Un número creciente de jóvenes en países desarrollados reporta no haber tenido relaciones sexuales en el último año, una tendencia que se duplicó en Estados Unidos desde 2010 y que también se observa en Reino Unido, Australia, Alemania y Japón.
De acuerdo con datos recogidos por New Scientist, este fenómeno global plantea interrogantes sobre sus causas y consecuencias, en un contexto donde la sexualidad juvenil influye en la natalidad, la salud mental y las dinámicas sociales.
Panorama global del descenso sexual juvenil
Las cifras muestran un cambio significativo en los hábitos sexuales de la juventud. En Estados Unidos, el porcentaje de personas de 18 a 29 años que no mantuvo relaciones sexuales en el último año pasó del 12% en 2010 al 24% en 2024.

Factores económicos y vivienda
El contexto económico adverso es uno de los principales factores detrás de este descenso. La dificultad para acceder a una vivienda independiente obliga a muchos jóvenes a residir con sus padres durante más tiempo.
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En 2023, un abordaje señaló que el 18% de los estadounidenses de 25 a 34 años vivía en el hogar familiar, frente al 9% en 2000. Luke Brunning, de la Universidad de Leeds, explicó: “Si vives en casa, no es necesariamente el entorno más propicio para tener mucho sexo”.
Además, el desempleo juvenil y los bajos ingresos se asocian con una mayor inactividad sexual, una tendencia que afecta especialmente a los hombres jóvenes. Peter Ueda, del Instituto Karolinska, señaló que, aunque no debería ser así, la capacidad económica sigue influyendo en la percepción de atractivo y en las oportunidades de establecer relaciones.
Salud mental y perspectivas culturales
El deterioro de la salud mental entre los jóvenes es otro factor relevante. Un informe en The Lancet Psychiatry advirtió que se entró en una “fase peligrosa” en este ámbito, con la depresión, la ansiedad y el aislamiento social afectando la libido y la disposición a mantener relaciones sexuales.
Ante esto, el investigador Brunning señaló que “si las personas no se sienten bien, no siempre están en el estado mental adecuado para involucrarse en el sexo”. McKeever añadió que la ansiedad puede convertirse en un ciclo: “El sexo puede ser una experiencia intimidante, y cuanto menos lo practicas, menos cómodo te sientes”.
El descenso en la actividad sexual también refleja cambios culturales y de valores. Cada vez más jóvenes muestran desinterés por las relaciones románticas, y la asexualidad gana visibilidad y aceptación. Un estudio en Japón reveló que la mitad de los solteros de 18 a 39 años no tenía interés en relaciones románticas.
“Hay más cosas que los jóvenes pueden hacer ahora que antes”, destacó McKeever. Acciones como viajar o desarrollar carreras diversas, se posicionan como alternativa a la práctica sexual. Además, la menor estigmatización y una mayor conciencia sobre el consentimiento redujeron la presión social para mantener relaciones sexuales.
Consecuencias demográficas y sociales
La disminución de la actividad sexual juvenil tiene implicaciones demográficas, especialmente en países con baja natalidad. En Japón, la diferencia entre muertes y nacimientos se ha ampliado, mientras que en Reino Unido y Estados Unidos las tasas de natalidad alcanzan mínimos históricos.
Lyman Stone, del Institute for Family Studies, advirtió que “cuando vemos un descenso en el sexo, el problema fundamental es que cada vez más personas no logran vivir la vida que consideran significativa y valiosa”. Aunque en Occidente la situación aún no se percibe como una crisis, algunos expertos sugieren que políticas sobre vivienda y coste de vida podrían revertir la tendencia.
