moya Pons, entre otras obras. Pero solo aparece como una referencia general.
La ausencia de estudios desde una perspectiva de la historia ambiental abre un campo de estudio muy interesante para la historia dominicana. En ese sentido, desde el campo de la historia ambiental el análisis de la sequía constituye una línea de investigación que puede aportar a la historiografía dominicana. Estudiar desde el campo de la historia los efectos de las grandes sequías en la agricultura y la dinámica socioeconómica dominicana ayuda a tener una visión más amplia de la historia nacional.
Igualmente, desde una mirada comparada del Caribe los estudios que analicen las respuestas de los pueblos indígenas, de la sociedad colonial y republicana a los periodos de sequía, cómo las sequías afectaron las guerras imperiales en el Caribe y la alimentación, cómo fue su interacción con la ganadería y el mundo religioso, sus efectos en las plantaciones y en el paisaje, entre otros tópicos, constituye una buena oportunidad de investigación y sería un aporte importante a la historiografía ambiental caribeña.
