Juramentación del tercer mandato de Balaguer y tensión en la capital

Entre simbolismo histórico y político, el presidente asume su tercer periodo consecutivo en el poder, como Presidente de la República Dominicana, tras haber gobernado desde 1966

El 16 de agosto es más que una fecha en el calendario dominicano, es un símbolo de independencia y resistencia. Ese día, en 1863, un grupo de patriotas liderados por Gregorio Luperón y Santiago Rodríguez proclamaron en Capotillo el inicio de la Guerra de la Restauración, que dos años después devolvería la soberanía pérdida por la anexión a España.

Desde entonces, la Constitución fijó esta fecha para la juramentación presidencial, recordando a cada generación la importancia de proteger la independencia nacional. En 1974, esa coincidencia histórica estuvo marcada por un acto solemne en el Congreso y, al mismo tiempo, por una ciudad que vivía horas de máxima tensión.

A propósito de cumplirse hoy el 162 aniversario de la Guerra Restauradora, Zona Retro recuerda aquel acto de juramentación.

Balaguer inicia su tercer mandato

Ese 16 de agosto de 1974, Joaquín Balaguer tomó posesión como presidente de la República por tercera vez consecutiva, acompañado por Rafael Carlos Goico Morales como vicepresidente. Su victoria en las elecciones de mayo había estado prácticamente asegurada, debido a que el principal bloque opositor, el Acuerdo de Santiago, se retiró días antes denunciando falta de garantías.

La boleta oficialista, respaldada por el Partido Reformista y el Movimiento Nacional de la Juventud, solo tuvo de contendiente al Partido Demócrata Popular, representado por Luis Homero Lajara Burgos y Héctor Barón Goico.

La ceremonia de juramentación se desarrolló ante la Asamblea Nacional, en un ambiente cargado de simbolismo. Para Balaguer, era la continuidad de un liderazgo iniciado en 1966, tras imponerse a Juan Bosch en las primeras elecciones luego de la guerra de abril de 1965 y del gobierno provisional de Héctor García Godoy. En 1970, había logrado la reelección, esta vez enfrentando a su antiguo vicepresidente, Francisco Augusto Lora.

Una noche agitada en la capital

De acuerdo a la portada del 16 de agosto de 1974, de elCaribe, la víspera de la juramentación estuvo lejos de ser tranquila. La noche del 15 de agosto, se escuchó más de veinte explosiones en distintos puntos de Santo Domingo. Una de ellas dañó seriamente los edificios El Conde y Copello, en la esquina de las calles El Conde y Sánchez.

Las fuerzas militares y policiales desplegaron retenes en las calles, revisando vehículos y personas, incluidas mujeres con bolsos. Más de 500 personas, en su mayoría jóvenes, fueron detenidas para ser interrogadas; algunos denunciaron haber sido golpeados, según explica la nota informativa.

La capital se convirtió en una ciudad silenciosa. Comercios, bares y restaurantes cerraron temprano. En sectores como Villa Consuelo, se produjeron disparos al aire y arrestos, dejando las calles desiertas antes de la medianoche.

Santiago: la “jornada del silencio”

Mientras que en Santiago, la protesta tuvo otra forma. Desde el mediodía del 15 de agosto, el comercio cerró casi por completo, siguiendo el llamado del Acuerdo de Santiago a una “jornada del silencio” contra la toma de posesión de Balaguer.

Por la mañana, el paro fue parcial en barrios periféricos, pero con el paso de las horas la paralización se extendió al centro de la ciudad. El tránsito se redujo notablemente y los pocos vehículos que circulaban lo hacían bajo vigilancia policial y militar.

El patrullaje armado aumentó en calles y plazas, mientras en algunos sectores se escuchaban detonaciones. Las autoridades reportaron unas 68 detenciones.

Comercio y transporte resentidos

En Santo Domingo, las ventas disminuyeron de forma visible en la mayoría de los establecimientos, salvo en tiendas de provisiones. La Unión Nacional de Choferes Sindicalizados Independientes (UNACHOSIN) había convocado a un paro nacional del transporte, alegando que “no existen las condiciones mínimas de seguridad” para sus afiliados y denunciando represión contra dirigentes del gremio.

A pesar de la tensión generalizada, algunos bares y restaurantes de la avenida George Washington recibieron buena clientela en la tarde y noche del día 15.

Mensaje político y promesas

Al día siguiente, 17 de agosto, la portada de elCaribe publicó el anunció que hizo Balaguer durante su alocución, que enviaría al Congreso Nacional un proyecto de reforma constitucional para prohibir la reelección presidencial por más de dos periodos consecutivos. La propuesta también contemplaba declarar inalienables las tierras adquiridas para la reforma agraria, establecer un monopolio estatal sobre la explotación forestal y consagrar la inamovilidad de los jueces a partir de 1976.

En su discurso de juramentación, Balaguer afirmó que “esa obra de democratización absoluta representa una labor que no depende de un solo hombre, por más grande que sea la buena voluntad de éste, sino de todas las fuerzas que pueden influir sobre nuestro destino inmediato”.

“Para democratizar el país, en otros términos, en la medida en que lo reclaman los opositores del Gobierno, se necesita la cooperación de todos los dominicanos y muy especialmente la de los partidos políticos y la de las personas y grupos que tienen voz preponderante en nuestros diversos núcleos sociales”, expresó.

Dijo además que “el perfeccionamiento que deseamos infundir a nuestras instituciones tiene que proceder no solo del Gobierno, sino también de los que nos combaten con saña y contribuyen con su actitud a enrarecer el clima político que desde hace años respiramos”.

Agregó “si los partidos que tienen cierta influencia sobre la opinión pública y que a ese título controlan sectores más o menos importantes de la ciudadanía, no ciñen sus actos a la ley y se contentan con exigir que sea el Gobierno el único que respete la Constitución y sostenga las bases en que descansa en todo el país la convivencia democrática, no podremos aspirar a que en 1978 existan las condiciones necesarias para una consulta electoral que no esté influida por fuerzas de presión ajenas a la voluntad popular”.

Ese 16 de agosto de 1974 quedó grabado en la historia como un día de contrastes, el simbolismo de una fecha ligada a la soberanía nacional, la formalidad de un acto institucional y la tensión palpable en las calles de un país que, mientras juramentaba a su presidente, seguía dividido en su visión del futuro.

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