El vudú dominicano, que es muy distinto del de Haití, tiene notoriedad en la historia de los pueblos de la parte oriental de la isla Hispaniola. Aunque sus raíces antiquísimas es herencia cultural africana, llega y se expandió rápidamente en pleno siglo XXI, llegando a denominarse “el de las luces”, con creyentes en todos los extractos de la sociedad.
Fue durante la era haitiana (1822-1844) que la fe católica, apostólica y romana, y los habitantes de la otrora Santo Domingo Español, vio el nacimiento de una religión extraña, que existía entre los ancestros afroantillanos. Nunca antes llegó tener vigencia, pues los esclavistas hispanos no eran muy complacientes con las manifestaciones africanas.
El «círculo» del vudú dominicano
El malogrado investigador de la historia del Este, Manuel Antonio Sosa Jiménez (Boby), sostiene, sostiene en su libro “Hato Mayor del Rey” que el vudú o espiritismo, para evadir cualquier persecución eclesiástica o social, creó sus propios centros o capillas con altares improvisados. Asimismo, entronizó en ellos imágenes de cromolitografías, cuadros o efigies de los santos católicos, pero en sí, era una pantalla muy certera para encubrir a los espíritus ancestrales traídos del África por los esclavos.
A cada santo, según arrastra la tradición ancestral escrita, le asignaban un espíritu invocable, lo cual era en creole o francés, dificultando a los nativos su interpretación.
El gobierno invasor de Haití acorraló económica, política y culturalmente a la Iglesia Católica, por su ascendencia hispana. Muchas iglesias se cerraron y se armó una tenaz persecución del clero, sobre todo en la parte oriental de la isla.
Se decretó la apropiación de los bienes de la iglesia, para crear de esa forma el escenario para hacer crecer el vudú, el espiritismo de la brujería, de los luases, y hasta del chantaje o la avivatería.
Aún permanecen, inmutables con el curso de los siglos, los siguientes nombres, usado en los centros espiritistas, de hechicería o brujería: Papá Candelo o San Carlos Borromeo, Guedé Limbé es San Expedito, Belié Belcán es San Miguel Arcangel, y Metré Susana, La Virgen de las Mercedes.
Corriente predominante
En la santería dominicana una corriente que parte de Santo Domingo y termina en la ciudad y en los campos de Hato Mayor del Rey, las cuales encabezan Candelo, Metresilí.
También desde todo el sur, partiendo desde la frontera hasta Azua. Fradique Lizardo, un tratadista en la materia, afirma: “El vudú de aquí es (nacional) es dominicano”.
Agrega que no viene de Haití, se originó aquí, y lo atribuye entre la segregación de las colonias francesa y española, en todo los órdenes, pero haciendo énfasis en lo cultural.
La práctica de la santería en Hato Mayor
Nunca se ha podido precisar sobre su año inicial, pero existen registros de que desde 1888 se conservan las celebraciones de fiestas de luá o vudú. Se indica que la celebración de Papá Candelo se desarrolla en fecha 4 de noviembre, San Santiago el 4 de julio, Virgen de las Mercedes el 24 de septiembre.
Santa Rosa, Metresilí, San Miguel, son celebraciones que se desarrollan en novenarios, donde interviene la música folklórica, como Palos o Atabales, Bongoes, Balsié, Mangulina y Plena.
En estos ritos se sacrifican animales por ordenanza de los llamados luases succionan la sangre de los animales, como chivos y gallinas, como muestra de poder y lealtad a los espíritus.
Manifestaciones del vudú dominicano
Otras prácticas o manifestaciones espirituales de origen africano siempre presentes son: las velaciones, el Baquiní, el Maní, el Trillé y montadera de difuntos. Asimismo, la adivinación con rasgos hispánicos y el peculiar entierro en los bateyes, con cánticos y marchas pa’atrás y pa’lante.
Históricamente se dice que la religión traza las pautas de la conducta humana que pertenecen al supuesto control de las relaciones entre el hombre y el universo en que vive (social y material). En la República Dominicana, se aprende que las manifestaciones religiosas más generalizadas se encuentran en el conjunto de creencias y prácticas manifiestas en la “velación”. Una expresión tradicional de la religiosidad popular, que en Hato Mayor penetra con la Colonización de la Isla Hispaniola.
La tradición arrastra que la hechicería llegó a la isla con los españoles. Estos a celebrar cultos a santos y efigies. Así muchos hechiceros y brujos celebran velaciones a San Carlos Borromeo (Papá Candelo Cedifé), Santa Marta, San Miguel, La Virgen de las Mercedes, la Virgen de la Altagracia, San Francisco de Así, entre otras velaciones que concentran a cientos de devotos que se van suman cultos seccionales en comunidades rurales y barrios de la ciudad.
Estas velaciones se desarrollan por nueve días concentrando a personas de todas las edades. Estas bailan, escuchan y participan de los ritos y sacrificios a nombre de determinado santo.
En estas velaciones se sacrifican animales, como chivos, gallinas y vacas a las que se succiona la sangre con la boca, también sirven para los escarceos amorosos. Se dice que muchas féminas las aprovechan para huir «con sus respectivos novios y chulos».
Los brujos de Hato Mayor
Hato Mayor, como el hato ganadero mayor de descendencia Española ha tenido durante siglos la figura del brujo. En las últimas décadas, se menciona a Carlos Carela (Pambiche) que opera su centro en la calle Genaro Díaz del sector Villa Canto. Juan Palmero, ya fallecido, operó su altar espiritista en el sector Ondina, Mara Sánchez tiene su centro en la comunidad de Los Chivos, a varios kilómetros de la ciudad.
También hicieron historia los hechiceros Santine Mota, Francis Palmero Navarro, y curanderos famosos. Además fueron María Lelé, Ñiñí que hicieron fortunas con la ignorancia de incautos campesinos que hasta para enamorarse buscan a estos personajes para facilitarles el camino a sus deseos y peticiones En los últimos años se destacan el Brujo “Rey Ramírez” y Reina Vidente.
Allá, en la ribera del río Maguá, en la comunidad de La Matica a tres kilómetros al sur de Hato Mayor del Rey se ha establecido un hombre, que entierra en fosas a los enfermos para curarlos y hace “Zombies” de ellos.
Ramón Ramírez (El Rey Brujo), un arrayano, hijo de padre haitiano y madre dominicana, también dice que ha logrado restablecer la salud mental y alejar maleficios a muchas personas, a quienes entierran en fosas de hasta siete pies de profundidad “para curarlas”.
Con más de 10 años establecido en Hato Mayor, el hombre asegura que su fuerte en la práctica de religiosidad popular está en “Los Zombies”.
Amuletos que prepara y que sus clientes cargan a cualquier lugar que van, y logran ser atracción de los demás y rodearse de la buena suerte, para hacer dinero y conquistar amor. En una entrevista que concedió en exclusiva a elCaribe, asegura que sus amuletos son tan poderosos que quien lo posea logra llamar la atención, inclusive hasta la del presidente de la República.
La Reina Vidente

La vida está llena de sorpresas, dice un viejo adagio popular, pues cuando niño siempre se sueña con ser y hacer grandes cosas, pero con el discurrir del tiempo unas se convierten en realidad y otras como expresara Calderón de la Barca, “sueños son”.
Cuando niña, Anyelín Santana Medina pensó ser doctora en Medicina para servir a los pobres de los bateyes y comunidades rurales del pueblo que la vio nacer, Hato Mayor. Sin embargo, más pudo el destino que el deseo y hoy se le tiene como la hechicera más joven del este del país, “capaz de sanar quebrantos y enfermedades, adivinar los números de loterías y el futuro a la gente”.
Santana Medina, conocida en el mundo de la religiosidad popular de la zona como “La Reina Vidente” es una joven con 29 años que moviliza a cientos de personas que buscan sanar quebrantos y saber su suerte en el amor. Se dice que casi ha llevado a la quiebra a los banqueros de loterías con sus aciertos.
Se autodefine como la hechicera de los pobres. Su principal blanco de público son personas adultas, sobre todo mujeres que buscan saber de amor y desamor a través de la taza que lee mirando los ojos del cliente. Su afición a los sortilegios y a trabajar con los misterios le viene por herencia, pues su abuela Coseta Fulgencio laboró largos años como hechicera en Villa Canto de Hato Mayor.
Fosas cavadas en varios lugares

El Brujo Ramírez, mandó a cavar fosas en varios puntos de la ribera del río Maguá, donde en medio de un rito único sepulta vivo por espacio de minutos a los enfermos por “hechizos o brujerías” para supuestamente recuperar su salud.
En las fosas, tres en total construidas al descubierto, solo son introducidas y cubiertas con tierra las personas que él denomina dañadas por espíritus malignos y malas artes de la hechicería.
Dijo que trabaja sortilegio desde que tenía apenas 15 años, “mi poder es tan grande que desde que les paso la mano a los enfermos sanan”. Solo sana a personas blanco de hechizos, brujerías o las que «les echaron» demonios y magia negra.
“Yo brego con todo tipo de problemas, pero me satisface más cuando logró curar a una persona que llega afectada por un mal”, expone.
Realiza trabajos “de amarre” para hombre y para mujer, prepara negocios, confecciona “Zombis” para que las mujeres se busquen su dinero en el extranjero y en Bávaro.
Para cada ritual los brujos tienen una ropa o atuendo que ponerse, porque a su juicio “lo piden los seres o luases”.
