Wandy Mejía, especialista en nutrición pediátrica, obesidad infantil y abordaje nutricional en autismo, TDAH y selectividad alimentaria.
Wandy Mejía, especialista en nutrición pediátrica, obesidad infantil y abordaje nutricional en autismo, TDAH y selectividad alimentaria.

Deficiencias nutricionales afectan el desarrollo de niños con TEA

La nutricionista Wandy Mejía señala que la selectividad alimentaria y los problemas sensoriales influyen directamente en la salud y conducta de estos pequeños

Este 2 de abril, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, cobra especial relevancia hablar de la alimentación en niños con trastorno del espectro autista (TEA), un tema que impacta directamente en su desarrollo. En estos casos, la nutrición puede convertirse en un proceso complejo que influye en el crecimiento físico, así como en el desarrollo cognitivo y conductual, debido a deficiencias nutricionales asociadas, según explicó la especialista en nutrición Wandy Mejía.

La experta indicó que diversas investigaciones científicas han identificado deficiencias frecuentes de calcio, hierro, magnesio, vitaminas del complejo B y vitamina D3 en esta población. Sin embargo, desde su experiencia clínica, aseguró que también son comunes las deficiencias de vitamina D3, zinc e hierro, mientras que en algunos casos se observan niveles elevados de vitamina B12, lo que podría estar relacionado con problemas de metilación.

Mejía destacó que en República Dominicana las pruebas especializadas para medir vitaminas no siempre están al alcance de todas las familias, debido a su alto costo. No obstante, advirtió que cuando un niño con autismo presenta una alimentación limitada, existe una alta probabilidad de deficiencias nutricionales, aunque no se cuente con estudios de laboratorio que lo confirmen.

“Todo niño con autismo que no ingiera alimentos con los nutrientes necesarios para su desarrollo tiene riesgo de presentar deficiencias”, dijo, tras señalar que la evaluación por parte de un profesional capacitado es fundamental para detectar estas carencias.

La especialista atribuye la selectividad alimentaria a múltiples factores. Entre ellos, mencionó dificultades motoras orales, problemas en la masticación, deglución atípica y alteraciones en el sistema digestivo. Enfatizó que el acto de comer implica varios procesos coordinados, como el movimiento de la lengua, la rotación mandibular, la postura corporal y el equilibrio, en el que interviene el sistema vestibular.

A esto se suma el componente sensorial. Mejía manifestó que la alimentación es una experiencia que involucra el olor, la textura, el sabor y la apariencia de los alimentos. En niños con TEA, dijo, está demostrado que existen dificultades en el procesamiento sensorial, lo que provoca rechazo a ciertos alimentos.

“Es una respuesta neurosensorial real”, afirmó. Además, resaltó que factores como alergias, intolerancias alimentarias y una mayor liberación de histamina pueden influir en la alimentación. También mencionó que la microbiota intestinal puede verse alterada, favoreciendo el crecimiento excesivo de bacterias u hongos que afectan el eje intestino-cerebro y, en consecuencia, el comportamiento del niño.

La especialista agregó que existen factores externos que también inciden, como infecciones por parásitos, virus o bacterias adquiridas por alimentos contaminados, así como el uso innecesario de antibióticos.

En cuanto a los nutrientes más afectados, explicó que suelen faltar vitaminas del complejo B, vitamina A, omega 3, zinc, calcio y vitamina D3, esta última asociada a la baja exposición al sol y al poco consumo de pescado. Indicó que incluso cuando los análisis reflejan valores normales, una historia de alimentación selectiva severa debe ser tomada en cuenta para considerar suplementación.

Sobre el impacto de estas deficiencias, Mejía aseguró que cada nutriente cumple funciones esenciales en el organismo, especialmente durante los primeros años de vida. Expresó que la falta de proteínas, por ejemplo, puede afectar procesos enzimáticos y la producción de aminoácidos esenciales como el triptófano, relacionado con el sueño y el estado de ánimo.

Subrayó que la baja ingesta de carnes, común en estos niños, limita la obtención de nutrientes importantes, mientras que la falta de frutas y vegetales afecta el metabolismo energético. “Sin estos nutrientes, el desarrollo cerebral se ve comprometido y pueden agravarse las manifestaciones cognitivas y conductuales”, advirtió.

También puntualizó que minerales como el zinc son fundamentales para el crecimiento, la función inmunológica y la salud intestinal, mientras que la deficiencia de hierro y omega 3 puede provocar irritabilidad, fatiga, falta de concentración y dificultades en el aprendizaje.

Mejía precisó que una de las principales señales de alerta es una dieta muy limitada. Recomendó que los padres busquen evaluación profesional cuando el niño presenta restricción en la ingesta de alimentos nutritivos.

Una alimentación balanceada aporta los nutrientes necesarios para el crecimiento, la energía diaria y el buen funcionamiento del organismo
Una alimentación balanceada aporta los nutrientes necesarios para el crecimiento, la energía diaria y el buen funcionamiento del organismo


En relación con nutrientes específicos, sostuvo que la deficiencia de vitamina D3 es frecuente, tanto en niños con TEA como en la población general, mientras que el hierro suele estar bajo debido a la baja calidad de la dieta. Sobre el calcio, indicó que en su práctica ha observado niveles elevados asociados al alto consumo de lácteos, aunque otros estudios lo vinculan a dietas restrictivas.

Las llamadas crisis sensoriales

La especialista también abordó las llamadas crisis sensoriales durante la alimentación, las cuales describió como reacciones intensas ante estímulos como el olor, la textura o la apariencia de los alimentos. Estas pueden manifestarse con rechazo, arcadas, movimientos repetitivos o conductas de evitación.

“En ese momento el niño pierde la capacidad de autorregularse, no es un berrinche”, aclaró. Ante estas situaciones, recomendó no obligar al niño a comer, sino mantener la calma, permitir que el episodio pase y retomar la alimentación más adelante con alimentos de preferencia.

Mejía insistió en que el abordaje debe ser multidisciplinario, con la participación de nutricionistas, gastroenterólogos, terapeutas ocupacionales y fonoaudiólogos.

Entre las estrategias, mencionó la desensibilización progresiva, que consiste en exponer al niño a los alimentos de forma gradual, sin presión.

Una alimentación balanceada aporta los nutrientes necesarios para el crecimiento, la energía diaria y el buen funcionamiento del organismo
Una alimentación balanceada aporta los nutrientes necesarios para el crecimiento, la energía diaria y el buen funcionamiento del organismo

También sugirió involucrar al niño en actividades relacionadas con la comida, como ir al supermercado o participar en la preparación de alimentos, para generar confianza.

En el hogar, recomendó crear un ambiente adecuado durante las comidas, evitar distracciones como dispositivos electrónicos y utilizar platos neutros. Asimismo, advirtió sobre errores comunes, como obligar a comer, ofrecer exceso de leche o permitir hábitos desorganizados de alimentación.

La experta llamó a los padres a buscar ayuda desde las primeras señales de rechazo alimentario. “No es falta de disciplina, es un problema de habilidades”, afirmó, al tiempo que resaltó que la intervención temprana mejora significativamente los resultados.


Mejía reconoció que cada niño es diferente y que el proceso requiere paciencia. “Es un proceso lento, pero con el acompañamiento adecuado se pueden lograr avances importantes”, expresó.

La metilación: es el proceso bioquímico mediante el cual el cuerpo transforma y utiliza los nutrientes según sus necesidades. Cuando este proceso no funciona correctamente, los valores pueden aparecer normales o incluso elevados en los análisis, pero el organismo no los está aprovechando de forma adecuada. Por eso, una historia alimentaria bien levantada permite orientar mejor el diagnóstico, especialmente porque las pruebas confirmatorias suelen ser costosas.

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