La defensora de contenido de valor, reputación y crisis, Marjorie Félix.
La defensora de contenido de valor, reputación y crisis, Marjorie Félix.

Cuando se gobierna en tiempos de redes sociales y memoria digital

Desde Milei, Bukele y Abinader, líderes han trasladado el poder comunicacional a sus redes sociales

Las redes sociales dejaron de ser territorio exclusivo de influencers, marcas y emprendedores. Hoy también son escenario de poder. Presidentes y líderes mundiales han entendido que la conversación pública ya no ocurre únicamente en ruedas de prensa o comunicados oficiales.

Por ejemplo, el presidente argentino Javier Milei ha convertido sus redes en plataforma directa de comunicación con sus seguidores. El mandatario salvadoreño Nayib Bukele ha hecho anuncios de alto impacto desde sus canales digitales. En su momento, Barack Obama entendió el potencial de la comunicación online para conectar con una nueva generación. Y en República Dominicana, el presidente Luis Abinader y otros políticos también apuestan a plataformas digitales que muchas veces marcan la agenda mediática.

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Las redes sociales son hoy un espacio donde se gobierna, se influye y se construye, o se destruye reputación. En este nuevo escenario, gobernar implica hacerlo bajo una memoria permanente. Cada declaración queda archivada, cada postura puede ser comparada con decisiones futuras y cada contradicción encuentra eco inmediato.

En ese terreno, la defensora de contenido de valor y experta en reputación y crisis, Marjorie Félix Ortiz, sostiene que el problema no es que los políticos utilicen las redes sociales, sino cómo las utilizan. Critica que muchos, no solo presidentes, conviertan sus perfiles en una especie de editorial de periódico.

Según detalla, quienes no han entendido que la sociedad se virtualizó tampoco han comprendido que la relación entre gobernantes y gobernados se transformó. “Existe una horizontalización de la relación entre gobernantes y gobernados, donde se tutea, donde se reclama en primera voz y de manera directa”, describe. Incluso, añade, se ha erosionado la antigua burocracia del respeto institucional.

Cuando no hay límites

“La gente cree que puede ir a hacer a las redes sociales todo aquello que no se les permite en el mundo off”, advierte. Y subraya que sí hay consecuencias, incluso legales, para quienes asumen que el entorno digital es un territorio sin normas.

El riesgo mayor, sin embargo, es reputacional. No solo para los políticos, sino para cualquier figura pública. Artistas, empresarios y líderes de alto nivel quedan expuestos a una audiencia que siente pertenencia sobre ellos y que documenta cada paso, señala Féliz Ortiz.

En los entornos digitales está en juego el capital intangible más importante del siglo XXI, la credibilidad.

“Lo que está en juego es la reputación y la imagen. Por eso, quien no tiene noción de la importancia de la imagen, no tiene noción de lo que significa el poder en este siglo”, sostiene.

Académica de vocación, con más de dos décadas recorriendo Iberoamérica y observando los procesos de transformación social, Félix Ortiz construyó su visión mucho antes del auge digital. Cuando las redes apenas eran vistas como un juego, ella ya intuía su impacto en la percepción pública.

“El mundo es un paralelismo. Ya no puedes dividir la vida offline de la online. Todo el mundo tiene una imagen. ¿Qué es imagen? Imagen es percepción”, explica.

¿Se puede reconstruir la reputación?

Restaurar la imagen de un gobernante, de una organización partidaria o cualquier figura es, según la experta en reputación y crisis, un proceso estructural y complejo. Es posible, pero incierto.

“Es imposible saber cuánto te va a costar y hasta cuándo te vas a implicar en esa reconstrucción, sobre todo cuando hablamos de capital intangible, de moral, de credibilidad y de confianza”, señala.

Uno de los grandes problemas del liderazgo político actual, agrega, son las incoherencias entre el discurso y la praxis, lo que erosiona la confianza ciudadana. En tiempos de memoria digital, esas contradicciones no desaparecen, se archivan.

“Cuando el internet no olvida lo que se publica”

“Internet tiene memoria”, advierte. Pero más que la memoria en sí, lo que cambió es la velocidad y la exposición permanente. “Ahora trasciende más rápido… y todos se enteran de lo que está pasando hasta en el entorno más íntimo”. En ese contexto, dice “si tú no quieres que algo se sepa, simplemente no lo hagas”. En campañas políticas, en relanzamientos artísticos, en proyectos empresariales, lo que se dijo hace diez años puede reaparecer en segundos, si contradice el discurso actual. “Lo que tiene impacto en la colectividad, lo que es objeto común con nuestro capital social, eso sí lo recordamos”, aseveró la experta en reputación y crisis.

Las plataformas más utilizadas por presidentes

Las redes sociales más utilizadas por presidentes
Las redes sociales más utilizadas por presidentes.

Las redes sociales más utilizadas por presidentes y jefes de Estado combinan alcance masivo e inmediatez. Facebook e Instagram siguen siendo espacios clave para conectar con audiencias amplias y humanizar la gestión; X (antes Twitter) se mantiene como canal de reacción política en tiempo real; YouTube permite difundir discursos completos y transmisiones oficiales sin intermediarios; mientras que TikTok ha ganado terreno entre líderes que buscan acercarse a públicos más jóvenes con formatos dinámicos. Incluso aplicaciones como WhatsApp se utilizan para la difusión de mensajes.

Vocación de Marjorie

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Marjorie Félix Ortiz explica que su interés por el contenido de valor no nació con las redes sociales, sino mucho antes. Aseguró que siempre se sintió atraída por los temas capaces de transformar la sociedad y que esa inquietud marcó el rumbo de su trayectoria.

“Esto surgió en mi vida desde siempre por una vocación. Yo soy académica y siempre me interesé por los temas que pueden transformar el mundo”, afirmó.

Para ella, las ideas y el pensamiento crítico son motores esenciales del cambio social. “No puede haber una transformación, no puede haber evolución en la sociedad si quienes la conforman pierden la capacidad de criticar, de analizar y ver el entorno”, sostuvo durante una entrevista para elCaribe. Desde esa convicción comenzó a construir lo que define como un capital intelectual, cultural y social, fruto de más de dos décadas de trabajo y estudio en distintos países de América Latina e Iberoamérica.

¿Cómo se dio esa transición digital?

Relató que, cuando las redes sociales empezaban a posicionarse en la región, República Dominicana avanzaba con lentitud en esa transición digital. Recuerda que, siendo aún joven y desempeñándose como consultora de gobierno, vivió de cerca la dinámica comunicacional durante el terremoto de Haití y la cumbre organizada por la solidaridad internacional.

“En ese momento, el Twitter que se utilizaba para conformar esa cumbre era el de Marjorie personal. No existía desde el gobierno tal interés por la comunicación digital”, explicó. Entonces las redes eran vistas más como un juego que como una herramienta estratégica vinculada a la reputación y la imagen pública.

Sin embargo, asegura que ya observaba el impacto que tendría la comunicación digital. Su participación en cumbres e intercambios académicos reforzó esa visión y despertó en ella el interés por comunicar estos temas de manera constante.

¿Con qué se compite en la era digital?

Al preguntársele con qué se compite realmente en el mundo digital y si la lucha es, en esencia, por los “likes”, Marjorie Félix Ortiz responde que esa es precisamente una de las grandes confusiones de esta era.

La psicología de los likes
La psicología de los likes

Compartió que trabaja en una idea que denomina “la psicología de los likes”, porque, a su juicio, ni siquiera existe plena conciencia sobre por qué las personas reaccionan a un contenido. “Ni siquiera sabemos por qué le damos like a un contenido”, expresó.

Muchas veces ocurre una contradicción entre lo que se siente y lo que se expresa digitalmente. “No te pasa que tú le das ‘like’ a algo que te gusta mucho o a veces te gusta demasiado y no le das un ‘like’. Simplemente lo pasas y después vuelves atrás y dices: pero no le di ‘like’, debí darle. O sea, ¿qué pasa con un like? Eso es tan superfluo”, dijo.

Desde esa perspectiva, sostiene que no se puede construir una estrategia sólida basándose únicamente en métricas superficiales. “No se puede trabajar en base a un ‘like’, no se puede trabajar en base a número de seguidores”, enfatizó

Considera que esa lógica ha afectado especialmente a quienes generan contenido de valor. Muchas marcas asumen que determinadas audiencias no consumen sus productos por el tipo de contenido que siguen. “Las marcas creen que, por ejemplo, mis seguidores no consumen ciertos productos, pensarán que la gente que consume este tipo de contenido no consume sus productos”, comentó, al cuestionar la falta de equilibrio en los esquemas de patrocinio.

¿Tener más seguidores influye más?

A su juicio, tener más seguidores no siempre equivale a tener mayor influencia real. “A veces quien tiene más seguidores realmente no es el poseedor de la real influencia. Y eso se puede medir”, asegura.

Incluso, destacó que las agencias comenzaron a identificar ese fenómeno y a segmentar perfiles, dando paso a los llamados micro y nano influenciadores. “Porque a veces uno con 100,000 seguidores mueve menos gente que el que tiene 5,000”, puntualizó.

Según detalla, las audiencias también han desarrollado mayor criterio. “Se dieron cuenta que aquellos que tienen muchos seguidores o los pudieron pagar o están al servicio de muchas marcas y no tienen un mensaje real, no tienen una vivencia, no te comparten una experiencia”, comentó. En contraste, añadió que los perfiles más pequeños suelen conectar desde la autenticidad. “Un micro influenciador o un nano influenciador realmente vive lo que te está contando”.

En ese contexto, observa que muchos emprendedores y empresarios, especialmente micro y medianos, han optado por convertirse en sus propios voceros digitales. “Muchos empresarios micro y medianos se han convertido en sus propios influencers”, expresó al subrayar que la influencia, más que en la cantidad, radica en la credibilidad y la experiencia compartida.

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