“Si el encuentro de la Fuente del Rodeo constituyó el bautismo de fuego de la República, en la batalla de Santiago recibió el sacramento de su confirmación”.
Se conmemoran ciento ochenta y dos años de la Batalla de Santiago, acontecimiento en el que se afianzó la independencia de la República y se defendió la causa dominicana; por ello, la Zona Retro evoca este hecho histórico que marcó el destino del país.
Antecedentes
Al dirigir la mirada hacia los últimos días de marzo de 1844, la ciudad de Santiago se encontraba envuelta en rumores. La inesperada retirada del general Pedro Santana hacia Sabana Buey y, posteriormente, a Baní, puso en riesgo la estabilidad de la recién conquistada independencia.
Un documento hallado el 16 de marzo de 1844, en posesión del general Morisset, generó gran inquietud en la Junta Central Gubernativa. En él se recogían las palabras amenazantes del entonces presidente Charles Hérard:
“Usted comandará en persona una columna; pero bajo las órdenes del general de división Pierrot y dirigirá su marcha, con celeridad, sobre Santo Domingo, donde me encontrará”.
El documento continuaba expresando: “Si, contra lo que espero, los dominicanos desconocen el lenguaje de la persuasión, que es y será siempre el que emplearé en toda circunstancia, entonces mi moderación se transformará en una severidad que sorprenderá al universo y que asegurará a Haití una paz profunda y duradera”.
Despliegue inicial de las fuerzas
Mientras el general Jean-Louis Pierrot avanzaba desde Cabo Haitiano hacia Santiago con diez mil hombres, la noticia cayó en la ciudad como una verdadera conmoción. Todo parecía indicar que la plaza caería en manos de los invasores, a menos que ocurriera un milagro.
Las tropas dominicanas apostadas en Escalante intercambiaban disparos con granaderos haitianos, mientras en los campos de La Patilla resonaba el toque de la generala. Por su parte, el comandante Bartolo Aybar convocó a todos los hombres de Las Canas, Palero y Don Juan para que, en un plazo de 24 horas, acudieran a la plaza de San José de las Matas a tomar las armas.
En ese contexto, todas las miradas se concentraban en Santiago. Las fuerzas del general José María Imbert, corregidor de Moca, habían asumido la defensa de la ciudad amenazada.
Mientras tanto, el prócer febrerista Matías Ramón Mella partió hacia San José de las Matas junto al padre Ramón de Mena y José Desiderio Valverde, con el propósito de reclutar hombres para garantizar la defensa de la ciudad. En paralelo, el ejército se movilizaba y la alarma se propagaba entre la población.
El anglo-dominicano Teodoro Stanley Henequén y el regidor padre Eugenio Curiel señalaron que la población se había refugiado en las montañas, llevando consigo todo aquello de valor o utilidad.
Por su parte, el general Felipe Vásquez reorganizaba las tropas, entre las que se encontraban el batallón La Flor, bajo el mando del comandante Ángel Reyes; el batallón de Sanaba Iglesia, dirigido por el capitán Fernando Valerio; y la brigada de artillería, comandada por el capitán José María López.
Mientras José María Imbert organizaba el plan de defensa de la ciudad, con la construcción de fosos en los fuertes Dios, Patria y Libertad, José Desiderio Valverde disponía las piezas de artillería en esos puntos, lo que contribuyó a elevar nuevamente la moral combativa de los dominicanos.
Primeros enfrentamientos en el campo de batalla
Dos columnas haitianas hicieron su aparición en la Sabana de Santiago, aproximándose a la plaza: una por el camino de Entre los Ríos y otra por el de Navarrete. Según afirmó el doctor Alejandro Llenas, una gran parte de los soldados haitianos, al intentar cruzar el río Yaque, que se encontraba crecido en ese momento, fue arrollada por su propia caballería, provocando que muchos perecieran ahogados.
En esta línea, el ala derecha del ejército invasor intentó penetrar en la ciudad por el camino que bordeaba el antiguo cementerio, pero las lanzas de los andulleros comandados por Fernando Valerio lograron hacerlos retroceder.
El parte de guerra del general José María Imbert señalaba que los haitianos volvieron a atacar con gran intrepidez; sin embargo, el fuego de las piezas dominicanas y las bajas sufridas por el enemigo lograron frenar su avance, provocando la retirada de su caballería, que no volvió a intervenir en el resto del combate.
Poco después, la infantería haitiana lanzó un nuevo asalto, avanzando a paso de carga y en formación cerrada. Según indicó Imbert, fue recibida con igual firmeza por las fuerzas dominicanas, mientras la artillería causaba numerosas bajas, lo que la obligaba a desistir de nuevos intentos por ese flanco y a retirarse para reunirse con la otra columna.
La ofensiva final
Asimismo, los invasores concentraron nuevamente sus fuerzas y arremetieron contra las posiciones del ala derecha. El parte de guerra indicaba que, tras permitirles avanzar de frente, “las piezas de la derecha dispararon metralla sobre la masa enemiga, abriendo en su centro un claro espantoso”.
La artillería situada a la izquierda actuó de igual forma, causando una destrucción similar, de tal manera que la vanguardia de la columna, hasta su centro, quedó reducida a unos veinte hombres, quienes fueron finalmente abatidos por los soldados de la batería derecha a fuego de fusil.
El informe señalaba que el enemigo dejó en el campo no menos de 600 muertos y destacaba que, a juzgar por el efecto de la metralla, el número de heridos debió de ser considerablemente mayor.
El general José María Imbert sostenía que el camino recorrido por el ejército haitiano en su retirada “no sería más que un vasto cementerio”, atribuyendo a la protección de la Divina Providencia las grandes pérdidas del enemigo, mientras afirmaba que las fuerzas dominicanas no habían registrado ni muertos ni heridos.
Después del combate
A diferencia de Pedro Santana en Azua, los defensores de Santiago no abandonaron la ciudad tras la victoria; por el contrario, Fernando Valerio y sus hombres persiguieron al general Jean-Louis Pierrot, empujándolo a filo de machete más allá de la frontera.
En ese momento, el presidente Charles Hérard no logró mantener el control de la plaza de Azua debido a la desmoralización de sus tropas y a la imposibilidad de abastecerlas por vía marítima, una vez que la flotilla dominicana tomó posesión de la bahía de Ocoa.
Por su parte, el historiador haitiano Thomas Madiou señaló que Hérard, irritado por la derrota del ejército expedicionario del Norte, ordenó la detención en Cabo Haitiano del general Jean-Louis Pierrot.
Sin embargo, Charles Hérard fue destituido de la presidencia tras un golpe de Estado iniciado en Puerto Príncipe por el general del Ejército del Sur Philippe Guerrier.
