Santo Cerro: un siglo de fe y tradición como ícono turístico y religioso del Cibao

Como lugar de peregrinación, la iglesia y el santuario representaban uno de los principales atractivos del turismo cultural en la región. Alcanzaron su primer centenario en 1980 y hoy celebran 145 años.

Con motivo del 145 aniversario de la fundación del Santo Cerro, símbolo de fe y cultura en la región norte del país, esta edición de Zona Retro recuerda el texto publicado el 23 de agosto de 1980 en el periódico El Caribe, dedicado a la conmemoración de su primer centenario.

Antecedentes

Antiguos documentos señalan que en ese lugar se levantó inicialmente una ermita, la cual continuó siendo centro de peregrinación incluso después de la destrucción de la ciudad de La Concepción durante el terremoto de diciembre de 1562. Más tarde, bajo el gobierno de Ulises Heureaux, se dispuso la construcción del templo actual, que junto al Santuario de Bayaguana y al de Higüey, constituye uno de los tres principales destinos de peregrinación y turismo religioso del país.

Según los datos aportados por el reconocido historiador Mario Concepción, cronista de La Vega, la colocación de la primera piedra de la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes se realizó el sábado 7 de agosto de 1880. La ceremonia estuvo presidida por Monseñor Roque Cochia, durante una visita pastoral a la ciudad.

En efecto, la iglesia anterior quedó destruida tras el terremoto del 7 de mayo de 1843. La nueva edificación, descrita por don Mario Concepción como de “imitado estilo colonial”, fue construida utilizando, en su mayor parte, ladrillos provenientes de las ruinas de la antigua ciudad de La Concepción de La Vega, levantada originalmente al pie del Cerro.

En esta línea, el encargado de dirigir la construcción fue el alarife Onofre de Lora, destacado representante de la arquitectura dominicana del siglo XIX, quien participó en numerosas obras de la región durante su tiempo.

Estructura e interior

El templo mencionado consta de tres naves, siendo la central cubierta por una bóveda de medio cañón. Las arquerías de perfil ojival se destacan al contrastar con las de forma semicircular, especialmente en el interior del edificio.

En el crucero, los triángulos esféricos de las pechinas en las esquinas se apoyan sobre cuatro grandes pilares, cumpliendo así su función estructural tradicional de conectar el cuadrado del suelo con el círculo base de la cúpula. Esta última se eleva decorada con ocho ventanas dispuestas en simetría radial y un elegante lucernario. En el exterior, la cúpula presenta la apariencia de una bóveda gallonada.

Los hastiales replican el diseño de los frontones de las cabeceras exteriores del crucero. Junto al presbiterio se alza lateralmente una torre que funciona como campanario. La fachada, dividida en tres cuerpos verticales por contrafuertes, presenta detalles de estilo neoclásico, aunque su composición muestra una organización poco coherente y desarticulada.

La iglesia es un excelente modelo de la arquitectura de finales del siglo pasado. Las obras de ambientación del Santo Cerro servían de marco a la más antigua ruta turística dominicana.

El turismo religioso y de peregrinación, en el que participan personas de todas las clases sociales del país, se convierte en un evento auténticamente popular y dominicano. En él, la arquitectura y el entorno natural crean un ambiente ideal, cercano al cielo, ubicado en el corazón geográfico de la República Dominicana, donde palpita el espíritu de la patria.

Símbolo de fe

El Santo Cerro constituye uno de los santuarios de mayor relevancia cultural del país. En su interior se erige la iglesia en honor a la Patrona de la República, construida para conmemorar una tradición histórica de la época del descubrimiento: el Milagro del Santo Cerro.

Los documentos pontificios evidencian la valoración positiva hacia este fenómeno. Pablo VI afirmaba que el turismo constituía “un elemento valioso en la formación cultural contemporánea, un lazo de fraternidad entre los pueblos y la paz internacional, así como una experiencia humana capaz de elevar el espíritu a sus más altas aspiraciones, merecedora de la bendición de Dios”.

El Santo Cerro, que se alza sobre el Valle de la Vega Real, constituye la antesala del territorio cibaeño, ennoblecido por el paso histórico de Cristóbal Colón, quien estuvo en ese lugar hacia el año 1495.

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